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■ Este periodo puede convertirse en un momento de profunda vulnerabilidad emocional

Alertan psicólogos sobre incremento de ideaciones suicidas en estas fechas

■ Debido a pérdidas, metas no alcanzadas, rupturas, problemas económicos y soledad

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Por: Jaqueline Lares Chávez •

Las fiestas de fin de año suelen asociarse con celebraciones, reuniones familiares y balances personales; sin embargo, para un sector de la población, este periodo puede convertirse en un momento de profunda vulnerabilidad emocional. Así lo advirtió la psicóloga clínica Lizi Anett Garay Cancino, quien alertó sobre el incremento de ideaciones suicidas durante estas fechas, derivado de factores sociales, emocionales y psicológicos que suelen intensificarse al cierre del año.

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De acuerdo con la especialista, el fin de año representa una etapa de evaluación personal en la que muchas personas confrontan pérdidas, metas no alcanzadas, rupturas afectivas, problemas económicos o sentimientos de soledad. “Es un momento en el que socialmente se nos exige estar felices, agradecidos y acompañados, pero no todos viven esa realidad, y esa incongruencia emocional puede generar un fuerte malestar interno”, explicó.

Garay Cancino señaló que el consumo excesivo de alcohol durante las celebraciones también puede convertirse en un detonante, ya que disminuye el control de impulsos y puede agravar estados depresivos previos. A esto se suman antecedentes de depresión, ansiedad, duelos no resueltos, violencia, aislamiento social o conflictos familiares, factores que incrementan el riesgo de conductas suicidas.

La psicóloga destacó la importancia de identificar señales de alerta, entre las que se encuentran cambios bruscos de conducta, aislamiento repentino, expresiones de desesperanza, culpa excesiva o frases relacionadas con la muerte o la inutilidad de la vida. “Comentarios como ‘ya no quiero estar aquí’, ‘soy una carga’ o ‘todo estaría mejor sin mí’ nunca deben minimizarse, aunque se expresen en tono de broma”, subrayó.

Otros signos de riesgo incluyen alteraciones en el sueño o el apetito, abandono de actividades cotidianas, despedidas inusuales, regalar pertenencias personales y una tristeza persistente. Ante estas señales, la especialista enfatizó que escuchar sin juzgar y acompañar puede marcar una diferencia significativa.

En materia de prevención, Lizi Anett Garay Cancino recomendó fortalecer las redes de apoyo, promover espacios de diálogo y normalizar la búsqueda de ayuda profesional. “Pedir apoyo psicológico no es una debilidad, es un acto de valentía y autocuidado”, afirmó. Asimismo, exhortó a la población a mantenerse atenta a su entorno cercano y a intervenir de manera responsable cuando se detecte una situación de riesgo.

La psicóloga recordó que el suicidio es un problema de salud pública prevenible y que hablar del tema con responsabilidad contribuye a romper estigmas. “Acompañar, escuchar y canalizar oportunamente puede salvar vidas, especialmente en estas fechas donde el dolor suele esconderse detrás de las luces y celebraciones”, concluyó.

Asimismo, Alejandro Burciaga Saldaña, practicante de Psicología, explicó que el suicidio es un fenómeno multifactorial que no responde a una sola causa, sino a la interacción de diversos elementos. Entre ellos destacó el acceso a herramientas o materiales para llevarlo a cabo, así como factores biológicos, psicológicos, sociales, académicos y personales, los cuales pueden coincidir y aumentar el riesgo en determinados momentos de la vida, como los periodos de alta carga emocional.

Señaló además que, existen señales de alerta que deben atenderse oportunamente, como las cognitivas, que se manifiestan a través de pensamientos negativos recurrentes, y las conductuales, como el aislamiento social o el abandono de actividades habituales. 

Ante estos indicios, subrayó la importancia de acercarse con empatía, calma y escucha activa, sin emitir juicios, mantenerse presente de forma activa, hablar del tema con claridad y facilitar el acceso a ayuda profesional, ya que abordar el suicidio de manera responsable puede salvar vidas, fortalecer a la persona y a la comunidad, y contribuir a una mejor formación profesional.

En este contexto, ambos coincidieron en que las fiestas de fin de año deben ser también un llamado a la sensibilidad y a la corresponsabilidad social. Reconocer las señales de alerta, fomentar el diálogo abierto y fortalecer las redes de apoyo puede marcar una diferencia crucial para quienes atraviesan momentos de crisis emocional. Hablar del suicidio con información, empatía y responsabilidad no solo permite prevenir conductas de riesgo, sino que contribuye a construir comunidades más solidarias, capaces de acompañar y salvar vidas incluso cuando el dolor permanece oculto tras el ambiente festivo.

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