El día de ayer leí una editorial del periódico Reforma de Jorge Volpi, escritor y personaje ligado a la UNAM y que se caracterizó por ser de pensamiento progresista y de izquierda, pero que recientemente le hemos visto alinearse a la línea editorial del periódico para el que escribe y cambiar radicalmente sus formas de pensar y de ver al país, por desgracia.
Este personaje, en su último editorial de esta misma semana, afirma —lo cual es una profunda mentira— que la Reforma Electoral no fue algo solicitado por el pueblo, es decir, por la sociedad civil, como lo afirma la presidenta, que se la sacó de la manga cuando nadie lo pedía, ni siquiera la clase política, fuera esta de derecha o de izquierda.
La realidad es que, desde hace prácticamente una década o más, los mexicanos entendemos que vivimos una de las democracias más caras del mundo y que el gastar más no necesariamente significa que los resultados sean mejores o que nuestro sistema sea más perfecto. La realidad es que los gastos en un instituto que en el pasado y actualmente deja mucho que desear, con los sueldos más elevados dentro de las instituciones, con gastos exorbitantes y cantidades que son un verdadero insulto para el pueblo mexicano, lo que se le otorga a los partidos políticos, sean del color que fueren. No nos olvidemos que Lorenzo Córdoba, de triste memoria, planeaba construir todo un edificio para albergar a la clase dorada que él pensaba era el INE y que por fortuna no se hizo realidad.
El clamor de la sociedad ha sido bien claro y lo ha dicho y gritado a los cuatro vientos: SE DEBE REDUCIR EN FORMA IMPORTANTE EL PRESUPUESTO DEL INE, y claro que es una exigencia en algo que no necesariamente tendría que bajar la calidad y la seguridad de los procesos electorales, pero los abusos han sido muchos, como por ejemplo las grandes cantidades de recursos que se le dan a la institución y a los partidos políticos en años que ni siquiera son electorales, y los recursos que se le dan a las organizaciones estatales OPLES solamente por realizar funciones ya definidas y ejecutadas desde el centro.
Es evidente que una reforma toca muchos intereses de personas que se han hecho millonarias prácticamente sin hacer nada e —insisto— reducir el presupuesto y buscar caminos austeros pero eficaces no tiene por qué perjudicar la calidad de las elecciones.
La Reforma Electoral propuesta ha tenido muchos cambios porque todo aquel que piensa diferente, sobre todo desde la oposición, o aquellos a los que se les afectarían sus intereses, en automático gritan que se trata de una regresión a tiempos pasados, una reforma que acabará con la democracia y sandeces de ese tipo. Pero si eso ya no nos extraña, las declaraciones de los partidos aliados como el PT y el VERDE sí son una cachetada, sobre todo por parte del PT y de personajes impresentables como es ANAYA, al decir que la reforma —que seguramente ni siquiera ha revisado— regresará a los tiempos del autoritarismo y del partido único de Estado. Y el cinismo para pronunciar esas declaraciones por parte de alguien a quien SALINAS DE GORTARI le organizó su partido político es algo que nos produce una profunda náusea, y ya del VERDE, que todos conocemos su historia, ya mejor ni qué hablar, aunque ellos son más parcos en hacer sus declaraciones.
Pero vayamos por partes. La reforma fue modificándose, dejando de lado cosas que eran realmente importantes como la reducción del presupuesto del INE, que como cualquier otra institución en tiempos precarios como en los que vivimos tendría que apretarse el cinturón, sin que ello significara que su trabajo caminara con menos hacia la superación y perfeccionamiento de sus actividades. Por otro lado, la desaparición de los organismos electorales estatales o OPLES para evitar la duplicidad de acciones y que todas las elecciones se manejaran desde el centro del país ya tampoco fue una realidad.
Por todo ello, de los grandes objetivos solo queda el principal, que es el REDUCIR EL PRESUPUESTO A LOS PARTIDOS POLITICOS, reducción que de un 25% quedó en un 22% y que, claro, no hay ni que decirlo, provocó la reacción de aquellos políticos parásitos de morena, por no decir aliados, el PT y el VERDE, que rápidamente brincaron al sentirse afectados en sus inmerecidas canonjías. Y por el amor de Dios, que no nos hablen de regresiones democráticas si ellos representan lo que la antidemocracia significa.
En cuanto al final de las plurinominales, la propuesta fue limitándose porque al menos tendrían que haber quitado la mitad de ellas, pero no, las conservan, solo que dejan que sea el pueblo quien elija la primera minoría en el caso de 100 diputados y a nivel local los otros 100, pero que sean evaluados mediante el voto popular.
Me extraña de quien realizó la reforma mocha, Pablo Gómez, que no haya podido explicar a la presidenta de dónde vienen los plurinominales y su utilidad en el sentido de llevar la voz a la cámara de aquellos partidos que no logran por su votación colocar legisladores de mayoría, pero que tienen una votación que representa una parte de la población que requiere ser escuchada en el pleno.
Desafortunadamente, esa intención positiva se perdió con el tiempo y esos lugares fueron utilizados para otorgárselos a las cúpulas de los partidos, y tendríamos que irnos de espaldas al saber que el 90% de la clase política de estas élites ha llegado a su curul por esta vía, es decir, la gran mayoría de los legisladores que vemos en tribuna y en los medios de comunicación y que no fueron electos por el pueblo ni forman parte de la representación de los partidos pequeños con poca votación, pero que tienen algo que decir.
Por ello, todos tendríamos que ver con buenos ojos que estos parásitos de la política desaparezcan y dejen actuar —idealmente— a las nuevas generaciones con objetivos nobles por el bien del país y que acaben de una vez por todas los cacicazgos como los del Monrealismo, que no solo deciden a quién se le otorgan las plurinominales y acomodan a su antojo las listas, sino que deciden candidaturas y puestos menores.
Lo único bueno que nos trae esta historia es que muy posiblemente esta reforma trasquilada por todos lados no pase y espere tiempos mejores. Lo que ganaremos es que los electores capten quiénes fueron los culpables de su fracaso y les cobren en los siguientes procesos electorales. La presidenta, aunque no lo diga, sabe que esto por sí mismo será una ganancia y que al menos el PT no alcance en las próximas elecciones el 3% y desaparezca de la faz de la tierra; el VERDE sobrevivirá por fortuna, pero bajará sus votos y tendrá que asumir las consecuencias.



