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Extranjeros en su patria

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Por: Arturo Romo Gutiérrez •

“En 175 años (a partir del Grito de Dolores) los mexicanos combatimos once años por nuestra independencia de España; 35 años por establecer las instituciones republicanas; asedios de Europa; la segregación de un vasto territorio, el de Texas; una guerra de conquista, cuyo resultado fue que nos arrebataran más de la mitad de nuestro territorio; tres años de lucha civil por hacer respetar una Constitución liberal; cuatro años de intervención de Francia; dos dictaduras durante 34 años: casi tres años, en dos períodos de Santa Anna, 31 años de Porfirio Díaz y más de 200 invasiones armadas, despojos y agravios de los Estados Unidos”.(I)

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En el fondo de las calamidades que a lo largo de su existencia ha debido sortear el pueblo de México para alcanzar la cima de su destino, subyace la gran querella histórica, cuyo dilema fue claramente expuesto por Ponciano Arriaga, constituyente de 1856-1857, en su voto particular sobre la propiedad: “o ha de prevalecer la clase privilegiada, la que monopoliza la tierra y el agio, con su influencia en todos los asuntos políticos y civiles, o se hacen pedazos las restricciones y lazos de servidumbre feudal, haciendo caer, a la vez, monopolios y despotismo, para que penetre en el corazón y en las venas de nuestras instituciones políticas el fecundo elemento de la igualdad democrática, el poderoso elemento de la soberanía popular, el único legítimo, el único a quien de derecho pertenece la autoridad”.(2)

Más de un siglo después de aquel apercibimiento, sigue vigente el mismo dilema. Luego del iluminante período conducido por la Revolución Mexicana -incluidos sus claroscuros- y tres décadas de predominio económico y político de una minoría de privilegiados, el pueblo recuperó sus derechos soberanos, por consiguiente, recrudeció la lucha entre las dos distintas corrientes de pensamiento que pretenden conducir el país.

Los reaccionarios, asidos a un concepto estático de la vida, aferrados a una ideología que ha envejecido y fracasado, maquinan para impedir las transformaciones que lesionan sus reprobables e indignos intereses.

La táctica que emplean es bien conocida: culpan al gobierno de todos los males que aquejan a nuestro país, incluyendo los desastres provocados por la naturaleza, propagan falsedades al través de los múltiples medios de comunicación que controlan, alinean su narrativa desestabilizadora por medio de comentaristas bajo sueldo, fomentan la discordia, la confusión y la incertidumbre entre la población y lo que más repugna, abogan por el hombre fuerte que restituya sus canonjías y claman por la intervención extranjera, política, económica y militar.

En el colmo del cinismo, la desfachatez y el oportunismo que les caracteriza como si fuera su segunda piel, intentan capitalizar para su provecho, las desgracias que hacen su víctima a éste o aquél ser humano. Es el caso del lamentable atentado

que privó de la vida a un valiente michoacano que luchó, a su modo, por lograr la paz, la tranquilidad y la seguridad de su pueblo.

Sin embargo, en lugar de condenar a quienes lo asesinaron, culpan a las autoridades. En vez de demandar el cabal esclarecimiento de los hechos, exigir la más severa de las sanciones para sus agresores, y robustecer la capacidad financiera y política de los municipios exacerban la indignación popular y pretenden linchar al gobierno de la República.

Más, para desgracia de los maquinadores, el pueblo de México es más inteligente, intuitivo y consciente del momento decisivo que vive el país, de lo que le es atribuido por el sicariato de la desestabilización. Si creen que es fácil manipularlo, tanto mejor, la realidad los pondrá en su lugar.

El ejemplo de abnegación y entereza de Carlos Manzo, no debe ser objeto del amaño reaccionario como si merecedor del reconocimiento y la gratitud de la población que gobernó.

Habrá justicia para Manzo, castigo para los responsables, victoria moral para el pueblo de Uruapan y condena general para la ridícula casta de traidores que se comportan como si fuesen extranjeros en su patria.

A pesar de la perniciosa actitud de los trepadores de oficio infiltrados en sus filas, a pesar de la molesta gritería de los que a cada momento auguran el desastre del país, a pesar de los fuertes intereses que se resisten a ceder sus privilegios y claman por un Santa Anna que los salve, a pesar de la insistente presión que el coloso del Norte ejerce sobre México, a pesar de todo ello, la cuarta transformación seguirá adelante, porque tiene principios, estructura y fuerza popular que la sostiene.

  • García Cantú, Gastón. El Pensamiento de la Reacción Mexicana, TI, UNAM, 1986
  • Ibid.
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