En la geopolítica contemporánea, los fertilizantes se han convertido en un insumo estratégico. La lección quedó clara tras el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania: el corte o encarecimiento de suministros de potasio, fosfatos y nitrógeno evidenció la vulnerabilidad de países altamente dependientes de importaciones. A esa ecuación se suman hoy las tensiones en Medio Oriente. Los recientes ataques ilegales de Estados Unidos e Israel contra Irán han impactado la estabilidad del mercado energético global, presionando al alza el precio del petróleo. Y cuando el petróleo se encarece, lo hacen también muchos de sus derivados industriales, entre ellos los fertilizantes, indispensables para la producción agrícola. La producción de alimentos —pilar de la estabilidad social— está íntimamente ligada a la capacidad de los Estados para garantizar el acceso a estos insumos. La soberanía alimentaria no se construye únicamente con tierra fértil y agua; también se decide en la disponibilidad de fertilizantes.
En ese contexto, México ha comenzado a reconfigurar su política pública hacia el campo. El programa Fertilizantes para el Bienestar busca fortalecer la producción nacional de alimentos al garantizar que los pequeños y medianos productores dispongan de insumos esenciales para la siembra. En Zacatecas, una entidad con larga tradición agrícola, la entrega de miles de toneladas de fertilizantes representa un alivio para miles de campesinos que sostienen buena parte de la producción nacional de granos y hortalizas.
Nuestro estado mantiene un papel destacado en cultivos como frijol, chile, ajo y durazno, productos que forman parte de la base alimentaria del país y de su economía rural. Para más de 60 mil productores zacatecanos, el acceso oportuno a fertilizantes significa no sólo reducir costos de producción, sino asegurar la viabilidad de sus cosechas frente a la volatilidad de los mercados internacionales.
Sin embargo, la política pública no puede limitarse a la distribución de insumos. El desafío de fondo radica en reconstruir la capacidad productiva del país en materia de fertilizantes. Durante décadas, México dejó caer su infraestructura industrial en este sector y se volvió dependiente de importaciones. La reactivación de plantas y la expansión de la producción nacional —impulsadas desde empresas estratégicas como Petróleos Mexicanos— buscan revertir esa dependencia.
En ese horizonte es importante que el gobierno del estado y todos los actores políticos participen en la gestión del proyecto de instalar en Zacatecas una planta de fertilizantes en la zona frijolera con acceso al gas natural, iniciativa que no sólo fortalecería la cadena productiva del campo, sino que abriría una nueva etapa para el desarrollo económico regional. Una instalación de este tipo implica la generación de empleos especializados y mejor remunerados, así como la formación de capital humano y la atracción de inversión tecnológica.
De concretarse, la planta representaría un paso significativo para integrar al estado en la estrategia nacional de autosuficiencia alimentaria. No se trataría únicamente de apoyar al campesinado —objetivo central y legítimo—, sino de impulsar un polo industrial vinculado a la producción agrícola y a la petroquímica.
Así, la soberanía alimentaria dejaría de ser una consigna para convertirse en una política integral: del subsuelo al fertilizante, del fertilizante al surco, y del surco al bienestar de las regiones que históricamente han alimentado al país. Zacatecas, con su vocación agrícola y su potencial industrial emergente, tiene condiciones para ocupar un lugar central en esa estrategia nacional.



