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Discurso íntegro de AMLO al recibir la constancia de presidente electo por parte del TEPJF

Discurso íntegro de AMLO al recibir la constancia de presidente electo por parte del TEPJF
Amigas y amigos, magistradas, magistrados de este Tribunal, dirigentes de los partidos políticos, Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Presidente de la Suprema Corte Electoral, amigos, amigas todos.

Quiero recordar que hoy nació un gran dirigente social, un día como hoy, Emiliano Zapata, y hace un año, exactamente, un día como hoy falleció un amigo entrañable, compañero, Jaime Avilés, y quiero recordar también a muchos dirigentes sociales políticos precursores de este movimiento.

Porque ellos contribuyeron a que se hiciera realidad esta transformación en nuestro País. El inicio de un proceso de cambio verdadero, muchos dirigentes sociales, políticos, que se nos adelantaron, que están, seguramente, muy contentos en la gloria, porque el infierno no existe, menos para gente que lucha por la justicia.

Participo con entusiasmo y solemnidad en este importante acto, en el cual el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación me ha entregado la constancia que me acredita como Presidente electo de los Estados Unidos Mexicanos.

Antes que nada, rindo homenaje al pueblo de México, por su evidente vocación democrática. Agradezco a los ciudadanos que depositaron en mí su confianza y reconozco la madurez política de quienes aceptaron los resultados electorales.

No cabe duda de que vivimos momentos estelares, momentos verdaderamente históricos, muchas han sido las enseñanzas del pasado proceso electoral, pero considero que su saldo más importante fue la demostración de la elevada conciencia cívica y la sólida dignidad republicana que hemos alcanzado los mexicanos.

Ha sido sorprendente y ejemplar lo acontecido el primero de julio; nuestra sociedad manifestó su entereza y su talento, y así lo han reconocido otros pueblos, países y gobiernos del mundo.

Ahora nos corresponde asimilar correctamente los sentimientos expresados por el pueblo al emitir el sufragio y ser ejecutores escrupulosos y fieles de ese mandato.

Considero que la gente votó por un Gobierno honrado y justo. En mi interpretación, la mayoría de los ciudadanos mexicanos están hartos de la prepotencia, del influyentismo, de la deshonestidad, de la ineficiencia, y desean con toda el alma poner fin a la corrupción y la impunidad

Millones de compatriotas aspiran a vivir ir en una sociedad mejor, sin la monstruosa desigualdad económica y social que padecemos.

Ha sido muy satisfactorio constatar que incluso los sectores de clase media, y no pocos, de los más acaudalados, manifestaron con su voto el deseo de mejorar la situación del prójimo y su acuerdo en el principio de que el Gobierno ha de representar a todos pero que debe dar preferencia a los olvidados y a los más pobres de México.

Considero que otro de los mandatos de la mayoría es el evitar la violencia, atendiendo para ello, las causas que la originan y reformular la política de seguridad, hoy centrada casi exclusivamente en el uso de la fuerza a fin de construir la reconciliación nacional en el bienestar y en la justicia.

Entre las muchas lecciones del primero de julio, debo destacar también una que tiene como destinatarios a los dirigentes políticos y a los servidores públicos, es decir, a nosotros mismos; la gente votó para que exista un verdadero Estado de Derecho, el pueblo quiere legalidad, no la simulación, que en la aplicación de la ley, ha persistido desde el porfiriato.

Los mexicanos votaron también para que se ponga fin a las imposiciones y a los fraudes electorales, quieren castigo por igual para los corruptos y para delincuentes comunes o de cuello blanco.

La ciudadanía plasmó en su sufragio el anhelo de que los encargados de impartir justicia no actúan por consigna y que tengan el arrojo de sentirse libres para aplicar sin cortapisas ni servilismos el principio de que al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie.

En lo que a mí corresponde, en mi carácter de titular del Ejecutivo Federal, actuaré con rectitud y con respeto a las potestades y la soberanía de los otros poderes legalmente constituidos.

Ofrezco a ustedes, señoras, señores magistrados, así como al resto del Poder Judicial, a los Legisladores y a todos los integrantes de las entidades autónomas del Estado, que no habré de entrometerme de manera alguna en las resoluciones que únicamente a ustedes competen.

En el nuevo Gobierno, el Presidente de la República no tendrá palomas mensajeras ni halcones amenazantes; ninguna autoridad encargada de impartir justicia será objeto de presiones, ni de peticiones ilegítimas cuando esté trabajando en el análisis, elaboración o ejecución de sus dictámenes y habrá absoluto respeto por sus veredictos.

El Ejecutivo no será más el poder de los poderes, ni buscará someter a otros poderes, cada quien actuará en el ámbito de su competencia y la suma de los trabajos, respetuosos e independientes, fortalecerá la República y el Estado democrático de Derecho tramitará del ideal a la realidad.

No olvidemos nunca que debemos la apertura de estos nuevos horizontes al pueblo, al pueblo soberano, que está por encima de individuos, grupos o facciones por poderosos que sean o que parezcan.

En la elección del primero de julio quedó demostrado que así como el autoritarismo y la abyección, envilecen y desprestigian a las instituciones, la voluntad democrática de la ciudadanía puede renovarlas y fortalecerlas, por eso, estamos viviendo, repito, un momento histórico; no desaprovechemos o desperdiciemos este momento de condiciones políticas inmejorables para llevar a cabo la cuarta transformación de la vida pública de México.

El pueblo ha conquistado con energía y dignidad su derecho indiscutible e indiscutido de regir sus propios destinos y de ser Gobierno. Contamos con amplias bases de legitimidad para hacer realidad el deseo colectivo de vivir en paz, con justicia y libertad.

Sólo me resta decir que siempre he actuado guiado por principios y soy perseverante. Ninguna tentación me quitara la autenticidad o desviará mi camino en la búsqueda del humanismo y la fraternidad.

Reitero, voy a cumplir todos los compromisos de campaña. No le voy a fallar a los ciudadanos y habré de ser fiel en todos mis actos al interés, la voluntad y el bienestar del único que manda en este País: el pueblo de México.

¡Que viva la cuarta transformación de la vida pública del País, que viva nuestra República, que viva la voluntad soberana del pueblo!

¡Viva México, viva México, viva México!

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