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jueves, 18 agosto, 2022
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Mujeres: entre lo urgente y lo importante

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Por: LUCÍA MEDINA SUÁREZ DEL REAL •

Las florerías de la entidad ya deben tener listos los cargamentos de rosas y claveles que se aprestan a regalar los aspirantes a diversos puestos de elección popular, el día de mañana 8 de marzo, Día internacional de la Mujer.

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El ritual anual de “las mujeres me importan” se agudizará este año, por ser electoral, y seguramente dará pie también a que mujeres de todos los partidos se auto-erijan en muestra de las luchas feministas por lograr cierta notoriedad pública.

Habrá algunas incluso, que aprovechen el día para reiterar que la razón por la que no fueron candidatas es la misoginia, lo cual, será cierto en algunos casos, pero habrá también otros en los que eso será únicamente la coartada perfecta para justificar el repudio de las bases de algún partido, la mala suerte, o bien, ser víctima colateral de otros factores de decisión habituales en política y que lo mismo tocan a hombres y mujeres.

Mientras, las condiciones de inequidad entre hombres y mujeres permanecen. En el semanario 7 días, bajo la firma de Selene Lamas aparece esta semana una nota en la que se da cuenta que en la entidad, como en todo el país, las mujeres están en condiciones inequitativas frente a los hombres, pero no sólo eso, las zacatecanas en particular, tienen peores condiciones de bienestar comparadas con el promedio nacional de sus congéneres.

Injusto por donde se le vea, en Zacatecas, las mujeres estudian más que los hombres, para ellas, el promedio de años de estudios es 8.8 años, frente a 8.5 años por parte de los hombres; no obstante, el salario mensual de una mujer es de 4 mil 539 pesos mientras que el de los hombres es de 5 mil 909. Por cierto, raquíticos en ambos casos.

No sólo el salario es inferior, por otro lado, la participación económica de las mujeres -al menos la que reconocen las estadísticas- es de sólo de 37.1%, comparado con el 77% de los hombres, a pesar de que hay cuando menos 40 mil habitantes femeninos más en la entidad. A ello habrá que sumar que la tasa de desempleo es mayor entre mujeres en comparación con los hombres, de acuerdo a las cifras del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

Por otro lado, de quienes laboran, entre las mujeres el 3% son empleadoras, mientras que entre los masculinos el porcentaje aumenta al más del doble, a 6.6% específicamente; y en la otra cara de la  moneda, 16% de las mujeres que trabajan no reciben remuneración, en tanto que en los hombres la cifra es de 8.7%.

Estas cifras no sorprenden a nadie, la inequidad entre mujeres y hombres es pan de cada día prácticamente en todo el planeta. No obstante, el caso de las zacatecanas frente a las mujeres del resto del país es aún más grave.

Por ejemplo, con respecto a la salud, la tasa de mortalidad por cáncer mamario en 2013 a nivel nacional fue de 16.3%, mientras que la de las zacatecanas fue de 19.3%. De la misma manera, las cifras de mortalidad materna en la entidad son de 44.4 por cada cien mil habitantes, mientras la media nacional es de 38.3.

Con respecto a la violencia las cifras no son mejores, de acuerdo a las estadísticas del Inmujeres, el 28.8% de las zacatecanas padecen violencia emocional, mientras que a nivel nacional la cifra es de 27.2%, en cuanto a la violencia económica la cifra estatal es de 18.3%, en tanto que a nivel nacional es de 17.2%; y  en la violencia física es de 7.2% en Zacatecas comparada con el 6.2% nacional, y finalmente la violencia sexual es de 3.3% frente al 2.8% de promedio nacional.

Pero nada de esto ha tenido la atención pública suficiente para empezar siquiera a discutir cómo podría remediarse esta situación.

De lo que sí se ha hablado es de la necesidad de establecer la paridad horizontal y vertical en las candidaturas que disputarán un puesto de elección popular el próximo 5 de junio. Los partidos se defienden de esa medida argumentando que hay pocos perfiles para cubrir dicho requisito con figuras competitivas.

Con las cifras del Inmujeres aquí referidas no es descartable que algo de razón haya en ese argumento, pues la necesidad económica para satisfacer necesidades propias y probablemente las de la familia, lidiar con la violencia, atender sus problemas de salud, dejen poco tiempo para la participación política a los niveles deseados.

La equidad de género tendría que preocuparse por contribuir a resolver estos asuntos, cuando menos con la misma fuerza con la que las figuras femeninas de la política con justicia exigen espacios en las candidaturas, que esperemos, algún día se traduzcan en la mejora de los niveles de bienestar de todas las mujeres, aunque hasta ahora no ha sucedido así, al menos suficientemente.

Por cierto, ¿cómo contribuye la conferencia de Valentina Alazraky a mejorar la situación de las mujeres? ■

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