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■ Una obra que entrelaza el dolor, la dignidad y la esperanza del pueblo palestino

Proyectan “La raíz del olivo” documental de Eguino Viera

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

“La raíz del olivo es tan fuerte que es muy difícil arrancarla de la tierra”. Con esa metáfora que habla de permanencia y arraigo, el cubano-boliviano Sergio Eguino Viera da título a su documental “La raíz del olivo”, una obra que entrelaza el dolor, la dignidad y la esperanza del pueblo palestino. La obra fue presentada en el Foro Popular Zurda, donde se convirtió no solo en una proyección cinematográfica, sino en un ejercicio de conciencia colectiva sobre una herida abierta que, tras más de siete décadas, sigue sangrando.

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Eguino Viera construye un relato que va más allá de la denuncia: crea un puente entre los sueños rotos y la obstinada voluntad de seguir viviendo. A través de cinco testimonios (los de Watan, Omaima, Murid, Baylasan y Bassel), el documental recoge la voz de quienes fueron obligados a dejar su tierra, pero que desde el exilio mantienen viva la identidad palestina. En sus palabras hay nostalgia, impotencia, pero también una fe inquebrantable. “La niñez en un campo de refugiados dura poco”, dice uno de ellos, “pero la esperanza no muere, solo cambia de forma”.

Cada historia revela la dureza de crecer bajo la ocupación: perder amigos en la guerra, aprender a resistir desde la precariedad, o estudiar en el extranjero con la convicción de regresar, no con armas, sino con conocimiento. Muchos de los protagonistas se formaron como médicos en Cuba, integrando lo que llaman “el ejército de batas blancas”: jóvenes que decidieron curar, en lugar de destruir, en un entorno donde la muerte se volvió rutina. “Volver armado con saberes es una forma de sanar la patria”, resume el propio director.

El documental ha recorrido festivales internacionales como el del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, además de presentarse en Venezuela y otros países. Su propósito no es solo mostrar la devastación, sino también las raíces de un pueblo que se niega a desaparecer. 

Durante la proyección en Zacatecas, la activista Alma Alvarado, vocera de la Plataforma Internacional por la causa Palestina, subrayó que la historia de ese pueblo no puede reducirse a un conflicto reciente. “Esto no comenzó hace dos años, son 77 años de resistencia desde la Nakba, cuando las tierras palestinas fueron invadidas”, recordó.

Con voz firme, Alvarado denunció las condiciones inhumanas que enfrentan los habitantes de Gaza: “no hay agua, ni luz; los niños son operados sin anestesia, otros son encarcelados sin defensa, obligados a firmar documentos en un idioma que no entienden”. Frente a esto, insistió, el mundo no puede permanecer en silencio. “Palestina no necesita más mártires; necesita voces que la nombren, que la defiendan, que la mantengan viva en la memoria del mundo”.

Desde el centro del encuentro llamó a mantener la solidaridad activa: hablar de Palestina, visibilizar su causa en los espacios públicos, boicotear a las empresas que financian la guerra y exigir al gobierno mexicano la ruptura de relaciones políticas, académicas y comerciales con Israel. “México ha roto relaciones con regímenes autoritarios antes recordó, también puede hacerlo ahora”.

La Plataforma Internacional ha mantenido viva esta lucha a través de gestos simbólicos, como la instalación de la “Puerta de la Resistencia y la Vida”, un antimonumento frente al Hemiciclo a Juárez, en la Ciudad de México. “Los monumentos los ponen los gobiernos, los antimonumentos los pueblos”, dijo Alvarado, quien explicó que este símbolo representa la voz del pueblo mexicano que se solidariza con Palestina desde la resistencia pacífica.

El documental La raíz del olivo no se encuentra en plataformas digitales, y su director ha pedido expresamente que no se difunda en redes sociales. Esto porque se trata de una obra que debe verse en comunidad, para sentirla y reflexionarla juntos. Solo así, entre miradas y silencios compartidos, puede comprenderse la verdadera profundidad de su mensaje.

Las imágenes que conforman el filme oscilan entre la crudeza y la poesía: madres que despiden a sus hijos, niños jugando entre ruinas, estudiantes que encuentran en el estudio un acto de resistencia. “Resistir, dice una de las voces, es mantener viva la identidad”. Otro testimonio resume el espíritu del documental: “La patria puede ser la distancia entre dos hombros. Volveremos a crecer cuando Palestina sea rescatada. No nos damos por vencidos hasta ver un paraíso en la tierra o quitarle el cielo al paraíso”.

El documental es, en esencia, una reflexión sobre la fortaleza de un pueblo que ha aprendido a florecer incluso entre los escombros. Su fuerza radica en recordar que las raíces, como las del olivo, no entienden de fronteras ni de guerras. Pueden cortarse las ramas, pero la vida persiste debajo de la tierra, esperando el momento de brotar de nuevo.

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