Estudiantes de diferentes escuelas, prepas universidades salieron a marchar para conmemorar la masacre que el Estado propinó a los estudiantes de México aquél fatídico 2 de octubre de 1968 cuando el Ejército Mexicano emboscó, mató, y torturó a miles de jóvenes de la UNAM, del Politécnico, del país y masacró el corazón de la nación en la impunidad.
“Nos han enseñado a luchar somos hijos e hijas del 68”, proclamaba una joven afuera del Congreso local, donde este día también se desarrolló la comparecencia del secretario de Seguridad Pública del Estado.
“La revolución es la dignidad personal llevada a la historia hay frases que se leen con la memoria viva, hay palabras que no pertenecen solamente a lo libros, sino a la sangre, al eco de las voces que se negaron inclinarse, a la dignidad intacta de quienes prefirieron perder la vida antes que resignarse al silencio”, leyó otra estudiante recordando a José Revueltas.
Así, la masacre de 1968 propinada por el Estado represor como sello de la Dictadura Perfecta del priísmo dejó como herencia una juventud que sigue luchando, tejiendo utopías, sueños y anhelos de justicia.
La juventud de hoy congregada no sólo en el corazón de Zacatecas sino de todo el país se duele aún, porque la violencia contra ellas y ellos no cesa, ahí está la herida abierta de Ayotzinapa, hoy padres y madres de los 43 siguen sin conocer el paradero de sus hijos y algunos incluso por desgracia murieron sin encontrarles.
La lucha del 68, recordaron los jóvenes de hoy unidos en espíritu y verdad con sus compañeros que caminaron primero es en el fondo por la conquista de la LIBERTAD y la exigencia de que el Estado no la vulnere, no la estorbe, no la manche ni impida su florecimiento.
Pero si algo nos dejó el 2 de octubre es la enseñanza de que la libertad no es una concesión, sino una conquista que se teje en colectivo todos los días, ante la resistencia del tirano sostenido por un sistema que oprime.
¡Sigue habiendo revolución, seamos conscientes de nuestra vida, de nuestro entorno! claman las voces de los jóvenes en Zacatecas.
Los jóvenes hoy nos hicieron el llamado de que las heridas del pasado no se ocultan, se muestran para aprender de ellas, mirarlas de frente para sanar, reconocer y la justicia que mitigue el dolor con la esperanza de que ella acarré el aprendizaje de la no repetición ¡Nunca más!
Que gratificante es saber que hoy en Zacatecas y en el país tenemos una juventud que grita, que no se conforma. unos jóvenes con conciencia de clase, con conciencia social y el corazón ardiente.
Que el fuego de estas juventudes arda para que como dicen ellos y ellas, nunca más vivamos la violencia de la indiferencia.
Las y los jóvenes nos hacen el llamado hoy a transformar la realidad. Ellas y ellos no olvidan el 2 de octubre. Y tampoco olvidan que hay miles de jóvenes, hombre, mujeres desaparecidos, en un lastre que carcome el alma de nuestra nación.
Los jóvenes de hoy que en el país salieron a marchar a recordar y a saberse herederos y herederas de la historia y de su tiempo nos llaman a caminar por la VERDAD.
Es gratificante ver como la consigna de Salvador Allende de “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica” en México es vigente.
En Ciudad de México, durante la marcha en alguna de las pancartas que portaban se leía ¿Cómo vamos a educar para liberar en el país donde te matan por estudiar? como muestra de que el grito de dolor persiste.
¡Ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos! portaban estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
“En el nombre de los oprimidos, sus hijos, y del espíritu revolucionario… LUCHA”.
Que esta conmemoración nos recuerde como nación que aún tenemos una reparación de daños gigante que saldar con nuestras juventudes, quienes, a pesar de la adversidad, de espacios que no los reconocen, ignoran y maltratan, continúan adelante muchas veces en soledad, con el miedo a cuestas y la indiferencia social.
Que el Estado Mexicano sea capaz de construir en un acto de justicia condiciones reales de florecimiento para jóvenes que han visto truncado el porvenir a consecuencia de la injusticia sistémica de la desigualdad y sus violencias.
Que ahí donde haya un joven que grite, exista una aldea que lo escuche y acompañe.



