El asesinato de Alí Jameneí fue presumido por Trump como una operación quirúrgica, o sea, planeada y ejecutada con alta precisión y eficacia. Y claro que lo fue. Pero, así las cosas, la masacre de 165 niñas de la escuela de Minab, no fue otra cosa que otra operación quirúrgica, planeada deliberadamente para intimidar e inducir terror, -otro recurso de la guerra cognitiva – que demuestra que para Trump y Netanyahu no hay respeto absoluto por los civiles, ni por los niños, y mucho menos si son mujeres. Indudablemente que esta irracional guerra “preventiva” contra Irán no es más que una extensión de los límites territoriales del genocidio emprendido por Israel y sostenido por la administración Trump.
La respuesta de Irán, ha sido completamente la opuesta: inteligente, económica y racional; bombardeando bases militares y objetivos estratégicos norteamericanas e israelíes. Irán no ha bombardeado unidades habitacionales, ni escuelas ni hospitales; y no es que Israel no se lo merezca, la mayoría absoluta de los israelíes, son sionistas y supremacistas, han apoyado y festejado el genocidio y no merecen clemencia. Son coparticipes y culpables de genocidio, son adoctrinados desde niños para odiar, despojar a los palestinos, y menospreciar, humillar y matar a los “gentiles” —todos los que para ellos somos menos que animales y no tenemos razón de existir—. Aun así, Irán no los tiene como objetivo.
Las tácticas del ejército Estados Unidos han sido sumamente costosas —mil millones de dólares por día (un uno con 9 ceros) 42 millones por hora— y aun así no son infalibles. Irán ha inhabilitado o neutralizado bases militares en Bahréin, Qatar, Arabia Saudita, y Chipre, que costaron billones de dólares (trillones para los gringos). Y para eso ha bastado con unos cuantos misiles y unas decenas drones que costaron uno cuantos miles de dólares.
Por supuesto que ni Estados Unidos ni Israel darán cuenta de sus enormes pérdidas, pues necesitan seguir aparentando su perfil hegemónico ante el mundo y no acrecentar aún más la oposición y las manifestaciones en contra de la guerra y de Trump. Pero indudablemente las pérdidas logísticas son mucho mayores que lo que los medios dejan ver y sobre todo son estratégicas. Jeffrey Sachs señala que el ejército de Estados Unidos está diezmando sus municiones y no tiene capacidad de re-abastecerse, porque el complejo militar ha perdido la capacidad de producción y de escalamiento tecnológico; está vaciando sus arsenales, tal vez con la pretensión de que el Congreso les autorice nuevos financiamientos para revitalizar la industria armamentista, uno de los objetivos ocultos de la guerra. Y si todo eso es cierto presenciaremos el destino de otra guerra perdida frente a un enemigo pequeño, que bien sabemos no será la primera.
Muchas interrogantes hay en el aire, entre otras cosas ¿Quién sirve a quién? ¿Trump a Netanyahu o al revés? Y ambos ¿a quién? La respuesta es, Trump no inventó a Irán como enemigo. Desde el 2001 Estados Unidos ha destinado 8 billones de dólares (8 con doce ceros) para armar a Israel. Si el PIB anual de Estados Unidos en el 2025 fue 31.4 billones, esos 8 billones equivalen a la cuarta parte de su PIB anual; una cantidad que repartidos entre los 9 millones de habitantes de Israel equivaldría a un PIBpc de 35 mil dólares por año por habitante durante los últimos 25 años (3 veces superior al PIBpc de México). Podría decirse que Estados Unidos mantiene a Israel artificialmente. Obvio, eso no es gratuito ni fortuito. La cruzada contra Irán no empezó en octubre del 2025 con el bombardeo a las supuestas instalaciones nucleares, sino que es una cruzada de antaño, en la que Israel cumple la función geopolítica de desestabilizar el Medio Oriente.
En este momento la guerra es una cortina de humo. Mientras Estados Unidos bombardea a Irán y a sus aliados, Israel continua con el exterminio de Palestina, demoliendo, masacrando y despojando a Cisjordania, —el proyecto sionista de construir el Gran Israel— que es la moneda de cambio que Washington ha otorgado a Israel para controlar el Medio Oriente.
Mientras tanto, Estados Unidos trata de blindar su hegemonía, neutralizando y obstruyendo las rutas del mercado del petróleo y del gas que llegan a China. Al mismo tiempo trata de abrir un nuevo horizonte, tanto para las grandes compañías petroleras, como para el sistema financiero occidental y el complejo industrial militar de los Estados Unidos. Para ello es fundamental que el precio del petróleo aumente; con eso el mercado petrolero revitalizaría al petrodólar, y este a su vez al sistema financiero, porque es a través de la banca occidental que circula el dinero del petróleo.
Esto no es nuevo, fue el secreto del embargo petrolero de 1973 con la guerra de Yum Kippur —una guerra artificial árabe-israelí que duró 6 días y debió ser intrascendente—, pero en los hechos fue el pretexto perfecto para culpar a la OPEP del primer choque o embargo petrolero, que hizo que el precio del barril pasó de 2 a 10 dólares, mientras que quienes se beneficiaron fueron justamente las grandes compañías petroleras «las majors» que catapultaron a la banca anglosajona.
Ahora se ha pretendido crear un escenario parecido —por eso las sanciones al petróleo y el gas ruso, el pirataje de buques petroleros cisterna, la intervención en Venezuela, poner gobiernos a modo en países latinoamericanos con recursos petroleros y neutralizar a México—.
Trump no es un ideólogo ni un experto en geopolítica. Es un analfabeto, ignorante en historia, que menosprecia y pisotea el derecho internacional, su constitución y a las relaciones internacionales; que miente, dice y se desdice con el mayor cinismo del mundo. Inventa y modifica pretextos para justificar las intervenciones, amenaza, cumple y des-cumple aranceles y sanciones; declara que ya ganó siete guerras, entre ellas ya había ganado la de Irán. Amenazó con apropiarse de Groenlandia haciendo uso de la fuerza, luego dijo quererla comprar y ahora ofrece abandonar su pretensión a cambio de que la Unión Europea le apoye en su cruzada contra Irán. Después de la invasión a Venezuela dijo iban a administrar Venezuela y hacer fluir el petróleo y millones de dólares, pero de inmediato reconoció a Delcy Rodríguez hablando maravillas de ella.
Una cosa es lo que Trump dice y otra lo que le conviene al establishment. A las compañías petroleras no le interesa hacerse cargo de la producción de petróleo en el mundo. Esa fue una de las claves de Rockefeller —zar del petróleo— hace más de 100 años. «Otros que se ensucien las manos perforando pozos, lo que trae las ganancias es el mercado». Por eso el establishment ordena dejar a Delcy Rodríguez en Venezuela, a condición de que Washington controle, a quien, cuando y en cuanto se le venda el petróleo.
Tampoco interesa que Venezuela incremente su producción, eso puede esperar. Estados Unidos, por el momento es autosuficiente y tiene capacidad de exportación, sobre todo de gas. Lo que interesa es que aumenten los precios del petróleo y del gas, y para eso, que haya escasez o la sensación de escasez. Por ello la versión en los medios del bloqueo del estrecho de Ormuz y de Irán como responsable del aumento de los precios del petróleo.
Mucho se ha dicho sobre Trump, que es un psicópata, un narcisista, supremacista, sin moral, y sin escrúpulo para mentir… Peor aún es Netanyahu. Pero fue el poder profundo quien los puso; los deja jugar al rey y al emperador, los protege e impide que prospera su destitución, porque necesita actores sin escrúpulos. Finalmente son instrumentos rentables.
El precio del barril de petróleo ha pasado de 60 a casi 100 dólares en una semana de guerra. Aun así, no hay nada seguro ni para Israel, ni para Estados Unidos. ¡Y qué bueno! La razón es que ahora hay otros actores, que conocen bien la historia y la geopolítica.
Y el otro tiro por la culata será cuando el establishment se dé cuenta que no solo las compañías petroleras norteamericanas saldrán ganando con la desestabilización de Medio Oriente y el aumento del precio del petróleo. También ganarán Rusia y países petroleros de mediana escala. Y China y los BRICS seguirán ganando terreno en la disputa por la verdadera hegemonía mundial; eso sí, sin poder evitar una inflación galopante.
Los mayores costos los pagarán los consumidores, comenzando con los norteamericanos, los europeos y el Medio Oriente. Pero esto ¿a quién le importa? indudablemente que a Trump y a su elite gobernante, no.
La política ha pasado de la hipocresía al cinismo. El establishment no pretende salvar a Estados Unidos como nación sino tan solo mantener la hegemonía del poder profundo la élite supremacista que realmente gobierna los Estados Unidos- que no necesita nación y está por encima de todo, que no tiene moral y no escatima masacres.



