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lunes, 3 octubre, 2022
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La innovación, factor esencial para el crecimiento socioeconómico de México

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Por: Rodrigo Castañeda Miranda • admin-zenda •

La historia humana es la historia de la innovación. Desde el invento del fuego y el desarrollo de la agricultura hasta el Internet y la inteligencia artificial, el ser humano se ha caracterizado por un espíritu de curiosidad y creatividad que lo ha llevado a transformar su ambiente. En otras palabras, la innovación no es un concepto moderno, ni pertenece únicamente al ámbito empresarial, sino que es parte de la naturaleza humana.

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En las ciencias tecnológicas y económicas, la innovación puede definirse como el proceso de encontrar soluciones novedosas a problemas conocidos y llevar éstas a la práctica. No se trata sólo de tener buenas ideas, sino también de conocer los mecanismos y procesos para hacerlas realidad. Debemos hacer hincapié en este punto: para que un producto o un proceso innovador tenga un impacto sólido y positivo en la sociedad, es necesario que sus beneficios sean tangibles para todos y en el mundo real. Ciertamente, la innovación y el desarrollo tecnológico es una estrategia coherente y efectiva para buscar soluciones óptimas a los desafíos actuales que enfrenta México.

En este sentido existe una relación natural entre innovación y desarrollo socioeconómico. El instituto Global Innovation Index (GII, Índice Global de Innovación) se encarga precisamente de estudiar este vínculo, y califica a los países de acuerdo a siete variables, dividas a su vez en dos grupos: lo que un país invierte en: 1) instituciones, 2) capital humano e investigación, 3) infraestructura, 4) solidez de mercado, 5) potencial empresarial; y lo que produce en cuanto a: 6) conocimiento y tecnología, y 7) productos creativos. El balance entre inversión y producción permite clasificar a los países más eficientes en términos de innovación.

Ocho de los diez primeros lugares están ocupados por países europeos, con excepción de Estados Unidos y el caso notable de Singapur, que gracias a sus políticas públicas de apoyo a la ciencia y tecnología ha logrado un importante crecimiento económico. Es algo obvio que no deja de ser una advertencia para nosotros: los países que más invierten en educación, investigación e infraestructura son los que generan más ciencia y productos tecnológicos, y esto se traduce en una mejor economía y una mejor calidad de vida.

Respecto a México, en el Índice Global de Innovación ocupa el lugar 61 de 128. No es casual que esta clasificación sea afín a su lugar en la economía mundial: de acuerdo al Fondo Monetario Internacional, México ocupa el lugar 65 en PIB per cápita (cuánta riqueza genera o posee cada individuo). Si queremos rectificar esta situación, además de adoptar políticas públicas de fomento a la educación e investigación, es vital fortalecer los lazos entre la ciencia y el ámbito empresarial, pues los conocimientos adquieren un mayor valor cuando la sociedad se beneficia de ellos. La conclusión lógica es muy clara: la inversión en ciencia, tecnología e innovación no es un lujo, ni una moda pasajera, sino un camino viable para el progreso socioeconómico de México. ■

 

*Vicepresidente Nacional de Innovación, Desarrollo,

Ciencia y Tecnología en Canacintra

*Presidente de Canacintra Delegación Zacatecas

[email protected]

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