En días recientes, México ha estado inundado de noticias por el Mundial de Futbol y lo estará hasta el próximo 19 de julio. El gobierno, el sector empresarial, los medios de comunicación y muchas personas no hablan de otra cosa. Inclusive en la conferencia diaria de la presidenta se ha abordado este tema, destacando el beneficio de su realización para nuestro país; la participación de las mujeres e inclusive haciendo famoso al pato Merlín, como mascota del encuentro. Sin embargo, es necesario examinar este acontecimiento desde otra perspectiva.
Desde el punto de vista positivo, podemos destacar un fenómeno que ha resultado ser único ante el triunfo de la selección nacional, y es que muchos mexicanos han salido a las calles a celebrar jubilosamente el éxito de su equipo. Podríamos decir que esta expresión de alegría difícilmente se puede comparar con otra festividad nacional.
Este hecho, que en otro momento podríamos calificar como una expresión de fanatismo, frente a la situación que vive hoy el mundo, con guerras y tragedias, y que vive también México frente a la inseguridad producida por el narcotráfico, las acciones del vecino del norte y la lucha por los desaparecidos, entre otras cosas, es una muestra de alegría que no habíamos visto en años recientes y que no la detuvo ni una lluvia torrencial. Fue una muestra del “sí se puede”, que ha sido símbolo de un déficit difundido en la población a causa del colonialismo. Sin embargo, también hay que destacar que el enfrentamiento futbolístico es también entre los países representados por los equipos.
El futbol, como otros deportes, es la expresión del máximo esfuerzo que hace el ser humano por rebasar los límites; el movimiento del cuerpo y la competencia son una manera de mostrar la excelencia de la vida humana y la estética de los cuerpos y de los escenarios. Por último, la tecnología ha venido a auxiliar al árbitro (o la árbitra) para ser más justo en sus calificaciones de las jugadas.
Sin embargo, el actual torneo al que nos referimos tiene aspectos negativos. El primero que sobresale es que la división de clases es más profunda que en otros tiempos. El pueblo no puede presenciar directamente los partidos en los estadios por una simple razón: los boletos cuestan tres veces más de lo que gana un obrero al mes (de 9 mil a 11 mil) en gayola y, por tanto, no alcanza el salario para comprarlos.
Está obligado a verlos en sus casas o en los bares y celebrar los triunfos en las calles. Por otro lado, los futbolistas en sí mismos, los uniformes y los mil y un negocios alrededor de la justa se han convertido en un pingüe negocio.
Es el modo de ser del capitalismo que convierte cualquier acto, objeto o sentimiento humano en un objeto de compra-venta. Es la cosificación del ser humano moderno. Pero cuando el negocio, desde el punto de vista ético, llega a ser ignominioso es cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, utiliza a la organización para premiar con ¡el FIFA de la paz!; la entrega de un trofeo personalizado, de una medalla y, por si fuera poco, la promesa de tener el honor de otorgar el trofeo al triunfador de la competencia, nada menos que a Donald Trump.
Esto implica sobrepasar los límites, ya que el premiado ha apoyado al gobierno de Israel para llevar a cabo un genocidio contra el pueblo palestino; ha ordenado el secuestro del presidente de Venezuela y su esposa sin importar la soberanía de un país; ha ordenado bombardear a Irán, matando a personas inocentes, y ha recrudecido el bloqueo a la heroica Cuba con la intención de liquidar la Revolución después de décadas de inhumano bloqueo. Es un ejemplo del cinismo al que se lleva a una organización para acabar de desnaturalizarla.
Así que un deporte como el futbol puede ser analizado por la estrategia puesta en marcha por los directores técnicos, por la narración de las hazañas de un Kylian Mbappé, Erling Haaland, Lionel Messi o Cristiano Ronaldo; por los resultados de cada partido, por sus ganancias económicas, pero también se hace necesario estudiarlo desde otras perspectivas.
* Profesor-investigador de filosofía de la UAM-I



