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Modesta contribución a la reforma de la UAZ

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H. L. Mencken y G. B. Shaw, conocidos por sus predicas en contra del Estado, la sociedad y toda agrupación de estúpidos, han creído leer en los párrafos del célebre filósofo alemán Friedrich Nietzsche una puntual confirmación de sus dogmas personales. Craso error. Como mostró, casi literalmente, A. Baeumler en su “Nietzsche der Philosoph und Politiker” el pensador de SilsMaría era un Nazi hecho y derecho que debiócondescender a la barbarie de los prejuicios de las masas. En sus diarios íntimos se ubica la verdad, y la verdad es que Nietzsche era un nacional socialista avant la lettre. No está de más citar la conclusión, publicada en 1940 por Brinton Crane: “Nietzsche, primero, entre los filósofos, repudió aguda y completamente el ethos subyacente -la “gran tradición”- de la civilización occidental; y lo que él predicó los líderes del Nacional Socialismo lo han convertido en una potente y organizada propaganda que funda un programa de acción colectiva”. Nietzsche sirvió a Shaw y Menckencomo confirmación de su acerbo prejuicio de que la publicación incesante de diatribas contra el orden social en diarios combativos lograría movilizar a las masas. Pero no tuvieron la fortuna del filósofo: nadie fundó un “partido menckeniano” en los Estados Unidos –pero sí una revista dedicada a Mencken-, mientras que los miembros de la Sociedad Fabiana no creían en el cambio revolucionario –como los Nazis o los bolcheviques- y en última instancia tampoco en el alfabeto “shaviano” –genial idea de Shaw para escribir el inglés sin el alfabeto latino-. Sin embargo, aunque la proposición “Nietzsche era Nazi” no está garantizada por ninguna hermenéutica, lo que sí es claro es que tanto los nazis como Mencken y Shaw fueron nietzscheanos. Pero no hubo siempre una cálida y entusiasta recepción del trabajo de Nietzsche. Lo que está documentado es que su primer trabajo –“El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música”- fue desdeñado por los filólogos alemanes, quienes le dedicaron un largo silencio(excepto Ulrich Von Wilamowitz, que demolió a Nietzsche). La explicación de ese silencio se basa en afirmar que la tradición filológica en la que se formó Nietzsche, y en la que fue considerado un “dotado”, estaba en franca retirada frente al, llamémosle así, “positivismo” de otra gran corriente filológica alemana que estaba emergiendo. Para la tradición en la que se formó Nietzsche la parte sustancial del trabajo filológico residía en la “intuición” que permitía comprender el período histórico bajo estudio aún sin tomar en cuenta los detalles precisos de la sociedad, la cultura y el pensamiento. El objetivo primordial consistía en exponer un “tono” o “espíritu” que permitiese una visión global de la vida humana del periodo. Para el positivismo el objetivo no era ese, sino una reconstrucción lo más precisa y apegada a los datos disponibles, siendo inadmisibles las diatribas sentimentales sin soporte documental. Entonces, la filología académica no era el medio adecuado en el que debían ser desarrolladas las ideas de Nietzsche, por lo que pasó al negocio de la filosofía; magisterio que no ejerció desde la cátedra, porque nunca pudo ganar una, sino desde sus libros, a veces publicados por él mismo. A través de sus libros, y su estilo peculiar de hacer filosofía, Nietzsche se volvió una influencia cultural que corrió a lo largo de la civilización occidental con gran fortuna, cultivando adeptos, detractores y comentaristas de su obra. Ya hemos comentado el lado político: para los Nazis, Mencken y Shaw, las ideas de Nietzsche debían ser utilizadas políticamente. Según los nazis para hablarle a las masas, pero de acuerdo a Menckeny Shaw para interpelar al individuo aislado. Desde el frente filosófico, Heidegger equipara la obra de Nietzsche con la de Aristóteles, y exige que se piense a fondo. Lo que Heidegger piensa es que la filosofía de la “voluntad de poder” es la última posición posible de la metafísica porque constituye su compleción. Esto significa que toda reflexión sobre el “ser” queda cancelada, porque la “voluntad de poder” realiza la metafísica reduciendo la vida humana a los valores humanos; lo que implica el olvido total del “ser”. La gran similitud entre Heidegger y Nietzsche, y el origen de la admiración del filósofo de la Selva Negra por el pensador de Sils-María, surge de su manera de filosofar por medio de revelaciones y su íntima convicción de vivir en un mundo decadente; citemos a Glen Gray: “…la verdad los alcanza porque son individuos selectos que saben cómo escuchar y obedecer. Son como los profetas del viejo testamento que atendían a la voz de Dios. A través de estos hombres el Señor habla mediante acertijos, parábolas y todo tipo de ambigüedades, como ha sido su costumbre en el pasado. Es, sin embargo, claramente discernible que nuestra civilización está condenada: la gran mayoría son ciegos y peor que ciegos”. Allan Bloom acusó a los seguidores académicos de Nietzsche de sumir en la decadencia espiritual a los EUA y promover en la opinión pública y las universidades un nihilismo obtuso; no tanto han logrado los entusiastas zacatecanos del filosofo del martillo, pero dado el estado de descomposición académica de la UAZ, están cerca. ■

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