Defender a la universidad pública no significa defender, a cualquier costo, las estructuras que durante décadas se han instalado en su interior. Defender a la universidad pública significa, sobre todo, defender su capacidad para cumplir la función social que justifica su existencia. Y esa discusión resulta hoy inaplazable en la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ).
La universidad enfrenta una crisis económica y financiera que no puede resolverse únicamente reclamando mayores recursos públicos. El presupuesto es indispensable, pero también lo es discutir qué universidad necesita Zacatecas, qué carreras demanda su desarrollo y qué capacidades requiere para enfrentar problemas como la desigualdad, la migración, la inseguridad, la crisis hídrica, el deterioro ambiental y la transformación tecnológica.
La BUAZ necesita emprender una reforma profunda de sus planes y programas de estudio. No para someterse a las exigencias del mercado, sino para recuperar pertinencia social. Una universidad de izquierda debe formar profesionales capaces de transformar su realidad y poner el conocimiento al servicio de las mayorías, no limitarse a reproducir estructuras académicas y políticas construidas en otros tiempos.
El problema financiero tampoco puede seguir posponiéndose. Las señales del gobierno federal son claras: la expansión de la educación media superior y superior se está impulsando mediante nuevas instituciones y proyectos, como la Universidad Nacional Rosario Castellanos. El mensaje de los incrementos presupuestales magros también está ahí: no parece existir disposición para financiar indefinidamente el crecimiento de las universidades autónomas sin que antes resuelvan sus problemas estructurales.
Esto no significa que la BUAZ carezca de calidad. Significa que existe una creciente exigencia de reorganización, contención y responsabilidad financiera. La autonomía no puede convertirse en aislamiento ni en pretexto para eludir decisiones difíciles.
La comunidad universitaria tiene, por tanto, una responsabilidad histórica: construir un nuevo pacto institucional que preserve la educación pública, pero transforme profundamente a la universidad. El mayor obstáculo no es la falta de capacidades académicas, sino que los grupos políticos continúen reproduciendo prácticas y disputas de hace décadas.
La BUAZ necesita recuperar la esperanza, pero para hacerlo debe recuperar primero su capacidad de reformarse a sí misma.



