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Narcoimperio gringo y subdesarrollo intelectual de la derecha

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Por: BENJAMÍN MOCTEZUMA LONGORIA •

Los conservadores con, o sin, partido político en México han dejado de pensar. Es muy evidente que carecen de proyecto nativo y dependen de la narrativa compulsiva de la actual oligarquía gobernante en Estados Unidos, de marginales grupos de la derecha colonialista de España o de sus similares en naciones latinoamericanas. Podríamos sintetizar que en México estamos ante una derecha intelectualmente subdesarrollada.

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El subdesarrollo intelectual de la derecha se expresa con la repetición acrítica e irreflexiva de narrativas (a manera de eco, o de “loro político”) inventadas en el extranjero. Por lo mismo, esencialmente sirven a intereses ajenos al país. En apariencia, por lo menos en la inmediatez, pareciera serles útil. La lógica indica que, tratándose de intereses externos, el depósito de todo tipo de poder descansará en esos mismos propósitos, no en los nacionales. La historia constata muchos casos como los de la derecha fascista y proimperial que representa María Corina Machado en Venezuela.

El nivel de inconciencia estratégica no les permite ver que esas narrativas los han colonizado ideológicamente. Levantarle altares y rezarle a Hernán Cortés es el colmo. Cierto. Pero, sólo es un ejemplo. Su “pensamiento” ya no razona, no les pertenece. Muchos de sus discursos son falsos porque se desconectan de la realidad y se incapacitan para conocerla. El nivel de enajenación alcanzado los ha fanatizado, parece que no se enteran que han perdido identidad nacional y que operan con traición a la patria. Ya no solo justifican y encubren, también miente de forma reiterada y sistemática. Intelectualmente son criaturas representativas de los intereses imperiales. Les resulta imposible comprender que la soberanía es, ante todo, identidad y capacidad de autodeterminación.

Eso explica que personajes de la oligarquía económica y políticos, de tendencia colonialista, frecuentemente acudan a solicitar el injerencismo y la intervención al Parlamento Europeo, ONU, OEA, a los departamentos del gobierno gringo, como la DEA y la CIA. Su enajenación no les permite ver que el gobierno de USA carece de atribuciones legales extraterritoriales. Pero con sus actos promueven que el intervencionismo imperial se instale como uso y costumbre.

Mentir es inherente a toda forma de Capital, éste debe ocultar la relación de explotación al Trabajo y justificar la apropiación del Plusvalor. No se trata de una explicación abstracta, lógica y dogmática; es también una realidad concreta e históricamente comprobable. De esa premisa básica se construye todo un estado de cosas que deben seguirse ocultando y justificando para que no se muestre la estructura completa de relaciones económicas, políticas e ideológicas.

Una de las actuales mentiras es la victimización del gobierno estadounidense quien culpa a México por los millones de jóvenes drogadictos de su país, de los cuales mueren por sobredosis cerca de 100 mil por año. EEUU oculta que ha construido un narcoimperio, la monopolización y hegemonía de la estructura transnacional del narcotráfico que, en su economía, representa el 1.5 por ciento del PIB mundial y el 7 por ciento de la circulación de mercancías en el planeta, movimientos calculados en 700 mil millones de euros, cantidad superiores al PIB de muchas naciones.

El régimen político de USA ha promovido, durante décadas, al narcotráfico como una de las actividades económicas ilícitas. Entorno al narcotráfico hay otras actividades complementarias como la trata de blancas, tráfico farmacéutico, de migrantes, órganos, huachicol, armas, lavado de dinero en los bancos gringos, etc. Desmantelar esas estructuras económicas basadas en las actividades ilícitas provocaría una enorme catástrofe a la oligarquía económica que, para protegerla, financia las candidaturas del Partido Demócrata como del Partido Republicano. 

En esos intereses burgueses los jóvenes drogadictos solo importan en tanto su consumo se expresa en ganancia. Pero, ese infierno creado por la alianza de capitalistas con su gobierno gringo se justifica con la propaganda (de la que nuestra derecha ignorante se hace réplica) de que es resultado de lo que mañosamente llaman narcogobiernos de México, Colombia, Venezuela y últimamente de Brasil. Así se lavan las manos del infierno que han creado. Al propio tiempo, se muestran cómo ángeles salvadores asumiendo prácticas injerencistas con el pretexto de que “si no lo hace México (el combate al narcotráfico) lo haremos nosotros”. La realidad es otra. 

La infiltración de agentes de la CIA, los amagos constantes de la DEA y hasta el discurso virulento del propio presidente estadounidense persiguen propósitos intervencionistas para garantizar, bajo su control, el abastecimiento de drogas con los que envenenan a sus propios jóvenes, asegurar la exportación de armas para la criminalidad. De paso, doblegar a nuestros gobiernos al trasplante de políticas públicas que aseguren la sustracción de todo tipo de riqueza, prohíban la entrada de mercancías de naciones competidoras y establecer el régimen político que mejor le convenga a sus intereses. En esa tarea, nuestra derecha es un peón del imperio.

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