Subjetivaciones rockeras / Cuando la música no cantada parece ser más elocuente (2ª de dos partes)

Subjetivaciones rockeras / Cuando la música no cantada parece ser más elocuente (2ª de dos partes)

Un detalle que me parece interesante (no me atrevo a decir paradigmático) dentro del post-rock y el post-metal es que, a diferencia de la tradición que ha prevalecido dentro de este género musical, en el que la voz es la protagonista principal, llegando incluso a decirse que la clave de un buen grupo es su vocalista, en los post muchos de los temas se caracterizan por ser instrumentales, o por pasar a un segundo plano la ejecución vocal, aunque no dejan de darse los casos donde se le brinda a este maravilloso instrumento (la voz), el lugar del que ha gozado habitualmente.

 

Es esa ausencia o poca presencia del canto lo que permite a los músicos de los post rock y metal la posibilidad de figurar con una mayor notoriedad; de hecho, instrumentos que, pese a su importancia y versatilidad, por lo regular, son utilizados como meros soportes que dan cuerpo a la composición (me refiero al bajo y a la batería) en estas expresiones suelen adquirir una presencia realmente sorprendente, si no es que estremecedora.

 

Hay pues, en muchos de los temas del estilo que nos ocupa, un maravilloso diálogo entre los instrumentos que conforman la banda, que a su vez resalta el virtuosismo de sus ejecutantes.

 

La sonoridad de los grupos permite, pues, recrear en la imaginación una serie de paisajes que pueden ir de lo tranquilo a lo frenético; de los blancos y relajantes parajes de la tundra nórdica, al intenso ritmo de una urbe como Nueva York, pero siempre, eso sí, con una intensa carga poética, en el sentido que se señaló en la participación anterior.

 

Gracias a las propuestas que ofrecen las agrupaciones que conforman estos estilos (el post-rock y el post-metal), es posible darse una idea de cómo sienten la música, en este caso el rock con sus posibilidades, en los países de donde proviene, y hacer, a su vez, una interpretación y adecuación al entorno particular del oyente.

 

Son muy disfrutables estos estilos musicales (aunque hay que insistir que en gustos se rompen géneros), no obstante, es visible en ellos una debilidad, y es que la existencia de bandas realmente extraordinarias y creadoras de un estilo muy particular tristemente da pie a la creación de agrupaciones que lamentablemente caen en la repetición.

 

En los últimos años, ha surgido una importante cantidad de bandas provenientes de diversos países, pero que parecen ser el refrito o remake de otras anteriores ya consagradas; da la impresión de que los estilos a los que se refiere esta subjetivación fueron de poco alcance, lo que resulta difícil de creer.

 

El reto (que no es menor) está en saber re-crear alternativas que permitan explorar, descubrir y disfrutar nuevos paisajes estéticos.

 

 

Post data: Lo publicado el pasado 30 de junio en la sección Opinión del portal de Internet de El País no es asunto menor. El texto titulado ¿Por qué sobra la Filosofía?, firmado por los filósofos Fernando Savater, José Luis Prado, Manuel Cruz, Juan Manuel Navarro Cordón, Ramón Rodríguez García y José Luis Villacañas Berlangas, señala la intención de una Universidad tan prestigiosa como la Complutense de Madrid, de desaparecer la Facultad de Filosofía por cuestiones económicas, al parecer incongruentes.

 

El asunto no es nuevo en México, si recordamos que durante la administración presidencial de Felipe Calderón Hinojosa, se eliminó de la lista curricular del nivel medio superior la materia de filosofía, ante lo cual fue publicado un desplegado en contra de esa determinación, promovido por el Observatorio Filosófico de México y firmado por una larga lista de personalidades.

 

Afortunadamente, en aquella ocasión, la nefasta decisión fue echada abajo, sin embargo, sería ingenuo pensar que la intención quedó en el olvido, y menos ahora que se ha dado a conocer el mismo propósito en la península ibérica.

 

Mucho se podrá suponer que motiva la eliminación de una materia como la Filosofía de las listas curriculares –o mínimamente, de reducirla o maniatarla, restándole capacidad de decisión y gestión–, pero resultaría fácil ser tachado de conspirador al señalar al menos algunas de esas suposiciones.

 

Si bien es cierto, como lo señala el texto citado, que hay materias y carreras más acordes con las demandas laborales actuales, nadie en su sano juicio puede negar la importancia de esa disciplina científica (la filosofía) en la formación integral de los individuos; de hecho, me atrevo a decir que aprender Filosofía es un derecho —esencialmente— humano, y que atentar contra ella o querer volverla elitista es amenazar la capacidad intelectiva de la sociedad en su conjunto, desestimar el pensamiento reflexivo y apostar por una sociedad acrítica, cuasi autómata y conformista.

 

Para los firmantes del texto que da motivo a esta post data, no sólo la Filosofía se vería afectada con una determinación de esta naturaleza, sino otras áreas científicas y las Humanidades en su conjunto, ya que

se trata de convertir las universidades en centros de enseñanza secundaria y de someterlas al proceso de degradación profesional que se ha llevado a cabo en este sector, a fuerza de descualificar los perfiles académicos de las titulaciones, los docentes y los estudiantes, quienes después de todo tendrán que incorporarse a un mercado laboral que considera la cualificación científica y la formación humanística como un obstáculo para la empleabilidad.[1]

                La respuesta en México no se hizo esperar, y el 5 de julio pasado, en El Correo Ilustrado, de La Jornada (circulación nacional), se publicó una carta titulada Tecnócratas atentan contra la filosofía y las humanidades (http://www.jornada.unam.mx/2016/07/05/correo), en la que, además de invitar a la reflexión ante esta grave situación y solidarizarse contra ella, recuerdan el episodio vivido en nuestro país con el citado ex presidente, asimismo, invitan a no dejar de prestar atención a las intenciones de los actuales gobernantes. Los firmantes coinciden también con los filósofos españoles en que se trata de una amenaza latente para el conjunto de las humanidades, y reconocen que

         hay una tendencia internacional tecnocrática y mercantilista que no cesa de actuar y pretende excluir de la educación el pensamiento reflexivo y crítico que ha caracterizado siempre a la filosofía en particular y a las humanidades en general.

                Habrá que estar atentos ante nuevos pronunciamientos en este respecto, reconociendo que la amenaza sigue latente. Por lo pronto, sería bueno escuchar qué opinan nuestras autoridades gubernamentales y universitarias (vigentes o por venir) sobre esta situación, ¿no creen, mis apreciados dos lectores?

Φ

[1] http://elpais.com/elpais/2016/06/22/opinion/1466601557_652759.html

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