■ Fue uno de los autores que expresó su compromiso social contra las injusticias: Garibaldi Toledo
■ Su trabajo permite al lector quitarse ciertas barreras sociales ya impuestas, considera
La conmemoración de los 30 años de la muerte del escritor argentino Julio Cortázar ofrece la coyuntura para replantear en su justa medida las figuras asociadas al llamado boom latinoamericano.
Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, José Donoso y el propio autor de Rayuela, entre otros, se convirtieron en autores de culto pero fueron también caciques culturales en su época, “y eso es difícil de decir cuando están vivos todavía”, señala Emiliano Garibaldi Toledo, docente e investigador de la Unidad Académica de Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas.
En este momento, con la mayoría de ellos desaparecidos biológicamente y los restantes ya de muy avanzada edad, se abre una oportunidad de revisar una serie de elementos sobre este conjunto de escritores y sus obras, que los redimensionen con mayor justicia.
La evidencia del boom latinoamericano persiste en el imaginario y su herencia a veces asumida, otras rechazada, continua expresándose, por ejemplo, en la obra de Santiago Roncagliolo, quien en su Abril rojo replantea a su manera el realismo mágico de Márquez.
De igual manera se hace necesario en esta revisión, recuperar a figuras como la de Carlos Onetti, de quien refieran Cortázar y Fuentes, “hizo en su época lo que nosotros estamos haciendo ahora”.
Estos escritores también ofrecen una visión diferentes acerca de la industria editorial, agrega, “en ese sentido fueron muy inteligentes al hacer una propaganda que construyó una industria editorial en Latinoamérica”.
Ante el escenario de figuras tan fuertes, han quedado dos posturas extremas, adorarlos o rechazarlos. Por ello se hace necesario revalorar la obra sin escindirla del autor.
“A mí personalmente me atrae de Cortázar, no solamente por su literatura que es espectacular, maravillosa, conmovedora, sorpresiva y estimulante para el intelecto, sino por la propia figura del escritor como un intelectual comprometido con ciertas causas, eso es muy importante rescatarlo”.
A este respecto Garibaldi Toledo, opina que se verifica hoy una tendencia a disociar a los autores de su obra, como si no fuera ésta un producto histórico-social. “Hay una postura que muchas veces no se ve, y que queda en eso, decir, es literatura y hay que interpretarla desde sí misma”.
El docente identifica un momento de crisis en este ámbito de la creación y en ello, una coyuntura clave en su historia para “replantear todas estas cuestiones que se han instaurado en el imaginario”.
Esta división obra-autor dice, “es una idea muy de derecha porque indirectamente ofrece como mensaje el que la literatura no te va a decir nada del mundo”, sino sólo “fantasía y ficciones”.
Y “esa autonomía de la literatura” es muy peligrosa porque le quita una de sus dimensiones. Se tiende a ver en la figura del escritor simplemente a alguien que hace cuentitos o que hace cosas de ficción”.
Por el contrario Cortázar es uno de los escritores que en los últimos tiempos expresó su compromiso social contra las injusticias y en su obra puede identificarse sin ser panfletaria, su visión del mundo de manera sutil, comenta.
Su literatura permite al lector quitarse ciertas barreras sociales que se nos imponen a todos, replantear el mundo en diferentes términos, fuera de los que dicta el Estado o la Derecha.
En La noche boca arriba e Historias de cronopios y de famas por ejemplo, “uno termina de leerlos y ya no puedes ver el mundo de la misma manera, desde la pura lógica y la racionalidad”.
“Cortázar indirectamente lo que nos dice en sus cuentos, es que la racionalidad no es la única forma de ver el mundo sino que existe la imaginación y el rompimiento temporal de los espacios. No hay una realidad, no hay una verdad, hay verdades y hay perspectivas”.
Aquí se aclara el punto de cómo se inserta en su literatura la ideología, a partir de este rompimiento de la realidad como un ente unívoco, la realidad es plurisignificativa. Y ahí está su actualización en un momento en que el neoliberalismo propone un discurso unidimensional, señala Garibaldi Toledo.



