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Historia y poder. El estandarte de los chinacates y la intrusión a Venezuela

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Ponciano Arriaga Lieja tenía en su haber un periódico hacia 1832 en su natal San Luis Potosí que se llamó EL ESTANDARTE DE LOS CHINACATES, es decir, la voz de los desarrapados, los malheridos, los enfermos, los más pobres entre los pobres, los que no tenían ningún bien inmueble, dormían en chozas y con petates, y su voz y escritura fue siempre de denuncia y exigencia de solucionar cuanto antes los múltiples desvaríos sociales. 

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Lo mismo hizo la revolución bolivariana chavista desde sus inicios: no perder ni un instante desde 1997, cuando fue líder y presidente natural de la quinta república, la bolivariana, y hasta inicios de 2013, su tarea fundamental, con grandes cuadros políticos, de renovar la política interna y externa con reformas sociales e implementar masivamente la alimentación, la educación, la sanidad y la vivienda. 

Inmediatamente despertó la ira de la derecha, no solo la venezolana, sino la continental, de cómo era posible que un gobierno popular se diera a la tarea de invertir entre la población la gran cantidad de excedentes petroleros, y mientras la derecha seguía exacerbando la alta criminalidad y el boicoteo comercial, mil batallas hubo para vencer y mil batallas las supo enfrentar. 

Es muy grave lo acontecido en los recientes días en la nación sudamericana; sienta un nuevo precedente de que el imperio del norte podrá hacer lo que quiera. Después de su gran fracaso en la invasión de bahía de Cochinos en Cuba, la famosa Playa Girón del 17 al 20 de abril de 1961, los mercenarios y la gusanera cubana dirigida desde las entelequias estadounidenses, no se había visto tal profanación de la soberanía de los países y, peor aún, con tal humillación, sacar a un presidente legítimo como Nicolás Maduro y a su esposa y llevarlos atados a una corte en Nueva York. 

Se deben decir las cosas como son: Nicolás Maduro Moros, ese exlíder de los sindicatos obreros viales de Venezuela, es conductor del metro caraqueño, ganó en las pasadas elecciones presidenciales con una diferencia de más de un millón 500 mil votos. Es cierto que la derecha venezolana aumentó de 4 a 5 millones su audacia electorera, pero seis meses antes de que se efectuaran las elecciones empezaron a gritonear fraude y su endeble candidato perdedor nunca quiso acudir ante los tribunales electorales a ofrecer las pruebas. 

Ya hemos escrito una y otra vez cómo el mismo expresidente James Carter era un asiduo observador de los procesos electorales de Venezuela, a los que calificó “como de los más avanzados y limpios en todo el hemisferio”, y no solo en una ocasión, sino en varios procesos del voto y del veto y la remoción de autoridades. 

Pero la derecha siempre asecha, conspira, prepara y asesta golpes y utiliza la mentira, el chantaje, grandes cantidades de dinero, asesina o envenena a sus líderes, les provoca cáncer, se alía con lo peor del crimen y la delincuencia electoral. Vi que una gran comunidad judía venezolana se asentó en la ciudad de Panamá, teniendo un gran poder económico y mediático, y desde donde ha conspirado para fustigar a una nación que ha peleado con mucha dignidad. 

La derecha mexicana anda muy alzada, y más con las amenazas del presidente estadounidense de intervenir directamente en contra de los cárteles mexicanos, los cuales tienen presencia en más de 150 países y redes insólitas de tráfico de drogas y blanqueo de capitales. Ello le dará un tiro en su propio pie, pues es conocido que el mismo imperio estadounidense propaga y promueve el tráfico de drogas y muchas otras vilezas que la humanidad padece. 

El prianismo emecista enloquecido toma nota y se engalla en acusaciones imposibles de comprobar, pues en México gobierna una presidenta legítima y ampliamente votada, así como 24 gobernadores y gobernadoras, y quienes acusan de narcogobierno son los mismos que lo engendraron de forma demoníaca y enlutando a cientos de miles de hogares, enriqueció brutalmente a muchas camarillas cínicas y cobardes y permanentemente cocinan un golpe directo junto al orate Trump, que a sus 80 años no duda en ser aparatoso y tratar de recobrar popularidad perdida. 

El asombro mundial está confesado: cientos de manifestaciones en todo el orbe rechazando la ocupación e invasión gringa al suelo patrio bolivariano; es de facto entender que hubo traición en el círculo cercano de los militares chavistas y cobrar los 50 millones de dólares que la CIA y el Pentágono ofrecían. Si ambas entidades pudieron meticulosamente, mediante misiles y bombas inteligentes, desaparecer a integrantes claves del Estado Islámico de Irán, entrar por el presidente obrero Maduro fue cosa de traiciones y de juego de niños. 

Seguido cantamos la canción LOS PUEBLOS NO PERDONAN. 

Poco después de fungir como regidor del ayuntamiento potosino, Ponciano Arriaga seguía su rumbo histórico en las luchas más renombradas del siglo xix y en las cuales aportó caudales enormes de códigos populares que hicieron evolucionar a nuestro país y ser ejemplo en el mundo entero. 

Murió a los 54 años de edad, medía casi 1.90 y siempre era afable y sonriente, y su legado inmenso siempre cimbró a las generaciones de abogados mexicanos. 

Lo que tiene que pasar —dicen los espiritistas españoles— tiene que pasar, y este episodio de 2026 y de cómo empieza y las invasiones y la polarización directa de las derechas darán a los chinacates del continente el poder tan anhelado, la astucia necesaria. 

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