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lunes, 26 septiembre, 2022
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El Cambio Climático En México Una perspectiva ecosocialista (segunda parte)

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Por: DANIEL SALAZAR M. •

Además de la deforestación de bosques y selvas y del aumento de la desertificación en el centro y norte de México,  el cambio climático -tarde o temprano- desaparecerá regiones enteras bajo el mar. El hambre, las enfermedades y la muerte, serán igualmente sus efectos postreros.

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Más de 15 mil kilómetros cuadrados de zonas costeras se verán amenazados por la elevación del nivel del mar, afectando por igual a los ecosistemas, la ganadería y la agricultura. En algunos lugares el agua podría introducirse más de 40 Km tierra adentro. La agricultura de temporal, se verá afectada en áreas que en la actualidad son medianamente aptas para el cultivo del maíz. La incidencia de algunas enfermedades transmitidas por vector (fiebre amarilla, dengue, malaria, además de las clásicas enfermedades gastrointestinales) igualmente incrementarán.

Hace algunos años ya, el Instituto Nacional de Ecología elaboró “escenarios” de lo ocurrirá en México: Para el 2020 -dice-  habrá una tendencia a menos lluvia, previendo que para 2020 y 2050, habrá disminuciones en la precipitación media anual de 5 a 10%. En relación a los bosques, señala que el incremento en la temperatura (entre 1 y 3 grados centígrados) generará desequilibrios en la población de plagas y enfermedades exóticas, lo que a su vez causará mortandad de grandes superficie de bosques y selvas.

A esta amenaza de cambio climático sobre la vegetación, deberá añadirse el deterioro por el cambio de uso del suelo propiciado por la introducción y expansión de la ganadería. La pérdida de la cubierta forestal disminuye las tasas y ritmos de infiltración de las precipitaciones pluviales en el subsuelo.

Los gobiernos mexicanos más recientes, han admitido que habrá “una variación de la temperatura de entre 1.1 y 6.4 °C” para fines de siglo, incluso admiten algunos efectos catastróficos tales como “la elevación de la temperatura de los océanos, la desaparición de glaciares, la elevación del nivel del mar, el aumento en la frecuencia e intensidad de fenómenos climatológicos extremos como sequías e inundaciones y superficies oceánicas más calientes”. Sin embargo, hacen de todo lo posible por minimizar las afectaciones humanas entre ellas las de la salud. No mencionan las muy altas posibilidades de que millones de mexicanos pierdan la vida o de que se hundan en una peor miseria material y ecológica de la que ya viven.

Como se sabe, las industrias capitalistas privatizan y se apropian de los recursos naturales (que son públicos) para literalmente consumirlos sin permitir su regeneración, despilfarrando materia y energía, contaminando los ecosistemas y afectando su conservación. Todo para producir cada vez más mercancías tóxicas con nulo valor de uso, dañinas para la salud humana y en perjuicio de los ecosistemas. La ganancia privada es su objetivo.

En el perorata de quien administra la República, nunca se mencionan medidas concretas y efectivas para prevenir los efectos del cambio climático, ni de cómo abatir la pobreza material y ecológica de la población más vulnerable; de cómo rescatar el campo, defender las comunidades indígenas y campesinas, o tan siquiera de iniciar a promover un cambio energético.

Por eso para los ecosocialistas, queda claro que las medidas contra la catástrofe ecológica no vendrán del propio capitalismo ni de los poderes enajenados a su servicio; tampoco de los gobiernos oligárquicos abiertamente pro-empresariales, ajenos a la sociedad, a las mayorías y al bien común. Ante el ecocidio planetario y el cambio climático que abre la posibilidad de una nueva Era Geológica (el antropoceno) catastrófica para la humanidad, no podemos andarnos por las ramas y necesitamos enfocarnos en la raíz del problema. Para decirlo con Michael Lowy, será necesario “remplazar la micro-racionalidad del beneficio por una macro-racionalidad social y ecológica, lo que exige un verdadero cambio de civilización.”

Para realizar ese cambio, se necesita generar conciencia ecológica, ecosocialista; unirse a las luchas sociales tendencialmente anti-capitalistas, participar en la auto-organización de la sociedad e insistir en la urgencia de crear una fuerza social. Otro poder que dispute el poder político, el poder del Estado y con él potenciar las fuerzas que pugnan por introducir la racionalidad ambiental, democratizadora y valorativa en los ámbitos donde domina el Capital.

Un ecosocialista tiene claro que para tomar esas medidas, se debe modificar radicalmente el sistema vigente de producción, distribución y consumo; que para evitar una ecocatástrofe, será necesario “cambiar la vida, transformar el mundo y cuidar a la naturaleza”. Luchar contra el cambio climático es combatir al sistema capitalista que, en última instancia, es el verdadero “enemigo de la naturaleza”.

El Capital globalizado está fuera de control pies pretende producir ilimitadamente bajo una biosfera limitada. Devasta los recursos naturales, despilfarra energía y contamina los ecosistemas; impide su conservación, su regeneración. Todo con tal de producir mercancías que cada vez más resultan tóxicas para el ser humano y para el medio ambiente; esto mientras explota, oprime, excluye y produce más miseria material, ecológica y espiritual en la mayoría de seres humanos de nuestro planeta…. Continuará… ■

Fuente: Andrés Lund Medina / Partido Revolucionario de las y los Trabajadores

 

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