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Alberto Huerta tal y como yo lo imagino

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Por: SIGIFREDO ESQUIVEL MARIN •

La Gualdra 729 / Alberto Huerta / FENALIZ 2026

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Blanchot escribió un hermoso ensayo sobre Michel Foucault tal y como lo imaginaba; lo vio varias veces en la lejanía y el pudor le impidió acercarse. Ricardo Reyes Mata, El Rusty, amigo entrañable, me habló de su amistad y andanzas compartidas con Alberto Huerta, Huertita le decía con cariño y afecto; en cambio yo lo veía con cierto temor y respeto a la distancia. Leí su obra y me impactó sobremanera, asistí a varias puestas en escena suyas y también me sacudieron por completo, su trabajo escénico se asemejaba a otro grande del teatro, Ludwik Margules, la economía de la escena, la naturalidad a flor de piel, estaban lejos del teatro grandilocuente afectado y retórico de melcocha Televisa. En particular una puesta de escena de Samuel Beckett me pareció soberbia. Eternamente, lo recuerdo saliendo o entrando al Teatro Calderón con su sombrero y mirada circunspecta, nunca me acerqué.

Personaje mítico, casi de fábula, algunas personas próximas hablaban del carácter fuerte, polémico, así como de sus manías. Yo leía sus publicaciones y encontraba siempre la conexión con la vida exuberante que solamente la literatura de verdad nos otorga. Era un narrador que conectaba con el lector, por nocaut, un gancho al hígado del respetable público. En su breve relato “Voy y vengo” se puede ver una micro-historia, una estética lúcida, pesimista y corrosiva, pero también un arte poética de cómo escribir acerca del mundo contemporáneo de forma concisa y rotunda; ya el epígrafe de Manuel Vicent inyecta una sobredosis de humor ácido:

Voy y vengo. Él dice. Voy y vengo. Continúa hablando en voz baja. Camino con pasos de ebrio. Me detengo y te pienso: granito de azúcar mascabado. Almendrita. Zumo de lima. Yema de huevo. Pedacito de pan bolillo recién salido del horno. Nube. Semita con nata, canela y azúcar. Estrella que brilla parpadeante. Son veracruzano. Gajo de mandarina. Tablilla de chocolate de metate. Ojos de gacela traviesa. Pescadilla plateada. Rayito de sol. Sopita de pan y ajo. Hojita de menta. De té de limón. De infusión de canela. Sopita de fideo. Higadito de pollo. Trocito de lechuga. Higo recién cortado. Tacita espumosa de café con leche. Te nombro y apareces radiante, plena de luz Duraznillo con sal. Pico de gallo de jícama, piña y naranja. Vasito de anís dulce. Con estos ojos muertos te estoy mirando. Con esta tímida mirada cansada. Con estos ojos te toco y acaricio tu cuerpo, tu rostro, tu pelo. Con estas manos llenas de manchas y un revoltijo de tendones y venas abultadas te estoy tocando. Te veo y te toco. Y te escucho. Te escucho llorar y reír. Yo sé que nunca besaré tu boca / tu boca de púrpura encendida… canta… canta casi en un murmullo… con estos brazos flacos te arropo… Y te sigo tocando, ávido. Con mi voz que es un soplo y murmullo. El recuerdo tatuado de tus nalgas, redondas y exactas, como la hora bruja, como la hora del lobo… Y se hace una oscuridad opaca en la noche. Noche amarga. Sola. Llena de naufragios. De cantos de sirenas. De voces. Gritos… y … sólo alcanza a decir: ¡Voy y vengo! (Alberto Huerta, “Voy vengo”, La Gualdra 278).

Su obra junto con la de José Agustín y otros autores de la onda marcaron para siempre la escena mexicana e hicieron que el llano en llamas del realismo tuviera ritmos de rock and roll y un trance de lirismo poético a toda velocidad. José Agustín y Huerta mimetizan la hipervelocidad de la incipiente vida moderna en México. El tratamiento del lenguaje, su temática y su poética vitalista hedonista y transida de un humor negro hacían que las obras de Alberto Huerta y José Agustín dieran un paso de la literatura realista y costumbrista mexicana decimonónica a la modernidad. Las obras de José Agustín y Huerta forman parte de la cultura mexicana, se retroalimentan con nuestro rock híbrido y mestizo, El Personal, Botellita de Jerez y Café Tacuba respiran y transpiran el ritmo de una narrativa poética que hace del habla coloquial un canto. La agilidad narrativa empata con la ironía ácida: sirvan estas líneas del micro-relato “Herodes” para masacrar la apacible conciencia lectora: “¡Dejad que los niños se acerquen a mí!, dijo Herodes con voz melosa de cura de pueblo y dibuja una sonrisa hipócrita, de político en campaña electoral, mientras esconde detrás de la espalda el cuchillo carnicero” (La Gualdra 363).

Roland Barthes había dicho que las grandes obras literarias ya no pertenecen a un autor particular sino que son patrimonio de la cultura, de una sociedad e incluso de la humanidad entera. Muchas de las expresiones de José Agustín y Alberto Huerta forman parte ya del imaginario social y la cultura viva que resiste frente a las formas de control social. Otro grande de la literatura de la onda, que destacó por su obra arriesgada y experimental, Gustavo Sainz lo antologó en su obra Jaula de palabras a inicios de los ochenta.

Las letras, la cultura y la gestión cultural en la parte centro-norte le debe mucho a la herencia viva y vitalista de escritores y gestores culturales como José de Jesús Sampedro y Alberto Huerta quienes llevaron la literatura a las cimas del rock and roll y regresaron la poética de la vida a la fuente coloquial espontánea. Su obra y sus aportaciones forman parte del imaginario socio-cultural contemporáneo. Zacatecas resulta inconcebible sin el legado de Sampedro y de Huerta.

Ahora que ya no está el maestro Alberto Huerta con nosotros aquí (Ojalá estuvieras aquí, así tituló su super hit ganador del premio nacional de cuento en el lejano 1977). Lo imagino en el Olimpo de las letras mexicanas atisbando el infinito en acordes de Pink Floyd y entregado a la seducción de voluptuosas musas etéreas. He llegado a imaginar su murmullo, a deshoras de la noche después de algún ensayo teatral, en los pasillos y pasadizos del Teatro Calderón, tarareando en su mente algunos versos sincopados de Daniel Santos y su Virgen de Medianoche. Ojalá sigas estando con los jóvenes y ya no tan jóvenes lectores maestro Huerta. Larga vida a una obra que sigue floreciendo en múltiples derivas.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_729



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