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jueves, 6 octubre, 2022
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Carencias y extravíos en el sistema educativo

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Por: RAMIRO ESPINO DE LARA •

Las reformas que nuestro sistema educativo hoy día enfrentan, no son otra cosa más que una necesidad institucional por establecer  nuevas políticas educativas, mismas que alteran el proceso que se vive en el seno de dicho sistema. Hoy día es necesario establecer un debate amplio y plural para que se ponga en tela de discusión no tanto si se acepta o no la reforma, sino cómo hay que enfrentarla, cómo comprender este fenómeno, de qué manera lo podemos dimensionar para generarle las alternativas necesarias e instituir acciones concretas desde una perspectiva contextual. Lo cierto es que muchos planteles “educativos”, mejor llamadas escuelas, no cuentan con las condiciones que refiere el modelo curricular en cuestión, en consecuencia, ni docentes ni alumnos desarrollarán las competencias “ideales” dado que la realidad que se vive no se los permite.

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Bajo las premisas antes mencionadas, la educación no puede ser motor de desarrollo económico y social dado que no hay condiciones adecuadas para el desempeño de las actividades tanto de docentes como de estudiantes, en consecuencia, el modelo curricular que institucionalmente se ha “implementado” en los diferentes niveles educativos no ha dado los resultados que el propio modelo establece, ello se debe tal vez  a lo siguiente:

Que las leyes y reglamentos que se derivan de la aplicación de la reforma muestran muchos vacíos y carencias en cuanto a definir qué es precisamente lo que procede con la aplicación de las normativas.

Existe imprecisión en cuanto a algunos términos que utilizan puesto que estos son polisémicos y puedenprestarse a múltiples significados. El ejemplo más claro es el de “calidad”.

Ante la precisión que el modelo curricular establece en su contenido, lamentablemente no se cumple cabalmente no tanto por las condiciones del contexto sino por las actitudes de muchos docentes.

En cuanto a la evaluación que el docente debe realizar a los estudiantes, ésta deja mucho que decir y que desear dado que contravienen aspectos que guían al docente para que evalúe de manera adecuada. Pondré un ejemplo: en educación media superior se establece que la evaluación debe ser un proceso continuo y formativo, en consecuencia, la evaluación debe ser formativa también; a este respecto, un gran número de docentes no diseñan instrumentos de evaluación formativa sino solamente exámenes, mismos que más que servirles a los estudiantes como experiencia de aprendizaje, son meros instrumentos punitivos.

Una de las competencias profesionales requeridas para que el docente ejerza su profesión de la mejor manera es la de incursionar en un proceso de actualización permanente, a este respecto, existe resistencia de parte de algunos docentes o condicionan su participación en proyectos formativos y de actualización; en otras palabras, ponen su vocación en nómina.

Muy por encima de que la tecnología le permite al docente acceder  a los materiales “necesarios” que institucionalmente se requieren, éste se resiste a hacerlo de una manera fehaciente, ello tal vez obedece a que dichos materiales se encuentran descontextualizados, les son ajenos y hasta extraños al docente mismo.

Hoy día, creo que el extravío más grande que está sufriendo nuestro sistema educativo, es que  no se han evaluado los modelos curriculares, esto hará que no se cierren los ciclos que en el proceso se viven y que las decisiones que se tomen muestren enormes sesgos.

Por lo antes expuesto, no afirmo que es el maestro el único culpable de todos los males que nuestro sistema educativo padece, pero sí asevero que tiene una gran responsabilidad en el proceso educativo de los educandos, responsabilidad por supuesto que se debe compartir con los demás actores del hecho proceso –directivos, autoridades educativas, autoridades municipales, padres de familia, entre otros-.

En la actualidad estamos viviendo un fenómeno que me parece un tanto aberrante; la educación pública es atacada desde diferentes frentes, de una manera torcida y mal intencionada se violenta la imagen de los maestros sin saber que detrás de ellos se encuentra toda una trama institucional que no da pauta al desarrollo profesional del educador, esto impide el cumplimiento de una manera satisfactoria para con esa gran encomienda social.

Si bien es cierto que educar es una actividad social con la cual jamás se va  a cumplir cabalmente por lo impredecible de la conducta de los seres humanos, podría ser permitido el hecho de que se manifiesten ciertos sesgos, pero no carencias y extravíos. ■

 

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