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Lamentable y esperanzador

Lamentable y esperanzador

La Gualdra 330 / Promoción de la lectura

 

Una variable recurrente en los talleres y capacitaciones que ofrezco, ya sea la primera o la primera y única sesión, es la expectativa de un taller, curso o capacitación como todos (en el caso de los docentes): el grupo se divide en equipos, se les reparte material, lo leen y discuten en equipos, se exponen en plenaria y se concluye). Nada motivante. Los otros sectores, a los cuales denominaré genéricamente sociedad civil, llegan a las capacitaciones por distintas circunstancias, también hay en particular dos: interés auténtico por la mediación lectora, por la lectura, por la formación de lectores; porque no hay opción y los mandaron.

En ambos grupos hay asistentes de todo tipo: los disciplinados, los rebeldes, los que presas del pánico esperan el examen. Hay un sector en particular que llama mi atención: el de los que están alejadísimos de los libros y la lectura. Sin que las que características que enumere a continuación tengan un matiz maniqueo, son una radiografía general de ellos: sus referentes culturales son casi exclusivamente televisivos; la música que escuchan es la popular, la que está de moda, el lenguaje es escaso, la indisciplina es tarjeta de presentación, el pensamiento abstracto es un reto doloroso.

Pero también tienen un acervo que no se ve, que pocas veces valoran y exponen: el de las tradiciones, usos y costumbres. Podrán no saber quién demonios fue Florentino Ariza (y no tienen ninguna obligación se saberlo), pero saben historias, narraciones, leyendas, mitos, explicaciones; conocen los procesos productivos, y en ocasiones las historias, de las mercancías o bienes propios de su localidad. Ahí hay un cúmulo de palabras, pensamientos, insumos para crear, para compartir, para revalorar. Se revalora la palabra, el conocimiento. Nos conocemos y reconocemos en el otro. El otro se conoce y reconoce en nosotros.

¿Es difícil incluir a quienes no acostumbran leer libros en una comunidad lectora? La respuesta estará en función de cuánta noción de sí mismos tengan los lectores, de sus ánimos de compartir, de su capacidad de escuchar, de su ímpetu por dejar ver por sus ojos y que él vea por los de los otros, de tener conciencia que el mundo crece cuando lo nombramos, cuando nos asomamos a él por un libro, por una conversación, por un ambiente hospitalario. Por eso la lectura es un peligro, por eso algunas personas ven a la lectura como una actividad negativa, ya que puede impulsarnos a desear un escenario mejor.

El caso más lamentable y esperanzador lo tuve con un grupo de trabajadoras de distintos sectores: gasolinero, panadero, construcción, restaurantero. Ellas fueron “invitadas” a la capacitación para formar comunidades lectoras. “Invitadas” porque si no acudían se les descontaba el día laboral (la capacitación era dentro de su jornada de trabajo), pero también estaban obligadas a cumplir con sus labores a contraturno, so pena de que les descontaran tres días. Lo lamentable: la “invitación” la hizo una central de sindicatos. Lo esperanzador: se dieron cuenta de las posibilidades para la vida del libro y la lectura.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_330

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