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Primer domicilio de la Normal Lancasteriana de Zacatecas (1826)

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Por: LEONEL CONTRERAS BETANCOURT •

Acerca de la apertura de la Normal lancasteriana, el 17 de abril comenzaban a haber buenas señales; el H. Cabildo comunicaba al Gobierno del Estado la llegada procedente de Guanajuato de José Hidalgo de Ortega, maestro que se encargaría del arreglo y dirección de la Normal. 

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Finalmente, estando ya en la ciudad Hidalgo de Ortega, quien sería su primer director, el 6 de septiembre, el diputado Cayetano Martínez y Murguía en sesión del Congreso hizo mención al día 17 como “el destinado para la pública apertura de la escuela lancasteriana”. Por fin había concluido el arreglo que se hizo a una de las salas del Edificio de la Condesa. La nueva institución educativa había sido posible gracias al espíritu filantrópico mostrado por la Primera Legislatura y al espíritu patriótico de sus miembros. 

La Legislatura que le sucedió, que no era otra que la que se encontraba en funciones cuando la Normal abrió sus puertas, debería preocuparse por buscar la perfección del establecimiento, pues según el deseo del Murguía, “con razón nos debemos prometer los frutos más copiosos y sazonados que a su vez [hace mención a los futuros ciudadanos que en ella se instruirán] ocuparán los puestos públicos del Estado y serán su más firme apoyo y contribuirán por lo mismo al de toda la federación” (AHEZ. Fondo Poder Legislativo, Serie Comisión de Gobernación, septiembre 6 de 1826). 

Tales eran el sueño y los buenos deseos que externaba el diputado. Los sazonados frutos que el diputado Murguía y la clase política zacatecana esperaban cosechar con el establecimiento de la Normal eran los de propagar la ilustración a través de enseñar el alfabeto y la instrucción de las primeras letras, además de formar futuros ciudadanos en el mayor número de la población, analfabeta en una aplastante mayoría.   

Además de los diputados de la primera y segunda legislaturas, contribuyó en su establecimiento la Sociedad Patriótica de “Amigos del País”, cuyos integrantes, ciudadanos ilustrados, formaban parte de la élite política de entonces y varios de ellos habían sido, eran o llegarían a ser diputados. 

El lugar en donde arrancó con sus actividades la Escuela Normal fue una amplia sala del segundo piso del Edificio de la Condesa, ubicado frente a la Plaza de Villarreal, por cuya renta el Ayuntamiento pagaba a su propietario 30 pesos mensuales. Este monumental edificio de La Condesa había pertenecido a Fernando de la Campa y Cos, Conde de San Mateo, y posteriormente a su hija María Ana de la Campa y Cos, heredera del título de Condesa de San Mateo de Valparaíso; de ahí el nombre con el que se conoció al edificio. 

Una vez que el Ayuntamiento encontró disponible este inmueble, se dio a la tarea de pintar y arreglar las piezas que servirían como salón de clase y casa contigua para el maestro que estaría al frente de la Escuela Normal. (Véase: Vidal, S. (1961) óp ,cit., p. 4). El arreglo del salón contempló dotarlo de bancas, canapés, tarima y escritorio del director y otros materiales didácticos necesarios que el método lancasteriano requería. 

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