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lunes, 15 agosto, 2022
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Auditorio Miguel de Cervantes Saavedra

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Por: Juan Manuel Rivera Juárez •

En 1939 el Instituto de Ciencias de Zacatecas (ICZ) requería una nueva fisonomía, tanto en lo académico como en lo social. El director del plantel, el Dr. Agustín Díaz asumió el propósito de adaptar los programas del plan de estudios, a los vigentes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se pretendía formar en los estudiantes un espíritu de servicio que les permitiera compartir los conocimientos adquiridos, con aquellos que, necesitándolos para mejorar sus condiciones de vida, no tuvieron la oportunidad de acudir a las aulas.

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Para concretar el proyecto de adecuación a las nuevas necesidades del país, el Dr. Díaz atendió otros aspectos, como las mejoras materiales del edificio y el equipamiento de los espacios destinados a gabinetes y laboratorios, los que consideraba indispensables para erradicar la educación basada en el discurso y cambiarla por una educación liberadora y transformadora. Se pretendía construir el México del porvenir, próspero y equitativo. Los retos por alcanzar lo obligaron a aguzar su ingenio para enfrentar las erogaciones que ocasionaban. Para el año lectivo 1940-1941 ya estaban restructurados los programas del plan de estudios de los bachilleratos de Ciencias Sociales, Medicina e Ingeniería, se habían realizado mejoras al edificio y se había adquirido un poco de material didáctico.

Durante la visita a Zacatecas del Ing. Lázaro Cárdenas, Presidente de la República, para inaugurar las obras de introducción de agua potable, una comisión encabezada por el Dr. Díaz se entrevistó con él para solicitarle ayuda para el ICZ. El Presidente Cárdenas accedió y poco tiempo después la Institución recibió ocho mil pesos a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP). El dinero fue destinado a la construcción de un Auditorio, el Miguel Cervantes de Saavedra, el cual una vez terminado, no sólo prestaría un servicio importante al desarrollo de las actividades culturales y sociales propias.

El Auditorio fue inaugurado el 15 de mayo de 1941 y se puso en servicio en junio del mismo año. A la inauguración asistieron autoridades cívicas y educativas del estado. Entre otras personalidades el Dr. Díaz invitó al Rector de la UNAM, el Lic. Mario de la Cueva, quien no pudo asistir y al General de División J. Félix Bañuelos. Cuando dieron inicio los trabajos de construcción se empezaron a manifestar inconformidades al respecto, se consideraba un despilfarro de recursos, ya que no era necesario o que su construcción sería tan deficiente que, al ingresar al inmueble, éste se derrumbaría –como es costumbre nunca faltan estos comentarios intransigentes–.

La defensa ante la construcción la realizaron los propios alumnos a través de su órgano informativo, en cuyas columnas expresaron que “a pesar de todos los pesares… cuando empiecen a manifestarse los frutos de esta obra se demostrará que nunca están mal empleados los fondos monetarios en lo que se refiere a la difusión de la cultura”. Uno de los principales logros del ICZ fue convertirse en un centro de difusión cultural, no sectorial, sino incluyente, así como el Auditorio Miguel de Cervantes Saavedra un importante referente de la época.

En el ICZ de inicio se implementó un programa de pláticas semanales a cargo de maestros y alumnos del plantel, al que se le dio el nombre de “Lecciones de los lunes”, las cuales eran impartidas sin grandes pretensiones académicas; pero sí con un gran cariño, con un notable entusiasmo y un gran deseo de cooperación aunado a un amplio espíritu de comprensión. El objetivo era enriquecer la cultura general de las y los alumnos, lo que se consideraba indispensable para los futuros profesionistas. La primera de plática (9 de junio de 1941) estuvo a cargo del Dr. Díaz, con el título “Educación: Ideal Colectivo”. A pesar del profundo contenido filosófico y sociológico, resultó muy accesible, gracias a la forma tan amena en que fue expuesto el tema. En esencia era un llamado a acciones conjuntas entre maestros, alumnos y padres de familia para lograr profesionistas con espíritu de servicio social. La plática del 23 del mismo mes y año, sustentada por el Lic. Roberto F. Almanza, con el título “El Ideal en el Arte”, resultó una exposición sin pretensiones filosóficas, con gran sencillez y pulcritud en el lenguaje. Los profundos conocimientos y amplia cultura del Lic. Almanza le permitía abordar cualquier tema. Estos atributos, asociados al entusiasmo de sus años juveniles, lograban dejar satisfechos a todos los asistentes.

En mayo de 1942 el Secretario del ICZ Lic. Roberto F. Almanza dio a conocer la relación de ponentes y los temas a desarrollar en las lecciones de los lunes: Jaime Dávila de la Hoz, El poder de la palabra; profesora Otilia Pastrana, La importancia del dibujo en la civilización humana; Dr. Jesús Montañez, Higiene pública y privada; Dr. Carlos Medina Z., Difteria; Prof. Arturo Espino, La vida humana en las selvas ecuatorianas; Prof. Salvador Vidal, Aniversario de la Independencia de México; Fidencio Acuña, Fuentes, manejo y aplicación de la electricidad; Dr. Luis E. Salinas, Historia de la medicina; Sebastián Lozano, La libertad de México, entre otros temas y ponentes. Al manifestar la sociedad zacatecana interés por las pláticas, sin perder el objetivo de contribuir al incremento cultural, se abrieron las puertas del Auditorio a quienes tuvieran interés en escucharlas. Se consideró que las personas y maestros que no formaban parte de la Institución hallarían en dichas pláticas algo que aumentara su cultura o les hiciera recordar viejos aprendizajes.

En el Auditorio también se ofrecían programas musicales a cargo de la Escuela Superior de Música; bajo la dirección del maestro zacatecano Anastasio Borrego se ejecutaban obras clásicas con gran maestría. Estas audiciones de intercalaban con presentaciones de los alumnos y maestros de las escuelas de música particulares, como las del maestro Severiano González. En 1951, con motivo del V Concurso de Primavera, un importante grupo de estudiantes de piano, de distintas academias particulares y maestros dedicados al arte de la música, pusieron de relieve sus aptitudes y su consagrada técnica, respaldando la posibilidad de restaurar en un plano elevado la tradición cultural de Zacatecas.

Habría que abrir las puertas del “Aula Máxima” a este grupo de artistas que habían mostrado su talento y dedicación en las últimas e inolvidables jornadas, a las que asistió constantemente y con entusiasmo un público numeroso y respetable; pero… le hacía falta un piano al Auditorio. Para la adquisición del mismo se contaba con la promesa de apoyo del Ejecutivo del Estado, los estudiantes cooperaron con su esfuerzo para el mismo objetivo, y, uno de los ex-alumnos del Instituto, artista de singular temperamento y compositor, Enrique Lebre, ofreció su apoyo personal, aparte de su aportación, para reunir fondos a fin de adquirir un piano de concierto que se pondría al servicio de los ejecutantes del Auditorio Miguel de Cervantes Saavedra.

En la noche del 15 de octubre de 1953, el Recital de Piano del maestro Ramón Cardona, marcó un hito inolvidable en los anales de la cultura zacatecana. Las notas de Mozart, Chopin, Beethoven y otros románticos de la música, fueron evocadas magistralmente por el maestro Carmona, aunado a la actitud de un auditorio heterogéneo, pero sutilmente unido por los lazos invisibles del fervor por la música. El maestro Cardona mostró su inquebrantable vocación por el arte de la música.

Sé parte de la Unidad Académica de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia (LUMAT). Informes: http://lumat.uaz.edu.mx/; https://www.facebook.com/LUMAT.UAZ; https://twitter.com/LumatUaz.

*Docente Investigador de la Unidad Académica
de Ciencia y Tecnología de la Luz y la Materia. LUMAT.
[email protected]

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