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lunes, 17 enero, 2022
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Caos y violencia en México, productos de la globalización, afirma académico

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Por: MARTÍN CATALÁN LERMA •

■ Sistema ha generado en los ámbitos económico, político y cultural desigualdades sociales extremas, señala

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■ Presentan hoy el libro Tiempos de crisis. Turbulencias y desarrollo de un mundo en crisis

El caos y la guerra que existe en México y en  gran parte del mundo son producto de la globalización, de las transformaciones políticas y financieras que tienen lugar en el planeta y que producen desigualdades sociales extremas, afirmó Julio Rodríguez Anido, profesor de la Unidad Académica de Docencia Superior de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

En ese sentido, informó que este jueves presenta  el libro Tiempos de crisis. Turbulencias y desarrollo de un mundo en crisis, en el que expone su preocupación sobre el desarrollo y el caos que prevalece a nivel mundial.

“Guerras sin fin, crimen organizado, conflictos étnicos, xenofobia, exclusión, discriminación, altos índices de corrupción en gobiernos e instituciones, desbordes sociales, nuevos tipos de guerrilla, luchas urbanas y campesinas, golpes de Estado, atropellos a los derechos humanos, asesinatos masivos de poblaciones atrapadas en torbellinos de violencia, tortura de prisioneros, desaparición de personas, degradación del medio ambiente y muchas cosas juntas”, son las que se abordan en la obra.

Indicó entonces que la actualidad se caracteriza por la incertidumbre y “por una lógica que se adelantó a su propia época. Es decir, es un tiempo que no entendemos. ¿Cómo entender una tercera guerra mundial que se ha extendido a Siria, Líbano, Egipto, Irak, Somalia, Libia, Sudán?”.

Sin embargo, esa guerra que se presenta en aquella región del mundo también se ha trasladado a países occidentales y ello se ha reflejado en atentados en España, Francia, Italia y Estados Unidos, según expuso Rodríguez Anido.

En consecuencia, reiteró que persiste un mundo de guerra, inestable, que es difícil de comprender porque ni siquiera están bien delineados los enemigos, pero que se trata en realidad de “una guerra producto de la globalización, de las transformaciones políticas y financieras que tienen lugar en el mundo y que producen desigualdades sociales extremas”.

“Ese torbellino económico se apreció con la crisis financiera de 2008 y es donde más se visualizó ese fenómeno que se añade a la globalización que emergió en los 80 del siglo pasado y que se extendió a todo el mundo”, agregó.

Explicó que las finanzas ya no son parte del tablero en la que estaban equilibrados los sectores productivos y los Estados, y ahora han tomado un lugar preponderante al grado que ahora dominan el mundo y por lo tanto un sector extremadamente pequeño es extremadamente rico.

Rodríguez Anido precisó que es difícil encontrar una solución a una problemática tan compleja, pues involucra el aspecto económico, político, social e incluso religioso, que ha traído consigo la descomposición de los países.

Se refirió al caso de México en donde “se sabe que el crimen organizado está aliado con políticos”, pero ello se repite en otros países como Argentina, Nicaragua, entre otros, y muy pocas naciones no tienen una crisis estructural.

Explicó que en el libro no se habla de narcotráfico, sino de crimen organizado, porque intervienen jueces, partidos políticos, funcionarios, y entonces “el fondo de todo esto es el gran desorden económico que se produce con la globalización”.

Desde su punto de vista, la globalización ha tenido como aspecto positivo el desarrollo tecnológico, pero en el ámbito económico, político y cultural ha generado tal desigualdad que la gran mayoría de la población mundial se encuentra en condición de pobreza.

“Esa transformación en materia económica está haciendo que nunca en el mundo hubo gente tan rica y gente tan pobre. Ésa es la tendencia que lleva al mundo a un tiempo de caos, a un desorden global. Sobre eso trata el libro”, expresó Rodríguez Anido.

Concluyó entonces que el mundo enfrenta el problema más complejo, pues involucra aspectos económicos, políticos, sociales y culturales, pero la necesidad de un desarrollo obliga a las sociedades a promover acciones para crecer en todos los sentidos, lo que “significa democracia, educación e integración”. Es decir, “solucionar el problema del desarrollo significa dar respuesta a algunos de los problemas mayores que tenemos en el siglo 21”.

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