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jueves, 29 febrero, 2024
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■ En busca de una mejor vida, en la selva muchos encuentran la muerte, dicen Mary y Juan Antonio

Pareja relata sus penurias al atravesar el Darién: «no volveríamos a hacerlo»

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Por: La Jornada •

¡No lo volveríamos a hacer!, aseguran, al unísono y de forma contundente, Mary y Juan Antonio, esposos procedentes de Sudamérica, al hablar sobre su paso por la selva del Darién, travesía que les afectó física y emocionalmente. No obstante, dicen a La Jornada que, pese a lo que experimentaron, son afortunados, porque les consta que otras personas en movilidad, buscando una mejor vida, hallaron la muerte.

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Agradecen no ser parte de los muertos del Darién, los que quedan expuestos en el camino, porque no hay más opción que dejarlos atrás, así como las ropas y objetos que les pesan y retrasan al cruzar ríos caudalosos, pantanos y montañas escarpadas.

En entrevista, cuentan que, aunque llevan dos semanas en la Casa del Migrante Arcángel Rafael II, algunos estragos de la travesía por esa área selvática de los límites entre Colombia y Panamá siguen presentes. Tenemos las secuelas del Darién: tos persistente y extremidades lastimadas, pero también cada uno de ellos perdió más de 10 kilos de peso en el periplo, que aún no acaba. Saben que el desafío continúa hacia el norte, pero están decididos a hacerlo, consigan o no la cita a través de la aplicación CBP One para pedir asilo en Estados Unidos.

Mary Fuentes es de nacionalidad ecuatoriana y José Antonio Morales es venezolano, y narran que tardaron un mes en llegar a la zona central de México. Como todos aquellos que dejan su tierra, ellos decidieron migrar para darle una mejor vida a sus hijos.

“El Darién –hasta ahora– es la peor parte, uno cruza pantanos y ríos muchas veces, hay partes bajas y otras hondas, hay que subir montañas, evitar a animales e insectos, y a los ladrones. En los días en que pasamos la selva violaron a niñas y mataron a gente, porque si usted no tiene cómo pagar adentro, no sale”, asevera José Antonio, quien agrega que salieron de Ecuador con aproximadamente 2 mil dólares.

Ahora ya no nos queda plata, porque integrantes de grupos delincuenciales les quitan el dinero. Una parte de lo que traían lo escondieron dentro de la toalla sanitaria de Mary. Sólo así lograron salvar un poco.

Y es que esas personas inspeccionan a hombres y mujeres completamente, a fin de encontrar dónde ocultan el dinero. Mary cuenta que te meten la mano en los senos y allí abajo. En su caso vieron la toalla higiénica que usaba, pero no notaron los billetes en su interior.

Con tristeza, al recordar lo vivido, Mary detalla que hay muchas razones por las cuales se puede perder la vida. No todos pasan la selva, a muchos les dan infartos, otros mueren del cansancio y deshidratación. Cuesta pasar los ríos correntosos, escalar las montañas, con mecate; uno se golpea y se cae. Todo es un estrés total, sólo tienes ganas de salir de ahí, y no ves para cuándo. A las madres se les van los niños de las manos, por la corriente, y no pueden hacer nada.

Además, muchas veces no sabes si estás yendo en la dirección correcta. La guía, en ocasiones, son las cosas que otros dejaron en el camino, porque en el Darién no puedes cargar nada pesado, tienes que ir botando todo: ropa, zapatos; todo pesa, todo retrasa. Ellos cruzaron la selva en dos días y medio, pero a otros les toma una semana o más, dependiendo de la ruta tomada. “Nosotros lo hicimos rápido, porque nunca miramos hacia atrás, siempre era correr, porque se escuchaban muchas cosas horribles.

Uno sale mojado del Darién y en Bajo Chiquito ya no hay ropa, teníamos que dormir con frío, y luego a tomar las piraguas.

En México, ya no fue la naturaleza la principal amenaza. Las migras nos quitaron la plata, te engañan, te hacen retroceder, pero aun así no renunciarán a su propósito: poder vivir mejor.

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