Hace apenas unas semanas comenté que el partido MORENA ocupa repensar su papel en el proceso de la Cuarta Transformación. Se trata de un esfuerzo teórico y no sólo práctico. De buenas a primeras, pareciera que no hay nadie visible para realizar ese trabajo. Luisa María Alcalde Luján o Andrés Manuel López Beltrán no dan visos de tener esa cualidad, de estar preocupados por esa tarea o, al menos, comprenderla. En ese terreno reina la confusión y las tareas partidistas están más enfocadas a hacer del partido MORENA una promotora a cargos de elección popular, sin medidas estrictas del perfil ideológico y práctico de sus candidatos.
El tema viene al caso porque el partido MORENA fue la vía electoral legal para que el Movimiento de Regeneración Nacional conquistara el poder por la vía democrática, llevando como candidato presidencial a Andrés Manuel López Obrador. Y, posteriormente, a Claudia Sheinbaum Pardo. Ambos requirieron de una gran alianza social, pluriclasista, volcada en movimiento transformador, en la que se colaron políticos de diverso origen partidista.
Conquistado el poder, MORENA no ha jugado un papel trascendente en las tareas de formación y organización, internas y externas, de una corriente política coherente que se interese y luche por enraizar socialmente el proceso transformador. Los esfuerzos que se realizan no son de organización, sino de agrupamiento político. No hay esfuerzos relevantes en crear “escuelas de cuadros”, u otra manera de formar militantes transformadores. El partido MORENA ya debiera poner cerrojos escrupulosos a los “ambiciosos vulgares”, del tipo de Germán Martínez, Lilly Téllez o de los hermanos Monreal y apostarle a fuerzas básicas independientes de clanes y caciques.
En esas condiciones, MORENA está lejos de influir en la agenda de gobierno federal, estatal y de los municipios, donde hay una predominante presencia de funcionarios públicos formados en los partidos políticos opositores. Si se trata de Zacatecas, mucho peor. Es difícil encontrar un funcionario público local que piense y su práctica sea coherente con los principios y valores reconocidos y practicados por AMLO o Claudia Sheinbaum. Ni siquiera se puede decir eso del actual gobernador.
Esa anemia intelectual, de organización y formación política explica que el partido dependa de la capacidad visora y hacedora de los dos jefes del ejecutivo federal (primero AMLO y luego Sheinbaum) quienes, paradójicamente, no pueden influir o decidir directamente sobre la vida y trabajo partidario.
El exitoso desempeño transformador de López Obrador, y ahora de Claudia Sheinbaum, debiera verse arropado por el fortalecimiento teórico (no ideológizante) y práctico de un partido que acompañe, proponga y defienda, en todas las esferas sociales, la profundización de la 4T. Eso implica avanzar con claridad, y sostenidamente, en la construcción de lo que metafóricamente Marx denominó “superestructuras”, de las que Antonio Gramsci ha sido uno de los más grandes teóricos.
Si tuviéramos que sintetizar habría que decir: la Cuarta Transformación Inició con AMLO, pero es un proceso, no un trasplante. La opción de que sea pacífica, democrática, legal y duradera radica en su socialización. Pero, como no se puede socializar lo que se desconoce, o no se entiende, hay que formar y organizar a los militantes, creando fuerzas desde los cimientos de la sociedad.
En las condiciones actuales hay que entender que ningún proceso transformador discurre homogéneamente. Soy de la idea de que en Zacatecas no ha llegado la 4T, sólo nos hemos agrupado en ella. También creo que en el partido MORENA debe llegar esa transformación para que, como aparato teórico y político, pueda influir en la transformación propia y de su entorno.
Sobre el tema, Lenin escribió un libro llamado: “¿Qué hacer?”. Ahí precisa por dónde empezar la construcción de un partido revolucionario. El tiempo y las circunstancias son diferentes, pero ayudan a repensar el cómo hacer nuestra historia.
Claro está que la única garantía real y verdadera de mantener y profundizar la 4T, más allá de AMLO y Sheinbaum, radica en que los cimientos económicos, y de los diversos aparatos públicos y privados, se consoliden desde las bases de la sociedad, que no sea sólo ideología de una clase política gobernante, sino conciencia organizada de la sociedad.
Movimientos sociales diversos, aunque aislados, como la lucha de los campesinos por mejores precios, contra el coyotaje, la corrupción y la exigencia de apoyo gubernamental; o los flashazos de descontento por la criminalidad e inseguridad debieran tener tratamiento no sólo por el gobierno, sino también por el partido. No debiera dejarle la iniciativa y conducción a una derecha opositora corrupta, oportunista y aliada a la derecha transnacional interesada en derrocar el proceso de la 4T. Véase a voceros internacionales injerencistas, o a los actuales y desprestigiados gobiernos de El Salvador, Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador y Estados Unidos. Por cierto, todos ellos en caída libre.



