Hay enfermedades sociales que son progresivas y terminan en mortandad, porque su naturaleza resulta de hechos que son históricos y solo encuentran como solución, o superación, el surgimiento de algo nuevo. Sucede mucho con los movimientos sociales que no necesariamente representan a todo el segmento social o económico del que se habla. Uno de los mejores ejemplos, poco comprendido, es el de los campesinos. Se acostumbra meter en un mismo saco a segmentos sociales de naturaleza, motivaciones, intereses distintos o hasta encontrados.
Aunque hay mucha discusión sobre el concepto de campesino, demos por hecho que se trata de personas que de un modo u otro viven del campo. Podemos encontrar hombres adinerados, con grandes propiedades, vasta maquinaria agrícola, agua de pozo o presa para el riego y muchos trabajadores asalariados que permiten comercializar las cosechas y amasar fortuna; también tenemos a los campesinos poseedores de una pequeña parcela de temporal, trabajada por el núcleo familiar y sólo con producción de subsistencia. Aún más, tenemos a los campesinos que, sin pedazo de tierra, ofrecen sus brazos para trabajar como peones o jornaleros agrícolas.
A la fecha, muy pocos entienden que el surgimiento de movimientos campesinos tiene motivaciones muy diferentes según la naturaleza de su lucha, que va desde el estrato del que forma parte, de aspectos económicamente estructurales, aleatorios o temporaleros, como sucede con el precio de sus cosechas. Pero también hay movimientos que, agotadas sus motivaciones económicas, sociales o políticas, su tendencia es a la extinción, aunque muchos que se sienten sus “dirigentes” se encuentren aferrados a lo que ya no existe.
Lo hemos visto en los últimos meses: con la promulgación de una nueva ley del agua, se registraron protestas de los hidrofundistas (acaparadores de agua); pero, aunque se apoyaron en la movilización de campesinos desposeídos, esa protesta es de naturaleza diferente a la que dieron los productores de frijol de Zacatecas en contra de los “coyotes” y el tráfico de influencias en su lucha por ser incorporados al precio de garantía que dio el Gobierno Federal para las cosechas de pequeños productores, la mayoría de ellos, temporaleros y con muy bajo nivel de maquinización del campo.
La lucha que encabezó la organización de El Barzón Zacatecano surgió como respuesta social a la crisis económica del gobierno priísta de Ernesto Zedillo en 1994; fue por las altas tasas de interés y los créditos impagables. El Barzón surgió como respuesta a la crisis, por la reestructuración de las carteras vencidas y en contra de los embargos bancarios. Como la organización de El Barzón no actualizó y/o amplió sus objetivos de lucha, prácticamente ha desaparecido, aunque en su nombre hay oficinas en manos de “dirigentes” sin movimiento por dirigir.
La naturaleza de mediano o largo alcance de un movimiento puede “institucionalizarse” en organización o, simplemente, crear un comité que se desvanece con el logro de sus objetivos, como sucedió con el comité en contra del segundo piso en la ciudad de Zacatecas. Pero, así como la naturaleza define su alcance, hace lo propio con sus métodos de lucha en razón de los objetivos y del contexto en el que se encuentra inserto. El simple cambio de contexto puede modificar los métodos y hasta desvanecer el movimiento por la ausencia de materia de lucha, a menos que actualice o modifique los propósitos que le dieron origen.
Es lo mismo para con la CNTE. Ya en otros artículos he abundado sobre sus orígenes y propósitos originarios de democracia sindical en el SNTE, mejores condiciones laborales y justicia para sus comunidades en un contexto de caciquismo, autoritarismo, persecución y represión de los gobiernos en Chiapas, Michoacán, Oaxaca y Guerrero.
El contexto se amplificaba cuando los gobiernos estatales eran secundados por el gobierno federal neoliberal, y antes de estos, destacando los despidos injustificados de maestros, persecución, fabricación de delitos, encarcelamiento, destierro, desapariciones forzadas y asesinato de todo tipo de líderes sociales, entre ellos los del magisterio. Ese contexto llevó a que un método de lucha extrema fuera la guerrilla encabezada por los profesores Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. En función de ello, he dicho que el caso de Zacatecas es de naturaleza diferente, y vale la pena dedicarle algunas reflexiones, aunque en otra ocasión.
Esa realidad se ha modificado, hay una nueva relación entre profesores y gobierno. Cambió la forma electiva de las dirigencias magisteriales. No hay represión, despidos, persecución, fabricación de delitos, encarcelamientos, desapariciones forzadas o asesinatos. En consecuencia, para no sucumbir en la inutilidad social, la CNTE está urgida de autocrítica, actualización, encausamiento de objetivos, análisis de su nueva realidad y también de trascender el egoísmo de sus demandas económicas para establecer compromisos frente a la sociedad, en particular con la infancia y los padres de familia. O la derrota está a la vista.



