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■ Cumple casi tres décadas el bastión de resistencia fundado por el empresario Martín Uvario

Sostienen su cruzada en Zacatecas: 27 años marchando contra rechazo familiar

■ Marchan contra el estigma de ver a la niñez de la diversidad como un "castigo"

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

Martín Uvario Gaspar marchará este julio, como todos los años, en Zacatecas, por los niños LGBT+ que son vistos como un castigo por sus padres, por las personas trans sometidas a tratos degradantes y por todos los jóvenes que no alcanzaron su potencial porque la sociedad los redujo a «jotos» o «putos». Es la marcha que él mismo fundó hace 27 años.

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El empresario restaurantero recuerda las redadas contra personas LGBT+ durante el gobierno de José Guadalupe Cervantes Corona (1980-1986), y los abusos especialmente inhumanos contra personas travestis. Describe al gobernante priísta como «una persona completamente homofóbica».

“Las redadas eran constantes en restaurantes
de comida nocturna, como uno llamado
Nápoles y otro, La Cochera, donde, recuerda,
‘íbamos a cenar, a tomar una cervecita o algo’.
Terminaban todos —clientela, meseros, hasta
el dueño— subidos a la patrulla”

Las redadas eran constantes en restaurantes de comida nocturna, como uno llamado Nápoles y otro, La Cochera, donde, recuerda, «íbamos a cenar, a tomar una cervecita o algo». Terminaban todos —clientela, meseros, hasta el dueño— subidos a la patrulla. Las multas correspondían al delito de «faltas a la moral», que en los hechos castigaba a las personas LGBT+ simplemente por estar ahí y atreverse a ser visibles. A las personas travestis, además de la detención y la multa, la policía las sometía a abuso sexual.

Un día, durante el gobierno de Miguel Alonso Reyes, la detención de varias personas travestis a la salida de una discoteca detonó el nacimiento de la Marcha del Orgullo en Zacatecas. Uvario acudió a la comandancia para exigir su liberación y terminó encabezando una movilización que dio origen a la manifestación anual. «Yo no sabía lo que era el activismo», recuerda.

Cuando llegó a la comandancia, la exigencia ya había reunido a entre 30 y 50 personas. En medio de la presión, recibió una llamada de la entonces presidenta municipal Magdalena Núñez Monreal, quien le pidió «tener un poquito de cuidado» por la situación política. Uvario aceptó llamar a la calma y pidió a la gente retirarse. Media hora después, afirma, las personas detenidas ya estaban fuera.

Hoy celebra poder ver a dos hombres tomados de la mano por la calle y enumera con cierta satisfacción conquistas como el matrimonio igualitario, que llegó después de “muchas batallas” y de una toma del Congreso del Estado. Al sonreír por las posibilidades de jóvenes que pueden elegir a quién amar y qué estudiar, también recuerda a los que solo podían elegir entre la prostitución, la peluquería o el servicio doméstico. Aplaude que «ahora ya hay médicos, abogados…», aunque señala la discriminación persistente en todos los ámbitos y etapas de vida.

Explica que el quiebre llega cuando los padres sienten que tener un hijo gay es una desgracia, sellando un destino muchas veces funesto o un camino difícil. En su propia trayectoria se percibe con mayor suerte al conceder que tiene un núcleo familiar que lo acepta, aunque sea “medianamente”.

Identifica la infancia como la etapa más dolorosa, aunque subraya que no hay ninguna etapa libre de discriminación para un hombre homosexual: en el colegio Sebastián Cabot enfrentó «muchísimo bullying» sin saber reconocerlo como tal. Dice que no era muy amanerado, pero aun así las monjas hablaban constantemente con sus padres acusándolo de «no ser normal» y terminaron por recomendarles que lo llevaran con un psicólogo-sacerdote en Guadalajara, el procedimiento habitual de la época para estos casos.

Al cuestionarle sobre la decisión de muchas familias de consultar con sacerdotes ante un hijo de la diversidad, responde: «Es el peor error que puede hacer un padre… ya sea católico, ya sea protestante, ya sea evangélico», porque dentro de esas instituciones la comunidad LGBT+ no entra en lo que consideran su normalidad, y lo único que pueden ofrecer es hacerle más daño.

Pone como ejemplo el silencio o rechazo de buena parte del clero mexicano ante la postura más abierta del papa Francisco hacia la comunidad LGBT+: ni un Santo Padre, dice, logró sacudir la homofobia de la mayoría de los católicos, y solo una minoría dentro de la Iglesia concedió algo de “aceptación”.

“También observa con preocupación
el avance de fuerzas políticas que en
ocasiones ya no esconden un discurso
homofóbico. En ese sentido, lamenta
el escenario actual en EU y Argentina”

 

También observa con preocupación el avance de fuerzas políticas que en ocasiones ya no esconden un discurso homofóbico. En ese sentido, lamenta el escenario actual en Estados Unidos y Argentina: «vuelven a votar por la misma ultraderecha que les mató a todos los hijos de otra gente», dice al referirse a las Madres de Plaza de Mayo y repudiar el retroceso de derechos bajo la administración de Donald Trump.

Uvario mantiene como proyectos crear una casa para jóvenes LGBT+ expulsados de sus hogares y otra para personas mayores de la diversidad sexual. Explica que la vejez representa una etapa de especial vulnerabilidad para sus hermanos. Imagina un espacio donde puedan recibir alimento, estudiar y acceder a atención médica y acompañamiento de su propia comunidad.

Para este 18 de julio, prevé seguir marchando «con mucha dignidad, con mucho orgullo», porque considera que la visibilidad sigue siendo una de las principales herramientas para defender los derechos de la comunidad LGBT+.

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