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■ Visibiliza Kenya Cuevas abusos en cárceles mexicanas

Prefieren mujeres trans privadas de su libertad ingreso a reclusorio masculino

■ Expone activista conversatorio en la BUAZ

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Por: ALEJANDRA CABRAL •

En México, la mayoría de las mujeres trans privadas de la libertad prefieren ingresar a reclusorios masculinos debido a la violencia, el acoso y la negación de identidad que enfrentan en los centros femeniles, expuso la activista Kenya Cuevas durante un conversatorio organizado por Ateneo Nacional de la Juventud, realizado la tarde de ayer en la rectoría de la Benemérita Universidad Autónoma de Zacatecas (BUAZ). 

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Según explicó, aunque las leyes actualmente permiten preguntar a las personas trans en qué tipo de penal desean permanecer, la realidad es que muchas optan por los centros varoniles porque los femeniles reproducen dinámicas de hostigamiento, discriminación y violencia sexual ejercida por mujeres cisgénero. Cuevas señaló que las mujeres trans enfrentan descalificaciones sobre su identidad y presiones o acosos por parte de internas con orientación sexual hacia mujeres.

La defensora de derechos humanos narró que su primera aproximación a la feminidad ocurrió en un contexto de vulnerabilidad, acompañada de mujeres trans que ejercían trabajo sexual. Recordó que a los nueve años comenzó a involucrarse en esos espacios, donde fue parte de redes de apoyo para expresar su identidad, pero también enfrentó una violencia sistemática por parte de la sociedad. “Nos chiflaban en los mercados, nos aventaban verduras”, recordó.

Enfatizó que nunca cuestionó su identidad, sino la violencia que la rodeaba. Habló además la estigmatización asociada al consumo de sustancias y la pobreza.

Al abordar su experiencia en el sistema penitenciario, Kenya Cuevas explicó que estuvo privada de la libertad entre 2000 y 2010, una década previa a la aprobación de la Ley de Identidad de Género en Ciudad de México; época en la que no existía ningún mecanismo para preguntar a las personas trans si deseaban ser recluidas en un penal masculino o femenino.

Su ingreso al Reclusorio Norte estuvo marcado por la violencia física, hostigamiento y condiciones que la obligaron a defenderse a golpes y a ejercer trabajo sexual para subsistir, además de la negación del derecho al trabajo.

Relató su proceso de construcción de liderazgo dentro del penal, donde asumió tareas como organizar la fila de comida y coordinar la limpieza, lo que le permitió intervenir en defensa de otras mujeres trans. Los logros conquistados en favor de sus compañeras (como el acceso prioritario a la fila de comida), provocaban pleitos diarios, pero también consolidaron un liderazgo que derivó en una red de apoyo dentro del penal, contó la activista.

El conversatorio también abordó la violencia estructural que enfrentan las mujeres trans desde la infancia, la situación de calle y el acceso limitado a servicios de salud, entre otros temas que —enfatizó Cuevas— siguen mermando las vidas de las personas trans en México pese a los avances normativos.

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