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Juventud, universidad y futuro: la gran siembra pendiente

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Por: MARIANO CASAS •

La Universidad Autónoma de Zacatecas acaba de dar un paso inédito en su historia reciente: la integración del nuevo Plan de Desarrollo Institucional (PDI 2025-2029) a través de un proceso amplio de consulta que incluyó a estudiantes, docentes, trabajadores administrativos e incluso egresados. Nunca antes se había construido un documento rector de esta manera, recogiendo diagnósticos, inquietudes y propuestas de todos los sectores que conforman la vida universitaria. Las mesas de trabajo organizadas en el Foro de Consulta Universitaria no fueron un mero trámite protocolario, sino espacios de deliberación real donde se confrontaron visiones, se expusieron carencias y se imaginaron futuros posibles para la máxima casa de estudios. La clausura del foro subrayó precisamente eso: que la planeación institucional se vuelve legítima cuando la comunidad la hace suya.

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El contraste con planes anteriores es evidente. Tradicionalmente, la planeación universitaria se limitaba a equipos técnicos y consejos colegiados, con poca participación de la base estudiantil y de los trabajadores. Hoy, en cambio, la UAZ envía un mensaje claro: la universidad no se gobierna desde arriba, sino que se construye desde la pluralidad de voces que la habitan. Ese cambio metodológico puede parecer un detalle, pero en realidad abre una oportunidad histórica: la de formar un proyecto común que no sea propiedad de una administración en turno, sino un horizonte compartido por generaciones. Por supuesto, este modelo participativo enfrenta retos: el riesgo de que algunas voces dominen sobre otras, la dificultad de traducir diagnósticos colectivos en acciones concretas, o las expectativas de cambios inmediatos que pueden frustrarse si la institución no responde con agilidad. Sin embargo, aun con esos riesgos, la apuesta es valiosa. La comunidad universitaria necesita sentirse parte de las decisiones estratégicas, y la UAZ parece haber entendido que la legitimidad solo se gana con inclusión.

Este proceso abre paso a un tema que trasciende a la planeación institucional y toca la médula de nuestro futuro: la juventud universitaria. En Zacatecas, hablar de universidad es hablar de jóvenes que no solo cursan materias, sino que cargan en sus hombros la esperanza de un estado que necesita reinventarse frente a la violencia, la migración y la precariedad económica. De ahí que la integración participativa del PDI tenga un valor simbólico: no se trata únicamente de escuchar, sino de sembrar en la juventud el sentido de pertenencia y responsabilidad hacia su entorno. La universidad puede y debe ser el semillero de un Zacatecas distinto.

La gran siembra pendiente consiste en entender que la formación universitaria no puede reducirse a aulas, exámenes y títulos. Los ejemplos recientes muestran el camino: programas como Raíces que Transforman, donde estudiantes se comprometen con la reforestación y el cuidado ambiental, o Casas Seguras, en el que jóvenes capacitan a adultos mayores para navegar el mundo digital, revelan que el aprendizaje más poderoso ocurre cuando el conocimiento se traduce en acción social. Un árbol sembrado y cuidado durante cuatro años de carrera universitaria, o un adulto mayor que aprende a proteger su identidad digital gracias a la paciencia de un estudiante, valen tanto como un examen aprobado. Esa dimensión práctica y solidaria de la educación es la que puede hacer de la UAZ una institución viva y relevante.

No es casual que la juventud aparezca en el centro de este debate. Las generaciones actuales enfrentan un horizonte lleno de incertidumbres: un mercado laboral inestable, un entorno marcado por la violencia, y un sistema político que pocas veces logra conectarse con sus aspiraciones. Pero también poseen una energía creadora inigualable, la capacidad de apropiarse de la tecnología, de organizarse en redes y de innovar con recursos limitados. El verdadero desafío para la universidad es canalizar esa energía hacia proyectos que transformen realidades locales: brigadas digitales que acerquen trámites a comunidades marginadas, laboratorios ciudadanos que inventen soluciones para la movilidad o la seguridad, cooperativas estudiantiles que impulsen economías solidarias.

Cada generación universitaria es, en sí misma, una siembra. Lo que hoy cultivemos en los estudiantes de Zacatecas definirá el rostro de la sociedad en 2030. Si se siembran indiferencia y burocracia, cosecharemos apatía; si sembramos compromiso y creatividad, cosecharemos un estado con más oportunidades. Por eso, el PDI no debe verse como un documento técnico, sino como el terreno donde germina el proyecto colectivo de la universidad. Y ahí, la juventud es la semilla más fértil.

La UAZ tiene ante sí una gran oportunidad. Si convierte su nuevo plan institucional en un marco vivo donde los estudiantes no solo sean consultados, sino protagonistas de proyectos transformadores, habrá dado un paso gigantesco hacia el futuro. La universidad no puede prometer resolver todos los problemas de Zacatecas, pero sí puede garantizar que cada joven que cruce sus aulas egrese con la convicción de haber sembrado algo valioso: un árbol, un proyecto, una idea, un compromiso con su comunidad. Ese es el verdadero sentido de educar. Apostar por la juventud no es un lujo, es la condición de posibilidad para que Zacatecas tenga futuro.

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