La democracia en México ha sido fruto de muchas luchas a lo largo de nuestra historia. Sin embargo, también es cierto que con el paso de los años nuestro sistema electoral se fue encareciendo y burocratizando. Por eso, la Reforma Constitucional Electoral que impulsa nuestra querida Presidenta de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, es la respuesta directa a una exigencia ciudadana de mayor justicia, austeridad y participación real, un compromiso que hizo frente a a las mexicanas y los mexicanos antes y al asumir la responsabilidad de dirigir nuestro país.
Desde el Senado de la República, como integrante del Grupo Parlamentario de Morena, estoy convencida de que esta reforma fortalece nuestra democracia porque corrige prácticas que durante años generaron privilegios y excesos. La respaldaré sin titubeos, porque defenderla es un asunto de principios y de congruencia con el mandato del pueblo. Creo firmemente que fortalecer nuestra democracia significa darle mayor peso al voto popular, garantizar una participación real y consolidar un sistema más justo, transparente y verdaderamente cercano a la gente.
Uno de los puntos centrales es la representación proporcional. Se mantienen los 300 diputados de mayoría y 200 de representación proporcional, pero ahora quienes aspiren a una diputación plurinominal deberán hacer campaña y ganar votos. Ya no habrá listas construidas desde las cúpulas. Si alguien quiere representar al pueblo, tendrá que salir al territorio y obtener su respaldo.
Otro eje fundamental es la reducción del costo de las elecciones. Hoy México tiene uno de los sistemas electorales más caros del mundo. Para 2026, el gasto total podría superar los 40 mil millones de pesos al sumar autoridades electorales y financiamiento a partidos. La reforma plantea una reducción del 25 por ciento. Eso significaría ahorros de entre 12 y 13 mil millones de pesos que podrían destinarse a salud, infraestructura o programas de bienestar en estados como Zacatecas.
La fiscalización también se fortalece. Se prohíben aportaciones en efectivo y recursos provenientes del extranjero, y se establece el uso de tecnologías para reportar gastos en tiempo real ante el Instituto Nacional Electoral.
Pero hay dos temas de fondo que también marcan un cambio profundo: la no reelección y el combate al nepotismo. La reforma retoma el principio histórico de la no reelección para evitar que los cargos públicos se conviertan en espacios de permanencia indefinida.
Asimismo, se establecen reglas más claras para impedir el nepotismo, es decir, que familiares directos hereden candidaturas o cargos como si se tratara de un asunto privado. Cada persona que aspire a un cargo deberá competir en igualdad de condiciones y ganarse el respaldo ciudadano.
Además, busca regular nuevas herramientas tecnológicas, como la utilización de bots que manipulen la conversación pública, se reducen tiempos en radio y televisión, se fortalecen los cómputos distritales.
Además, se consolidan mecanismos de democracia participativa como la revocación de mandato, el plebiscito y la consulta popular. Imaginemos que en un municipio la ciudadanía quiera decidir sobre una obra pública relevante, con estos instrumentos fortalecidos, el pueblo no solo vota, también participa activamente en la vida pública.
En el fondo, esta reforma busca devolverle poder al pueblo y cerrar la puerta a prácticas que concentraban decisiones en pocas manos. Se trata de que el voto valga más que el dinero, más que los acuerdos de élite y más que los intereses personales.
Como senadora por Zacatecas, respaldo esta propuesta con convicción. Fortalecer nuestra democracia no significa conservar privilegios, sino transformarla para que esté verdaderamente al servicio del pueblo. Y ese es el paso firme que hoy estamos dando.
*Senadora de la República



