Exhiben Sólo a fuerza de pintar, del artista Jazzamoart en dos recintos

Exhiben Sólo a fuerza de pintar, del  artista Jazzamoart en dos recintos
Francisco Javier Vázquez Estupiñán, Jazzamoart, ha realizado más de 500 exposiciones colectivas e individuales en museos y galerías de México y otros países ■ FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

■ El pintor comenzó su profesión desde niño, dice; su obra reúne la música, el amor y el arte

■ Su exposición busca que el espectador sienta y sepa “que puede ser libre en algo en su vida”

“Lo que hay ahí resume toda la travesía. Y de alguna manera muestra la madurez después de toda esta vida de 65 años, y unos 50 o 60 de pintor, desde niño. Pero es que en la realidad fue un juego de niño, pero un juego serio. Porque desde niño aprendí con mi padre y mi familia lo que yo llamo la chinga, que es una palabra muy bonita, muy mexicana y muy real”, dice Francisco Javier Vázquez Estupiñán sobre la exposición Sólo a fuerza de pintar,  que este 18 de agosto se inauguró en el Antiguo Templo de San Agustín y en Irma Valerio Galerías.

El niño que jugaba seriamente al arte construyó para sí el mantra Jazzamoart, nombre con el que es conocido y reconocido como artista visual y mediante el que convoca en su obra, a la música, el amor y al arte.

En la muestra, que se divide en esta ocasión en los dos espacios refiriendo al tamaño de formatos, los “generosos” en el vetusto edificio agustino, y otros más pequeños en Irma Valerio Galerías, al celebrase también los 25 años de promoción artística que realiza esta empresa, aparecen los tres elementos que armónicamente han acompañado la obra del artista.

Ahora propuestos en series como los autorretratos, las variaciones sobre las obras de grandes maestros como Diego Velázquez, Vincent Van Gogh, Da Vinci, etc., (siempre salpicadas, literalmente, de humor, de ironía, de profunda admiración), y el jazz con sus saxofones y beboperas.

Se suma en recuento de estos años, un personaje fundamental, el motor de toda la historia quizá, o de gran parte de ella, el padre de Jazzamoart con el que estableció, como ha sucedido con otros artistas, una relación de amor-odio.

En la entrevista, donde surge la figura de Javier Vázquez Farfán, trae a cuento la poesía de Efraín Huerta sobre la Ciudad de México, “una maravillosa ciudad que te da todo y te quita todo, que amas y odias. Y así era con mi papá”.

Lo describe locuaz, poeta, pintor, caricaturista, diseñador, publicista; “en fin, una gente muy creativa, que seguramente si hubiera tenido más aterrizaje y menos pachanga hubiera sido un genio”.

Ese ser humano “generoso y cabrón” al mismo tiempo, tuvo muchos conflictos y “daba de todo”, desde grandes ideas que llegaban a la genialidad “hasta grandes dolores de cabeza y grandes sainetes de borracho que eran bastante trágicos, en los que nos involucrábamos toda la familia” para pasar dice, de lo sublime a lo ridículo y viceversa.

De esta vida intensa también llena de carencias, de la que renegaba a veces porque hubiera preferido entonces ser como sus primos que trabajaban en un banco y ganaban un sueldo mientras “yo estoy aquí fregándome con mi papá en algo que de repente me gustaba pero luego no”, fue formativa, no obstante el costo tan alto, dice.

Fue el aprendizaje de muchas cosas que luego le apasionaron: la pintura, la literatura, la poesía, la música, el trabajo, el esfuerzo, y lo que más valora, la posibilidad de la autosuficiencia, “entonces todo eso se lo agradezco”.

Sin la libertad y sin la carencia de la infancia, y sin la trascendencia de ellas, la obra de Jazzamoart simplemente no sería.

“Mi trabajo en primero lugar es una salvación para mí, luego en un mundo caótico y en un México siempre en conflicto como siempre, y con desigualdades, el arte es una especie de bálsamo que nos cura”.

Sus cuadros son eso, una invitación lanzada al espectador para que sienta y sepa “que puede ser libre en algo en su vida: escribir, tocar, pintar o simplemente vivir de una manera, elegir sus predilecciones filosóficas, creativas, ideológicas, etc.”

Es el llamado a hacer lo que venga en gana, “porque durante mucho tiempo hice muchas cosas que yo no quería, pinté letreros, cortinas, anuncios, letras, paisajes, flores, bodegones…pendejada y media que no eran lo que yo quería hacer, pero el hambre te hacía hacerlo”.

Como conjuro contra la otrora acotación y la precariedad, y para espantar “el fantasma de la jodidez” también presente en sus inicios, de los que recuerda que le costaba mucho trabajo comprar los materiales y aplicaba poco de ellos con “tacañería, porque decía se me va a acabar (…) ahora por ejemplo digo, ¡chinga su madre! Todo lo que se necesite de pintura para que yo sienta que la materia está allí, que la pintura está viva y que la emoción de embarrar está presente…así es todo. Pero bueno son revanchas conscientes e inconscientes”.

Al final lo importante para Jazzamoart es la vivencia del pasado que alimenta al presente, “y que el reto sea exclusivamente plástico, pictórico, emotivo. Y que el discurso este ahí, y a ver para que alcanza ¿no? Para decir muchas cosas”.

Más allá del lugar que pueda ocupar en el panorama del arte, “me parece que la mayor victoria que puede tener un ser humano es la libertad de hacer lo que le dé su chingada gana en todos los sentidos, siempre y cuando no caiga en vandalismos baratos, cosas vanales que son absurdas”.

La gente se amarga la vida porque hace lo que no quiere, a lo mejor obtuvo riqueza vendiendo tacos pero nunca quiso ser taquero, vendedor de coches, “el otro es presidente”, en vez de ser poeta, futbolista, pintor, poeta maldito, cocinero o barrendero, así la reseña hecha por el artista guanajuatense.

Cómo se logra la libertad de ser, en este caso, Sólo a fuerza de pintar. Se propone en la conversación, y por el vínculo sempiterno de la obra de Jazzamoart con la música, a la figura de Julio Revueltas, integrante de la gran dinastía de artistas.

Él por su soltura para tocar la guitarra, a veces acostado sobre el escenario, obteniendo su sonido con un arco de violín, totalmente desenfadado pero concentrado hasta hacerse uno con el instrumento y más allá, con la música que produce, se le propone como simil de cómo el pintor hace surgir su obra, sin duda previa de dónde quedará una mancha, si la pintura escurrirá, qué color combina o contrasta con otro, cuánta pintura y cómo se hará surgir desde el tubo de óleo o se extiende sobre la tela.

“Eso es lo que se puede llamar madurez o el dominio del oficio, porque claro, hay gente que puede pintar 100 años pero ser un huevón y entonces nada más pinta ahí a lo mejor, no sé qué tanto talento pueda tener o no, pero creo que el oficio de pintar diario, de enfrentarse a los materiales de trabajar, trabajar…y está la fórmula vieja de acierto error. Y todo eso pues al final de cuentas da frutos”.

Igual que el dominio que logran los músicos virtuosos como Julio Revueltas, a quien conoce desde que era un niño y cuidaba para que su madre, Olivia Revueltas “fuera a tocar al Chato en la Ciudad de México con todos los granes jazzistas de la época”,  él ha logrado una trayectoria a través “de la perseverancia, la constancia y la chinga”, otra vez, esa tan mexicana.

“Después de más de 50 años de estar pinte y pinte diario, dibujar y todo, tiene que pasar, porque es producto de ese ejercicio (…) cualquiera si se apasiona, si se dedica a algo que le gusta aunque no tuviera el gran talento, va a lograr algo, no sabemos cuánto, porque eso tampoco lo podemos decir”.

 

En este momento, y luego de más de 500 exposiciones colectivas e individuales en museos y galerías del país y América Latina, Estados Unidos, Canadá, Europa, Corea del Sur y Japón, la pretensión de Jazzamoart, “es estar vivo el mayor tiempo posible y seguir expresándome, tener lo suficiente para vivir decentemente y pintar, embarrar y aventar la pintura (…) pero me muero con la mía –su libertad- hasta el último”.

Sólo a fuerza de pintar, exposición para cuya realización en Zacatecas confluyeron la Secretaría de Cultura y el Instituto Zacatecano de Cultura, a través de la Red Estatal de Museos e Irma Valerio Galerías, permanecerá en el Antiguo Templo de San Agustín donde se exhiben 27 obras de gran formato, desde el 18 de agosto y hasta el 20 de noviembre.

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