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El poder de la depresión

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Por: Fuensanta Guerrero •

El 13 de enero se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. Una fecha que, más que invitarnos a recordar, debería obligarnos a mirar de frente una de las realidades más dolorosas y silenciosas de nuestro tiempo. Porque la depresión no es una moda, no es debilidad, no es falta de carácter, es una enfermedad real.

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La Organización Mundial de la Salud la define como un trastorno mental frecuente que se manifiesta con tristeza profunda, pérdida de interés por la vida, sentimientos de culpa, baja autoestima, alteraciones en el sueño o el apetito, cansancio extremo y dificultad para concentrarse, pero más allá de la definición, la depresión se siente como una lucha diaria por seguir existiendo.

La depresión afecta a millones de personas en el mundo sin importar edad, género o condición social. Además, no sólo impacta la mente: también deteriora el cuerpo, el sistema nervioso y las relaciones. El mayor obstáculo para combatir este padecimiento sigue siendo la falta de acceso a una atención eficaz y la poca inversión en salud mental.

Es más común de lo que creemos. Afecta a millones de personas en el mundo sin importar edad, género o condición social. Suele venir acompañada de ansiedad, estrés, frustración, miedo, irritabilidad y enojo. No sólo impacta la mente: también deteriora el cuerpo, el sistema nervioso y las relaciones.

A nivel mundial, se estima que más de 300 millones de personas viven con depresión. Las mujeres la padecen en mayor proporción, y más del 10% de las mujeres embarazadas o en etapa posparto la enfrentan en silencio.

En México, los datos son igualmente alarmantes. Según la Secretaría de Salud, 3.6 millones de adultos sufren depresión, y uno de cada siete niños y adolescentes entre 10 y 19 años presentan ansiedad o depresión. Lo más doloroso es que las cifras de suicidio, especialmente entre jóvenes, continúan en aumento.

La depresión es el resultado de una combinación de factores sociales, psicológicos y biológicos como la violencia, presión, carencias, abandono, miedo, frustración… todo va dejando huellas que, si no se atienden, terminan por desbordar.

Hoy escribo desde la conciencia y desde la urgencia, porque la depresión es una enfermedad silenciosa que grita todos los días por ayuda: en las escuelas, en los hogares, en los trabajos, en las camas donde alguien ya no puede dormir, en los corazones que se sienten solos aun estando acompañados.

El mayor obstáculo sigue siendo la falta de acceso a una atención eficaz y la poca inversión en salud mental.

Hablar de depresión no es exagerar, es salvar vidas, es escuchar sin juzgar, acompañar sin minimizar y atender sin prejuicios es una responsabilidad de todos.

Reconocer el dolor también es una forma de empezar a sanar tantas heridas en nuestra sociedad. No dejemos que más sonrisas se sigan apagando, no permitamos que la depresión siga avanzando y siga siendo tratada como si no existiera o no fuera importante.

*Diputada Federal

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