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México 86

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Por: CARLOS BELMONTE GREY •

La Gualdra 721 / Desayuno en Tiffany’s, mon ku / Cine

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Me disculpo de no poder presentar este premio en francés, porque mi francés es terrible ahora. Pero no tan terrible como la situación geopolítica actual -hasta aquí en discurso es en francés-, y mucho mejor que la reputación de la FIFA, definitivamente”. Discurso de Gael García Bernal en la presentación de la entrega del Premio del Jurado en el Festival de Cannes, 23 de mayo de 2026.

A la Copa Mundial de Futbol organizada entre México, Estados Unidos y Canadá le han llovido críticas centradas principalmente por el asunto económico, costosos boletos, costosa organización, dispersión de partidos y por tanto poco interés por la fiebre futbolera. Una designación mundialista que parece ha dejado en evidencia el negocio.

A esta crítica de García y a esta ola de polémica Netflix ha distribuido la nueva película de Gabriel Ripstein, México 86. Estelarizada por Diego Luna en el papel de Martín de la Torre, acompañado por, entre otros, Daniel Giménez Cacho en el de Emilio Azcárraga y Cándido Damm en el de João Havelange.

Fotograma de México 86.
Fotograma de México 86.

La producción de Gaumont se basa en la historia real de De la Torre en la organización del Mundial de México en 1986, desde la obtención de la sede tras la anulación en Colombia, hasta el escándalo de los cachirulos y la expulsión de México en el mundial de Italia 90. Un mundial del 86 contado con humor negro de la aparente verdadera fiebre y fanatismo por el futbol cuyo motor es el exacerbado, y ahora anquilosado, nacionalismo. 

Desde los primeros episodios Ripstein va lanzando picas contra la FIFA, cuando Colombia renuncia a ser sede aparentemente por la violencia que sufre y no tanto por la denuncia que hizo el presidente colombiano Belisario Betancur en 1982 ante el tremendo gasto que supondría tal organización para un país con otras necesidades más apremiantes; el episodio para que el tigre Azcárraga entregue la organización a un ambicioso Martín, gracias a las risas cómplices de quien está dispuesto a ponerle a su jefe un millonario y monopólico negocio mundial; le siguen los episodios heroicos del terremoto de 1985 y la amenaza de cancelación por parte de la FIFA cuando ya los estadios y el gasto estaban hechos, pero nada que un buen mariachi y tequila no puedan arreglar; el episodio de los cuartos de final y la caída heroica ante Alemania en Monterrey a pesar de que el dueño de Televisa exigía la vuelta al estado Azteca; México se convierte en el poderoso de la zona, aunque sea falseando actas de nacimiento, hasta que los descubren y se rompe el idilio Azcárraga y De la Torre.

El imperio de Azcárraga y de la FIFA encajan varios señalamientos de corrupción y manipulación. Quizás más golpeado sale el organismo internacional, porque al final de cuentas que un empresario privado quiera proteger y dar más a su negocio quede justificable en las vísperas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. 

Que el futbol es un negocio -por demás evidente en México, donde ni siquiera hay descenso y el campeonato es tan efímero y olvidadizo como el comerse unos tacos en la taquería de costumbre- no es un secreto, pero que esta oleada de críticas apareciera a días de la inauguración y en contra de la FIFA sí es notable. Y mientras esto aparece, seguro que estaremos viendo un Mundial emocionante.

 

 

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