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jueves, 26 mayo, 2022
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Llegó la hora de construir una nueva fuerza sindical democrática

EL PÉNDULO

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS HERNÁNDEZ •

Con las huelgas de Cananea y Río Blanco en 2006 y 2007 surge la era moderna de la clase obrera con la capacidad de influir en la Constitución de 1917, con la participación, como diputados, de los líderes de Cananea Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón y el minero de Guanajuato, Nicolás Cano, apoyados por Francisco J. Mújica, quien llevó el timón en el debate constituyente de los artículos 3, 27 y 123.  En 1911 y 1912 se forman los frentes mineros armados de Cananea, Sonora, y de Rosita, Coahuila, a la vez que crean el Sindicato Nacional de Mineros en 1911, impulsan la creación de la CROM en 1918. Pero la degradación de la central retira a los mineros, para formar en 1934 el Sindicato Nacional Minero (SM) en Pachuca, e integrar el Comité Nacional de Defensa Proletaria de 1935 y la fundación de la CTM en 1936. Aquella CTM progresista, plural e internacionalista, que fundó la Central de Trabajadores de América Latina (CTAL) en 1938, la primera en la región, con Lombardo Toledado a la cabeza. Bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas antifascista y antiimperialista.

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Según Lorenzo Meyer, durante el cardenismo (1934-1940) los sindicatos y los sindicalizados crecen como nunca en el país, de 300 mil a 900 mil miembros, favoreciendo al SM. En esta época, las expropiaciones de empresas extranjeras, como las petroleras, azucareras, ferroviarias y otras, surgieron de las luchas y demandas obreras y después del gobierno. La reforma agraria, de las más importantes de Latinoamérica, fue precedida por una huelga de 25 mil jornaleros y sus familias en la Comarca Lagunera en 1936. Le expropiación petrolera de la Royal Dutch y la Standar Oil en 1938 (las empresas más poderosas del mundo) fue precedida de varias huelgas de 1933 a 1937 y la formación del sindicato petrolero; éste logro obrero y popular fue a un año de iniciar la Segunda Guerra Mundial, que volvió estratégico y más codiciado el petróleo y sus derivados. La CFE nació del mismo gobierno.

El sexenio de Miguel Alemán (1946-1952), resultó el más antisindical del siglo XX, ejecutó los charrazos con el Ejército contra los sindicatos nacionales independientes (ferroviarios, petroleros, textiles, electricistas, mineros, azucareros y otros) y contra la Central Única de Trabajadores formada por Mineros, petroleros y ferrocarrileros -central alternativa a la CTM-. En 1951 tocó al SM para subordinarlo al gobierno, tuvo como resistencia la huelga histórica y la caravana del hambre de los obreros de Nueva Rosita, Cloete y Palau, hasta la derrota, para imponer bajos salarios a favor de ASARCO y la pérdida de la independencia del SM.

En resumen: la Revolución del 10, la Constitución del 17 y el Estado Social forjado por el cardenismo, sentaron las bases de un desarrollo nacional fuerte que se expresó en el “milagro mexicano” durante tres décadas de 1940 a 1970 con altas tases de crecimiento del PIB. La revolución y el cardenismo fueron decisivas para el futuro, permitieron una política independiente de defensa de la soberanía nacional. Pero a la vez, en el país poco a poco se fue debilitando el Estado Social, la economía mixta y la soberanía. Las luchas sociales que lograron establecer el Estado Social cardenista se fueron debilitando. Un sistema presidencialista antidemocrático en descomposición y la corrupción del PRI, junto a las crisis internacionales y nacionales, fueron olvidando los postulados del Estado Social, como lo expresaron el movimiento estudiantil de 68, las luchas sindicales de los años 70, 80 y 90, el levantamiento zapatista en 1994 y los fraudes electorales de 1988, 2006 y 2012.

De 1982 en adelante los gobiernos y empresarios impusieron la política neoliberal, a favor de las trasnacionales y el capital local, llevando a los trabajadores a su peor retraso histórico, con una pérdida del poder adquisitivo del salario de un 70%, hasta 2018 que AMLO asume la Presidencia de México. El 1 de mayo de 2019 se publicó el decreto de reformas a la Ley Federal del Trabajo. Se trató de una reforma amplia, histórica y profunda centrada en las materias: Libertad y democracia sindical, en la que se garantiza el derecho de libre afiliación, la autonomía de los sindicatos y la prohibición de todo acto de injerencia en su vida interna; asimismo, se establecen procedimientos democráticos para garantizar la representatividad sindical y la negociación colectiva auténtica. Justicia laboral expedita, con la que se crea una etapa de conciliación obligatoria y se establecen juicios laborales más ágiles, en presencia de un juez, privilegiando los principios procesales de oralidad, inmediación, continuidad, concentración y publicidad. Transparencia sindical para que sus integrantes conozcan el uso de sus cuotas sindicales, así como su destino. Inclusión con perspectiva de género. Los sindicatos tendrán un nuevo enfoque en la participación, representación, diálogo y negociación entre sus miembros; se renovarán los valores y prácticas en las relaciones de las y los agremiados con sus dirigentes. También hay que valorar la ratificación del Convenio 98 de la OIT, sobre la libertad sindical y la libre negociación colectiva; la ley sobre la subcontratación (outsourcing) que ya benefició a poco más de 3 millones de trabajadores, no obstante que solo la han aplicado la mitad de las empresas obligadas; la que permite el ingreso al IMSS de las trabajadoras del hogar y sobre todo, un aumento salarial promedio del 70% en tres años. Es un apretado resumen de la política laboral de la 4ª T.

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