Hablemos de FUT, y antes de que se termine el Mundial, quisiera comentar algunas de mis experiencias personales y mis reflexiones actuales sobre el Mundial, la FIFA y la Selección de Argentina.
Comenzaré por recordar que en el año (pre diluviano) de 1970 cursaba yo el segundo año de la carrera de medicina en la UNAM, recibía de mi padre una raquítica mensualidad de 600 pesos (anterior a que le quitaran los 3 ceros a la moneda), los cuales serían 60 centavos en términos actuales; pero ya comenzaba a independizarme trabajando como asistente en la cátedra de Anatomía de la Facultad de Medicina y en un sanatorio particular propiedad del profesor de Anatomía, que mucho me apoyó en aquellos tiempos; lo que me dejaba otros mil 200 pesos más que me hacían considerar como un estudiante rico (¿?); y que me permitió el lujo de comprar mis boletos para acceder al Estadio Azteca desde partidos iniciales de la Selección Nacional hasta las semifinales y la gran final. Los detalles no los recuerdo bien, pero eran de 7 a 8 boletos; claro, en la parte de arriba del estadio. El punto es entender cómo un estudiante realmente con bajos recursos pudo adquirir esos boletos, cuando en el presente Mundial rondan de los 50 a 100 mil pesos por boleto… vaya una diferencia a través de los tiempos.
Este escenario, espero, nos permita repensar sobre la evolución del Mundial donde la FIFA ha demostrado en forma fehaciente cómo se ha convertido en la empresa más corrupta y más elitista, cuya avaricia ha permitido que el deporte, otrora popular, se convierta en un deporte de las élites económicas, que son las que, también con dificultad, pueden adquirir el boletaje para acceder a los estadios.
La corrupción dentro de la FIFA es por todos conocida, desde los tiempos de Havelange (brasileño), los de Blatter (suizo), hasta Platini (francés), anteriores dirigentes, que fueron no solo cuestionados, sino enjuiciados por sus claros antecedentes de corrupción en beneficio propio dentro de la organización que dirigieron, y fueron ¿absueltos?, simplemente por pagar a los abogados más caros del mundo que actuaron en su defensa. Y así llegamos a Infantino, personaje de origen suizo-italiano que actualmente dirige una organización que ya participa entre las firmas trasnacionales con más lucro de entre las múltiples empresas mundiales y compite en las ligas superiores con personajes impresentables como Musk y compañía.
Ninguna persona bien informada podrá ignorar la actuación del personaje que ahora nos ocupa, sus tristes actos terminaron por explicar sus actitudes cuando decidió inventar un premio de la FIFA para la PAZ y entregárselo a TRUMP en la misma Casa Blanca donde claramente evidenció sus tristes pretensiones junto al señor naranja, uno de los personajes más cuestionados de la actualidad.
Ya no digamos por el hecho de que excluyó a Rusia (por su invasión a Ucrania), de la justa mundialista, pero permitió la participación de ISRAEL, país que realiza uno de los actos más genocidas que ha presenciado una humanidad silenciosa, que en su silencio, peca por omisión ante la terrible agresión del pueblo palestino.
Pues bien, este señor armó el gran evento del MUNDIAL y buscó los caminos para recibir exorbitantes cantidades de ingresos que le llevaran a la cúspide de los magnates del espectro neoliberal internacional, con ingresos que ni los países que organizaron la justa, pudieron siquiera cobrar algo de los impuestos sobre las enormes ganancias, ya que tuvieron que invertir de su propio bolsillo enormes cantidades de recursos para que el Mundial fuera en efecto, una celebración de brillo mundial.
Pero ahí no quedaron las cosas, el mundo se vio sorprendido cuando una tarjeta roja por un acto claramente de violencia sobre un jugador contrario provocó la inhabilitación de un jugador de la selección norteamericana en el siguiente partido, como lo indican las reglas, lo que no gustó al orate naranja, quien desde el salón oval llamó a Infantino, no para sugerirle, sino para ordenarle que retirara la sanción.
Las cosas hubieran pasado desapercibidas como en los tiempos que Mussolini en el Mundial de Italia o el general Videla de la dictadura militar argentina, quienes intervinieron directamente para favorecer a sus propias selecciones lo cual se actuó con discreción y en silencio aunque tarde que temprano se dieron a conocer los hechos; solo que en el caso actual, la discreción no cabía en la boca de quien, sin pensarlo dos veces, gusta de exponer sus actos ilegales (y más pronto que tarde), el personaje que encabeza el imperio salió a presumir como lo ha hecho en cuanto a su intervención en las elecciones de países latinoamericanos ahora bajo su resguardo; y para poner solo un ejemplo, recordemos cómo recientemente se vanaglorió de haber favorecido al candidato de la ultraderecha actual, el presidente electo de Colombia al quien le dijo, en forma clara y ruidosa, que él lo había llevado de estar en el lugar número 10 en las preferencias electorales, a triunfar en un competitivo proceso electoral por menos de medio punto porcentual sobre el candidato oficial de la izquierda.
Pues bien, todos le escuchamos claro y fuerte presumir que le había llamado a Infantino no para solicitarle, sino para exigirle que retirara el castigo por la tarjeta roja y le permitiera jugar habiéndose retirado la penalización, lo cual hizo solo para ser humillado por la Selección de Bélgica al haber sido goleados 4 contra 1.
Después de esto ya nada nos sorprende y es claro a todas luces la burda protección de la Selección de Argentina impulsada por el propio Infantino y secuaces (árbitros de la FIFA) cuando se ha impulsado la victoria en partidos que debieron haber perdido contra Cabo Verde primero, y después en contra de Egipto, porque ambas selecciones vencieron en los hechos al equipo predilecto de Infantino y fueron derrotados por dudosas y cuestionables decisiones del arbitraje y del VAR que los dejaron alevosamente fuera del campeonato.
No nos sorprende porque estamos acostumbrados al arbitraje mexicano que siempre ha favorecido al América marcando penaltis a su favor en los últimos minutos, y eso es lo que pasó en los dos últimos partidos de Argentina, donde los medios (los parciales) anunciaron como grandes remontadas, la realidad fue diferente a todas luces.
Ya no digamos cómo esto mismo, de malos recursos arbitrales, dejó a IRÁN fuera de la competencia, un equipo que fue maltratado no solo por la FIFA, sino principalmente por los ESTADOS UNIDOS, un país organizador, y otros ejemplos podríamos traer a colación pero el caso de Argentina es suficientemente explicativo, y por si lo olvidamos, solo recordemos la cara de disgusto de Infantino ante los magníficos goles que Egipto le anotó a su Selección predilecta cuyo juego al menos en este Mundial ha sido claramente deficiente.
Y finalmente, todos también vimos la terrible agresión que Messi, el famoso crac argentino, provocó sobre la pierna de un contrincante; por ello tendría mínimamente que ser expulsado e inhabilitado al menos por un juego, pero no, eso no sucede en un Mundial tendencioso que todos tendríamos que cuestionar.
Seguiremos hablando sobre el tema en nuestras próximas colaboraciones.



