Por supuesto que los “triunfos electorales” de las derechas en Latinoamérica tienen que considerarse como una gran tragedia. Las consecuencias serán devastadoras para las poblaciones más desprotegidas y sobre todo para la soberanía de esos países, al menos mientras las resistencias no se intensifiquen.
Mientras que, en Estados Unidos, son los jóvenes los que están generando grandes movimientos de oposición y resistencia, entre otras cosas se multiplican las protestas y los triunfos electorales de candidaturas progresistas y socialistas como la de Zohran Mamdani en New York, lo paradójico es que las clases medias de los países latinoamericanos hayan consentido y, peor aún, estén celebrando los triunfos de las ultraderechas.
Pero ¿eso nos debe descorazonar?
Debemos sentir empatía por la población más desprotegida de esos países. Pero no hay razón para descorazonarnos, porque esos triunfos son efímeros y no lograrán sacar a Latinoamérica ni al propio Estados Unidos del estancamiento económico, porque ¿cómo lo haría?
Elemental, si el imperio está en crisis, es ingenuo pensar que, a ti país dependiente y endeudado con el imperio, te van a sacar de tu crisis. Y eso es lo que deberían estar viendo las clases medias, que en teoría debían ser los motores del desarrollo social de todo país.
Lamentablemente, las clases medias son el sector más mediatizado, hipnotizado por la propaganda y sumido en la miopía, lo que refleja un atraso ideológico y cultural tremendo y vergonzoso. Traducción para los derechosos clasemedieros de México y del mundo, «si el establishment del imperio no tiene intención de salvar a su clase media, ¿por qué te salvaría a ti? Ten seguridad de que no vas a cambiar de clase social. Seguirás siendo asalariado, aunque te saques la lotería».
Todo tiene explicación. En los “triunfos” electorales en Latinoamérica se combinan varios factores:
1) Indudablemente que el intervencionismo ha sido determinante. Washington no puede dejar que Latinoamérica deje de ser su patio trasero, depende de él, como fuente de materias primas, fuente de energía, de mano de obra barata y de reserva. Latinoamérica representa un enorme mercado, principalmente financiero y de armas, e incluso lo necesita como proveedor de drogas que tanto provecho le han dado; así que tuvo que echar toda la carne al asador.
2) La propaganda, o guerra cognitiva, sigue siendo infalible y evita que muchísima gente esté bien informada y sea analítica. Basta con memes y consignas cortas para sembrar ilusiones de que se puede ser multimillonario, que hay que diferenciarse de los pobres, o retroalimentar el clasismo, o reavivar “el sueño americano” y descorazonar a la población haciendo creer que el socialismo es un fracaso. Y eso es lo que, consciente o inconscientemente, ha magnificado al entreguismo. La lucha ideológica no tiene treguas. Las derechas tienen recursos fáciles, mientras que el humanismo tiene que estudiar, elaborar y convencer.
3) La mayoría de las economías latinoamericanas no tienen las posibilidades que tienen las de México y Brasil de ser medianamente autosuficientes, y los gobiernos no tiene gran margen de maniobra para hacer prosperar grandes cambios, porque no tienen los recursos financieros, los agobia la deuda y el déficit público, y la estructura política se los impide, su legislación, las legislaturas, el Poder Judicial y el sistema fiscal. Igual que en el mundo liberal necesitarían cambios estructurales. Así que no pueden darle gusto a las expectativas de la gente.
4) Y no es para nada descartable, sino todo lo contrario, que, en estos tiempos de desarrollo explosivo de la inteligencia artificial, se hayan injertado algoritmos a los sistemas de cómputo electrónico para arreglar los resultados porque no puede ser casual que, con excepción de Brasil y México, en toda Latinoamérica gane la derecha.
Y estas 4 cosas que han sido elementos de control, no son exclusivas para Latinoamérica, embonan o afloran en forma similar en Europa, y en mismo Estados Unidos, sumidos en una prolongada crisis económica y donde ninguna expresión política, ni de derecha, centro o izquierda, y en Estados Unidos ni demócratas ni republicanos, han podido visualizar cómo salir.
Pero ni los triunfos de las ultraderechas, ni los aranceles, ni las guerras, ni el pirataje de buques petroleros evitarán el declive de las economías occidentales, porque si tuvieran capacidad ya lo hubieran hecho. Y en eso habría que recapacitar.
Los oligarcas del mundo occidental promovieron la deslocalización de la industria, primeramente, a China, otros países asiáticos y México, y no fue por diplomacia, fue para explotar mano de obra y recursos energéticos y materias primas baratos; abandonaron a su suerte su clase media e hipotecaron el futuro de las nuevas generaciones a cambio de ganancias de sus capitales jugando a la especulación en las bolsas de valores, o de sus inversiones en los mercados financieros y de las armas.
En Estados Unidos, la primera potencia económica del mundo, decenas de millones de trabajadores están ganando sueldos de hambre. Hay cerca de 800 mil homeless y más de 20 millones de personas gastan el 50 por ciento o más de sus ingresos en renta. El sistema educativo es prohibitivo a nivel universitario. Y, a diferencia de varias potencias económicas europeas, se carece de un sistema de salud universal, y el acceso a servicios médicos es prohibitivo para la mayoría de la población.
La solución a la crisis de la economía occidental podría ser muy simple. China es un gran ejemplo, primero hay que sacar de la pobreza a la población. Y esto está siendo observado en el mismo Estados Unido, y varios candidatos a las elecciones legislativas de noviembre lo repiten, «aquí abajo, en México tenemos un gran ejemplo, primero los pobres; el capital financiero necesita ser contenido; es necesario invertir la proporción de los impuestos, los multimillonarios deben pagar la proporción que pagan los trabajadores y al revés los trabajadores la que pagan los ricos…»
Es necesario frenar la súper concentración de los capitales, y fomentar la idea de que todos tenemos derecho a disfrutar de los beneficios del progreso, porque todos somos partícipes de la generación de riqueza y de la vida en sociedad, lo único que nos diferencia son los ingresos.
«Para ser de izquierda hay que leer y pensar, hay que tener conciencia de clase, para ser de derecha basta con estar orgulloso de tu propia ignorancia». Es un orgullo y un deber de clase ser de izquierda.



