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lunes, 28 noviembre, 2022
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La escuela de don Isidro Abundio de la Torre (segunda y última parte)

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La cita con la que cerramos nuestra anterior colaboración nos remite a pensar qué carácter tenía la instrucción elemental y que era básicamente lo que aprendían los niños en las escuelas de primeras letras antes de finalizar el siglo 18 novohispano.

Siendo públicas, las escuelas eran democráticas. A eso se refiere cuando la cita menciona que la escuela fundada con los fondos piadosos de don Abundio de la Torre administrados por su hijo, don Pantaleón, no deberían de discriminar a nadie por lo que debería admitir a “…cuantos niños se le presenten de cualesquiera clase, calidad o condición que fueren”. Lo que significa que no se discriminaría a nadie por su clase social, credo, ideología ni por su nivel cultural. La educación que recibieran con “la buena crianza e instrucción se encargaría de buscar igualarlos. Como un signo de los tiempos, la asistencia semanal a misa era obligada, además de que en todas las clases de todos los días se ponía a rezar a los alumnos, pues por encima de todo estaba la educación moral que se abrevaba en la religión. Siendo pública, fruto de una obra pía, al tener su sueldo asegurado el maestro no debería cobrar a los padres de sus alumnos por admitirlos en la escuela. Como era de esperarse, el ramo principal al que se le ponía más atención era el de lectura, aunque debió enseñarse también “las cuentas” o aritmética elemental; amén de la moral cristiana.

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La misma cita nos dibuja una radiografía sobre las creencias dominantes del imaginario de la época, a saber, las ideas religiosas, los ramos de enseñanza y horario de clases y, sobre todo, el carácter público y gratuito de la escuela. Como buena obra pía, la escuela de Jerez fue pública y gratuita, además de democrática.

En el establecimiento que se formó, con el legado piadoso administrado por uno de los descendientes de don Isidro Abundio, don Pantaleón de la Torre, el maestro debería admitir a todos los niños cuyos padres los enviaran sin distingo de raza o condición social. Además de la enseñanza de la lectura, y también de la escritura de las primeras letras, como un inequívoco signo de los tiempos y del imaginario social dominante, buena parte de las actividades del maestro con los niños estaban relacionadas con las prácticas religiosas. En el legado, su benefactor establecía el horario escolar según la época y las condiciones del clima a lo largo del año. Otro rasgo era la gratuidad de la enseñanza, pues dejaría de ser una obra pía si se hubiera recurrido a cobrar alguna cantidad a los alumnos.

En una de las cláusulas del testamento de don Isidro, relacionada con la escuela, fijaba como patronos al “muy ilustre cabildo”, al cura y a don Ignacio de Miranda y sus hijos varones que le sucedan, “[…] prefiriendo el mayor al menor, y en caso de no tenerlos, lo será el pariente varón más inmediato de dicho don Pantaleón quienes ejercerán las funciones del patronato, procurando que la elección de maestro siempre que ocurra sea en el más benemérito, a cuyo efecto siempre deberá ser electo el sujeto en quien recaiga el mayor número de votos, siendo los que deben votar los seis regidores de oficio, el párroco y el patrono”. (1).

Referencias:

APJ.  Archivo Parroquial de Jerez

(1). APJ “Informe sobre el Legado de don Isidro Abundio de la Torre para el sostenimiento de la escuela de primeras letras de Jerez, dado a conocer en el auto de visita del Obispo Juan Ruíz de Cabañas a esa Villa, el 20 de mayo de 1799”, Área Disciplinar, Sección Gobierno, Serie Administración, Subserie Libros de Gobierno, caja 183.  

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