La Gualdra 734 / Exposiciones / Arte
Los hermanos Ramos Pinedo, Imuris y José Arturo, originarios de Zacatecas, inauguraron sus exposiciones el 25 de septiembre en la Galería Irma Valerio. En conjunto han realizado un varias obras murales desde hace poco más de 15 años; en el Estado hay murales de su autoría en el Museo Toma de Zacatecas, la Ciudadela de Arte, el Instituto Zacatecano de Cultura, la Secretaría de Educación y en los edificios de Posgrado de la Universidad Autónoma de Zacatecas; en Aguascalientes: en la XIV Zona Militar, en la plaza cívica de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y en en el Museo Nacional de la Muerte; y en el extranjero: en el Memorial Library y en el centro comunitario de Pharr Texas, en el consulado mexicano de McAllen Texas, y en el centro comercial Plaza México en Atlanta Georgia, entre otros.
En esta ocasión presentan dos colecciones individuales: Imuris, Revelaciones de la trascendencia; y José Arturo, Desiderium animae. Ambas exposiciones permanecerán en exhibición hasta el mes de noviembre en la galería ubicada en calle Tacuba 176 del centro histórico de Zacatecas.
Imuris Aram Ramos Pinedo
Imuris Aram Ramos Pinedo (Zacatecas, 1985) inició sus estudios en el Taller de Pintura y Grabado Julio Ruelas con Alejandro Nava; es egresado de la Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad de las Artes del Instituto Cultural de Aguascalientes, de la Maestría en Artes Visuales y el Doctorado en Artes y Diseño en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM. Ha realizado desde 2010 hasta la fecha 23 murales pictóricos con el apoyo de su hermano José Arturo, en varias ciudades de México, McAllen y Pharr en Texas, Atlanta, Georgia, E.U.A. y Valencia, España. Desde 2021 es docente investigador en la Licenciatura en Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas, donde imparte las materias de dibujo y pintura.
Sobre su exposición Revelaciones de la trascendencia, nos dice que algunos de sus cuadros “utilizan símbolos que pertenecen a la tradición del arte religioso barroco, situados en un contexto actual, no tienen un tema muy definido, pero proponen una reflexión de la existencia humana y su relación con la naturaleza”.
Hay otra serie más con cinco dibujos realizados con carbón, gis, lápiz graso y tinta china sobre papel en los que “se representan personajes con atuendos prehispánicos sobre fondos de ruinas arqueológicas, hombres y mujeres que miran con orgullo hacia el espectador”. Además, una obra de mayor tamaño recibe a los visitantes en la galería “es una de las piezas centrales de la exposición, un cuadro de escala monumental (2.25 x 4 metros) que lleva como título Entre la vida y el delirio. Allí se representa la dualidad de una manera simbólica y alegórica: la vida y la muerte, el día y la noche, lo efímero y lo permanente, la creación y la destrucción; algunos personajes actuales y otros atemporales, elementos naturales, arquitectura, y animales […] la piezas muestran, con un lenguaje visual figurativo y realista, símbolos y conceptos que invitan a reflexionar acerca de la condición humana, el paso del tiempo, la belleza y la fragilidad de la vida”.
José Arturo Ramos Pinedo
José Arturo Ramos Pinedo (Zacatecas, 1982) también fue alumno del Taller de Pintura y Grabado Julio Ruelas y es egresado de la Licenciatura en Artes Visuales de la Universidad de las Artes del Instituto Cultural de Aguascalientes. Junto con hermano Imuris ha realizado varios murales entre en diferentes ciudades del país y el extranjero. Suma más de 20 exposiciones tanto colectivas como individuales. Sobre su exposición Desiderium animae, nos dice lo siguiente:
“Existe una sed que no pertenece enteramente al cuerpo. Una sed de presencia, de belleza y de permanencia; el deseo de alcanzar algo esencial en el otro y conservar aquello que el tiempo amenaza con borrar. Porque incluso cuando la existencia se prolonga, el deseo permanece: la eternidad no apaga el anhelo, acaso lo vuelve infinito.
Desde esa sed emerge la figura humana como territorio de la conciencia. El cuerpo —idealizado, herido, fragmentado o sublime— contiene memoria, voluntad y deseo. Su anatomía dialoga con el equilibrio de lo clásico y con una antigua aspiración humana: permanecer frente al tiempo aun sabiendo que toda materia está destinada a transformarse.
El erotismo nace de esa misma búsqueda. Una espalda que oculta el rostro, una máscara, una mirada, un cuerpo apenas revelado: la belleza conserva siempre algo inaccesible. Mirar no es poseer. El deseo se aproxima entonces al misterio, al sueño, al amor y, por momentos, a lo sagrado.
También la luz y la oscuridad habitan este territorio sin enfrentarse. No representan el bien y el mal: son distintas formas de existencia. Hay quienes recuerdan la luz mientras aprenden a habitar la noche; presencias que llevan consigo la memoria de aquello que amaron, perdieron o alguna vez desearon.
Frente al tiempo, la herida y la pérdida permanecen; sin embargo, una última posibilidad: la dignidad. El cuerpo puede fatigarse y la piedra convertirse en ruina, pero algo de la conciencia persiste. Permanecer no significa ser invulnerable, sino conservar el honor después de haber conocido el dolor.
Las palabras latinas que acompañan estas imágenes parecen llegar desde otro tiempo para nombrar aquello que aún nos pertenece: memoria, deseo, dignidad, permanencia. No hablan del pasado; hablan de aquello que en el ser humano parece resistirse a desaparecer.
Desiderium Animae habita precisamente ese lugar: el instante en que cuerpo, deseo, memoria y espíritu se encuentran ante la conciencia de lo efímero. Porque quizá nuestra sed más profunda no sea la de vivir eternamente, sino la de que algo de aquello que hemos amado, deseado y sido no desaparezca con nosotros”.
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