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martes, 28 junio, 2022
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Ta Tei Yurienaka (Nuestra Madre Tierra)

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Por: RAÚL ROMERO •

Un día después de que concluyó la Caravana por el agua y la vida, pueblos unidos contra el despojo capitalista, en la que pueblos y organizaciones recorrieron durante 34 días ocho estados de México para visibilizar problemas relacionados con el despojo del agua, la comunidad wixárika de San Sebastián Teponahuaxtlan y Tuxpan, de los municipios de Mezquitic y Bolaños, en Jalisco, anunció el inicio de la Caravana de la dignidad y conciencia wixárika, una peregrinación al lugar donde paró el águila, la Ciudad de México, con el objetivo de dialogar con el Presidente y conseguir la restitución de más de 11 mil hectáreas de sus territorios, las cuales les fueron despojadas por la oligarquía local, terrateniente y ganadera.

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Fue así como el 25 de abril dio inicio lo que llamaron la última batalla en nombre de la dignidad, en ella participaron 200 hombres y mujeres wixáritari. Desde entonces avisaron que no aceptarían emisarios del gobierno federal, que su intención era manifestarle a nuestro Presidente de la República nuestra preocupación profunda del estado en que se encuentran nuestras tierras comunales. La Caravana estaba decidida a todo: La única forma de interrumpir nuestra caravana es que el Presidente de la República nos encuentre en el camino para entrevistarnos y generar una ruta visible de cómo nos va a restituir nuestras tierras invadidas de manera inmediata. Y en caso de que no nos encuentre, llegaremos a Palacio Nacional para quedarnos hasta que nos reciba y nos resuelva nuestra solicitud legítima. Así lo hicieron.

Luego de caminar casi mil kilómetros durante 32 días, con temperaturas de hasta 40 grados, recibiendo alimentos, líquidos, hospedaje y solidaridad de comunidades y organizaciones que encontraban a su paso, la Caravana wixárika llegó a la Ciudad de México. Visitaron la Basílica de Guadalupe y realizaron una ceremonia para después trasladarse al Zócalo capitalino, donde instalaron un plantón durante tres días. En una decisión acertada, el presidente López Obrador recibió a una delegación de la Caravana el lunes 30 de mayo y se comprometió a garantizar justicia. Incluso se ofreció a visitar la comunidad cuando la totalidad del territorio que reclaman les haya sido devuelto. La Caravana cumplió así su objetivo. Ahora la comunidad dará seguimiento hasta que el compromiso se consuma.

La Caravana wixárika ha recordado y renovado varios debates que son cruciales para los pueblos originarios, la humanidad y el planeta entero. Uno de ellos tiene que ver con la propiedad y el despojo de los territorios a las comunidades originarias.

La suposición de que el problema indígena es un problema étnico, se nutre del más envejecido repertorio de ideas imperialistas, escribió Mariátegui hace 94 años, y continúo: La República ha significado para los indios la ascensión de una nueva clase dominante que se ha apropiado sistemáticamente de sus tierras. El problema de los pueblos originarios, diríamos hoy, es la desposesión de sus territorios. En ellos garantizan su reproducción económica, material, cultural, espiritual. Así, cuando la comunidad wixárika de San Sebastián Teponahuax-tlan y Tuxpan exige justicia y la restitución de sus territorios, reclama también la existencia de su cultura, de sus centros ceremoniales, de su vida como pueblos.

A este fenómeno se añade otro que tiene que ver con la falta del total reconocimiento formal y real de las autoridades de los pueblos originarios y de su autodeterminación territorial. La Caravana wixárika estaba decidida, compuesta y respaldada por la comunidad, por el Comisariado de Bienes Comunales, el Tesorero, el Consejo de Vigilancia, autoridades tradicionales comunales, Concentración Agraria. Se trató de una exigencia de la comunidad y su estructura de gobierno.

En su forma de pensar al mundo, el pueblo wixárika se sabe guardián del mundo, cuidador de la Tierra, protector de la Naturaleza. Esos saberes, desarrollados a lo largo de siglos, son hoy reconocidos por las ciencias sociales hegemónicas y críticas, así como por instituciones internacionales que bajo conceptos como gobernanza climática o justicia epistémica incentivan la investigación de estos conocimientos y métodos de los pueblos originarios para el cuidado de la naturaleza. Así, cuando el pueblo wixárika reclama la restitución de sus territorios no sólo se enfrenta a un sistema y a sus clases dominantes, también se inserta en una lucha que se da desde lo local hasta lo global y que es por la humanidad y por el planeta, una lucha por la vida.

El largo y firme andar de la Caravana wixárika, que con conciencia y dignidad obtuvo el oído y compromiso del Presidente, ha significado un llamado a atender viejos problemas pendientes, como la Reforma Agraria o el del reconocimiento integral de los derechos de los pueblos originarios. Por ahora ellos y ellas han dado un paso importante en el cuidado de Ta Tei Yurienaka, Nuestra Madre Tierra.

*Sociólogo

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