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■ Historia y poder

Rodolfo Olguin Ruiz, José Badillo, “kuinazo” a las audiencias

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

El maestro Rodolfo Olguin Ruiz presentó su más reciente libro, LA ÚLTIMA REBELIÓN HUACHICHIL, en el programa radial y televisivo KRXlll que dirige el destacado semoviente José Badillo. El evento sirvió para darnos cuenta de pícaras circunstancias y lastimosos asombros: por un lado, un dizque prólogo del parásito del romanticismo guitarrero del país, Arturo Meza, y por otro, que no es un ensayo histórico, sino una serie de cuentos en que el autor incorpora leyendas y datos muy cuestionables.

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No es que uno se espante; nos gusta que el profe Olguin continúe con su labor de escribir e imprimir sus propios libros. Con este fácil, lleva más de una decena y es de admirarse, pues adelanta a las autoridades municipales y estatales en labor editorial independiente y con calidad en la presentación, diseño, estilo y ultra permanencia, en la que sus propios familiares le apoyan con bosquejos, estilos y fragancias.

El tema es el prejuicio de las audiencias; pensábamos que se abordaría una de las resistencias más admirables de las naciones indígenas de hace 500 años en la gran Chichimeca y que abarcaba a numerosísimos pueblos y, entre ellos, los huachichiles, que llegaban hasta lo que ahora es Monterrey y sus ciudades aledañas y que tenían fama de guerreros audaces y capaces de hacer fracasar durante 50 años los intentos criminales de los conquistadores españoles por quitarles tierras y minas y ríos y árboles frutales.

El recurso del cuento es muy facilote; el narrador dice lo que quiere, cuando quiere y como puede. Creemos que jamás se debe escribir “la última”, sino la más reciente rebelión de los indígenas y, si bien el escritor y José Badillo —famoso en los bajos barrios del punk, la cerveza, los hospitales de excesos y el desmadre callejero— llevaron a cabo su programa de casi 2 horas, se puso a avispar a la audiencia acorralada que no se trataba solo de animarlo, sino de cuestionar y proponer y deslumbrar —como seguido lo hacen ambos— con libros y entrevistados, bailes chiricahuas o rokeros hipertensos, actividades y excursiones, y para ellos Badillo ya tiene doctorado desde su rica experiencia en Radio Universidad.

En suma, que es un libro que viene a inquietar, a cuestionar; el mismo autor advierte:  “si nos les gusta, aviéntenlo a la calle o a la hoguera”, pero lo fundamental es reconsiderar la gran numerosa población indígena en territorio potosino y que en la actualidad raya en casi 500 mil habitantes y que aún son víctimas de maltratos, enfermedades, racismo y siguen atrapados en la leyenda turística o, en este caso, cuentos cortos que quizás no logren ampliar el panorama de su larguísima historia de casi 12 mil años y la actualidad en donde la pluriculturalidad raya en el asombro por las lenguas e idiomas que son cosa de extrañeza y privilegio.

Lo mismo pasa en el país entero: Zacatecas y Coahuila, Tamaulipas u Oaxaca, Veracruz o en Ensenada, los pueblos originarios no se sienten cansados, se erigen con festividades y luchas sociales legítimas y acuerdos con autoridades nacionales y locales que sirven para mejorar sus condiciones tan adversas, pues siguen, en el caso potosino y zacatecano, las viejas costumbres de la pederastia e intercambio de niñas y mujeres por ganado o tierras a cambio de matrimonios forzados; persisten el analfabetismo, las tiendas de raya, las largas jornadas de 12 horas de trabajos, los bajísimos salarios, las enfermedades como la lepra, la sífilis, la tuberculosis o el cáncer, el alcoholismo y otros males muy antiguos.

Ojalá que el destacado escritor, humanista y deportista Rodolfo “Popo” Olguin siga en su afán testimonial irrefrenable como lo ha llevado desde hace varias décadas. El tema es su fecha de nacimiento; la gente que nace el 18 de junio —igual que el Chiquilín Aguilar— son desconfiados de todo, detestan partidos y gobiernos de avanzada, son críticos de todo, nunca cesa su sarcasmo, su ira ante lo establecido, no pueden ni deben estar quietos y esa inquietud los lleva siempre a dar giros provocativos, mordaces, mendaces.

Por parte del destacado cantante José Badillo, mejor conocido como Kuino, es parte integrante de la comunidad musical EUSKAZKERRA en honor a la lucha del pueblo vasco por su independencia y es un referente de mucha sanidad, alto periodismo y sentido común. Hace poco fue invitado por la destacada compañía teatral EL RINOCERONTE ENAMORADO a hacer un papel y hubo llenos totales y torales.

Orgullo es lo que sentimos y altivez y parteaguas, pero también la necesidad de la denuncia, la creatividad sin límites, la capacidad de llevar a cabo la buena narrativa que despierta, despabila, propone y dispone, mientras el país continúa con una comunidad derechista de por lo menos 20 millones de sus adláteres y, fácil, unos 80 millones que seguimos en el sentido común de acompañar a la cuarta a que no cuartee y siga esta ronda donde no hemos olvidado nada ni hemos olvidado a nadie.

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