El economista Arturo Huerta González calificó de «populachero» el discurso antineoliberal de Andrés Manuel López Obrador y narró que lo confrontó cuando era jefe de gobierno del Distrito Federal, durante la presentación de un libro. «En la primera página dices que el causante de los problemas es el modelo neoliberal, pero a lo largo del libro defiendes la autonomía del Banco Central, defiendes el Tratado de Libre Comercio y defiendes la austeridad fiscal. ¿Qué vas a hacer si llegas a la presidencia?», le reclamó. La respuesta de López Obrador fue: «Yo voy hasta donde la gente diga.»
La anécdota la compartió el pasado viernes ante estudiantes y profesores de la Unidad Académica de Ciencia Política de la UAZ, donde encabezó el conversatorio “Reflexiones críticas en torno a la fragilidad económica en el horizonte mexicano”.
Al responder por qué la 4T no rompió con el modelo neoliberal el académico explicó que ningún gobierno puede llegar al poder ni gobernar sin el respaldo del capital financiero. Puso como ejemplo a Lula da Silva, al detallar que tuvo contacto con él en 1992 cuando el “PT brasileño” lo invitó a construir conjuntamente un programa económico con Cuauhtémoc Cárdenas para las elecciones de 1994. Cárdenas presentó una propuesta que no se distinguía de la de Zedillo, y Lula no llegó al poder hasta que moderó su postura económica años después, explicó.
«Si la 4T sigue ahí, es porque sigue la misma política económica en favor del sector financiero y del gran capital», agregó.
El lavado de dinero del crimen organizado cumple una función macroeconómica que los gobiernos toleran, afirmó al detallar que en 1994, según datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, el monto ascendía a 30 mil millones de dólares; añadió que esa flujo de dólares explica por qué se retrasó la crisis del 94, que el correctamente predijo.
Esos recursos sostenían la entrada de capitales, abarataban el dólar y financiaban el déficit comercial. «Pasamos a depender de la entrada de capitales y de ahí la posicionalidad que tienen estos grupos delincuenciales», detalló.
Subrayó que si se impulsa una política de pleno empleo con salarios dignos, los jóvenes no estarán dispuestos a arriesgar la vida en grupos delictivos. Pero para ello se necesita política industrial y agrícola que incremente la oferta interna y evite presiones inflacionarias, dijo.
Al ser cuestionado sobre si modificar la autonomía del Banco Central llevaría a México a una situación como la de Venezuela, Huerta citó el ejemplo del Banco Central de Inglaterra durante la pandemia. «Aquí son más papistas que el papa», criticó, al señalar que el Banco de México se niega a comprar deuda directa al gobierno mientras la tasa de interés sigue alta.
«La política proteccionista no es mala», afirmó, y recordó que en 1947 marcharon conjuntamente empresarios y sindicatos (algo único en la historia mexicana) demandando protección frente a las importaciones estadounidenses tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno reaccionó prohibiendo la importación de bienes producidos internamente, lo que obligó a empresas estadounidenses a instalarse en México y detonó el proceso de industrialización. Añadió que el error fue no proteger bienes de capital ni impulsar el desarrollo tecnológico propio, a diferencia de Brasil.
Sobre la viabilidad de un cambio de rumbo, dijo que no vendrá de la voluntad política sino de la crisis misma, como ocurrió en Argentina en 2001, y alertó que el riesgo es que el descontento sea capturado por la derecha. «¿Dónde está la vanguardia revolucionaria que lleve hacia un cambio diferente?», cuestionó.



