Cada 8 de marzo el mundo recuerda que la lucha por los derechos de las mujeres no es un asunto sectorial ni una agenda exclusiva del feminismo: es, en realidad, una condición indispensable para el desarrollo de las sociedades. Desde la perspectiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el desarrollo humano no se mide únicamente por el crecimiento económico, sino por la ampliación de las capacidades y libertades de las personas para vivir una vida digna. Bajo este paradigma, la igualdad de género es un factor determinante.
Cuando las mujeres acceden a educación, salud, empleo digno y participación política en condiciones de igualdad, las sociedades se transforman. Los datos del PNUD muestran que los países con mayores niveles de igualdad de género también registran mejores indicadores de bienestar, mayor estabilidad social y economías más dinámicas. No se trata sólo de justicia: es una cuestión de progreso colectivo.
Este principio se hizo visible este 8 de marzo en Zacatecas, donde más de 15 mil mujeres tomaron las calles de la capital para exigir igualdad, justicia y una vida libre de violencia. La movilización, no sólo fue una expresión de indignación frente a las persistentes violencias de género, sino también una afirmación colectiva de que el desarrollo de una sociedad no puede medirse mientras las mujeres continúen enfrentando exclusión, discriminación y miedo.
La desigualdad persiste. La brecha salarial, la subrepresentación política, el trabajo de cuidados no remunerado y, sobre todo, la violencia contra las mujeres continúan limitando sus libertades. La violencia de género, en particular, representa una de las expresiones más graves de exclusión, pues impide el ejercicio pleno de derechos y deteriora el tejido social.
Mejorar el desarrollo humano de manera sostenible implica reconocer que no puede existir bienestar mientras la mitad de la población vive con miedo o enfrenta barreras estructurales. Por ello, la inclusión de las mujeres en todos los ámbitos —económico, social, cultural y político— no es sólo una demanda histórica del movimiento feminista, sino una estrategia fundamental para el desarrollo.
Las miles de voces que marcharon en Zacatecas recordaron precisamente eso: cuando las mujeres avanzan, avanza la democracia, se fortalece la justicia y se amplían las posibilidades de desarrollo para la sociedad entera.



