En vísperas de las definiciones internas de Morena para la selección de candidaturas, el debate público en Zacatecas comienza a moverse — aunque todavía de forma incipiente— hacia un terreno más sustantivo. Este fin de semana, más allá de la validación de propuestas individuales o posicionamientos coyunturales, un grupo plural de zacatecanos decidió colocar en el centro una discusión de mayor calado: el futuro del estado.
La llamada Convención Zacatecana, realizada el pasado 25 de abril en el Ágora de González Echeverría, en Fresnillo, se desarrolló en un contexto marcado por rezagos estructurales y persistentes desafíos en materia de desarrollo económico, cohesión social y seguridad para Zacatecas. En ese escenario, actores políticos, sociales, productivos y académicos coincidieron en la necesidad de articular una agenda común orientada a insertar al estado en el Plan México y la senda del crecimiento, una consigna que, más allá de su carga simbólica, plantea la urgencia de definir un horizonte compartido.
El dato no es menor: frente a la ausencia de un proyecto opositor y su deriva, al menos dentro de las fuerzas progresistas comienza a configurarse un espacio de deliberación donde convergen visiones diversas. Llamó la atención la participación de liderazgos disímbolos, incluidos alcaldes provenientes de partidos distintos al gobernante, que encontraron en este ejercicio un punto de coincidencia para pensar en soluciones de fondo. Este cruce de trayectorias políticas, lejos de diluir diferencias, podría convertirse en una oportunidad para enriquecer el debate público.
Otro elemento relevante fue la presencia de figuras de la izquierda histórica de Zacatecas, cuya participación no solo aporta memoria política, sino también una perspectiva crítica sobre los procesos actuales. Su inclusión sugiere que, al menos en este esfuerzo, se intenta tender un puente entre distintas generaciones y corrientes de pensamiento.
En ese sentido, lo ocurrido el sábado en el Ágora no debería quedar como un hecho aislado. Ojalá funcione como catalizador para que quienes aspiran a gobernar el estado, administrar sus municipios o integrar el Poder Legislativo, asuman la responsabilidad de construir y presentar proyectos claros ante la sociedad. La contienda rumbo a 2027 no puede reducirse a la inercia de las campañas tradicionales ni a la lógica de la confrontación estéril.
Zacatecas necesita un debate político basado en ideas, diagnósticos y propuestas. Solo así será posible evitar la degradación del proceso democrático en una guerra sucia centrada en descalificaciones personales, que además de polarizar a la sociedad, termina por empobrecer las opciones disponibles para el electorado.
La Convención Zacatecana abre, al menos, una posibilidad: que la política local deje de girar exclusivamente en torno a nombres y comience a estructurarse alrededor de proyectos. Falta ver si la clase política estará a la altura de esa exigencia y comienzan a florecer ideas y proyectos por el beneficio de Zacatecas.



