Durante la visita a Zacatecas del Ing. Lázaro Cárdenas, Presidente de la República Mexicana en 1939, una comisión encabezada por el director del Instituto de Ciencias de Zacatecas (ICZ) Dr. Agustín Díaz, se entrevistó con él para solicitarle ayuda para el Instituto. El Presidente Cárdenas accedió y poco tiempo después la Institución recibió ocho mil pesos a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP). El dinero fue destinado a la construcción de un Auditorio, el Cervantes Saavedra.
El Auditorio fue inaugurado el 15 de mayo de 1941 y se puso en servicio en junio del mismo año. Cuando iniciaron los trabajos de construcción se empezaron a manifestar inconformidades, se llegó a considerar un despilfarro de recursos, ya que no era necesario, o que su construcción sería tan deficiente que, al ingresar al inmueble este se derrumbaría.
La defensa ante la construcción la realizaron los propios alumnos a través de su órgano informativo, en cuyas columnas expresaron que “a pesar de todos los pesares… cuando empiecen a manifestarse los frutos de esta obra, se demostrara que nunca están mal empleados los fondos monetarios en lo que se refiere a la difusión de la cultura”. Uno de los principales logros del ICZ fue convertirse en un centro de difusión cultural, no sectorial, sino incluyente y el Auditorio un importante referente de la época.
De inicio se implementó un programa de pláticas semanales a cargo de maestros y alumnos del plantel, al que se dio el nombre de “Lecciones de los lunes”, las que serían impartidas sin grandes pretensiones académicas; pero si con un gran cariño, con un notable entusiasmo y un gran deseo de cooperación aunado a un amplio espíritu de comprensión, con el objetivo de enriquecer la cultura general de los alumnos, lo que se consideraba indispensable para los futuros profesionistas.
Al manifestar la sociedad interés por las pláticas, sin perder el objetivo de contribuir al incremento cultural, se abrieron las puertas del Auditorio a quienes tuvieran interés en escucharlas. Se consideró que las personas y maestros que no formaban parte de la Institución, hallarían en dichas pláticas algo que aumentara su cultura o les hiciera recordar viejos aprendizajes.
Posteriormente se abrieron las puertas a diferentes expresiones artísticas, logrando durante los conciertos que un auditorio aparentemente heterogéneo, pero sutilmente unido por los lazos invisibles del fervor por la música, profesara la íntima fruición del inminente nacimiento de la cultura nuestra.



