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jueves, 28 septiembre, 2023
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Nuestros retos ante las distintas manifestaciones de violencia

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Por: ÁLVARO GARCÍA HERNÁNDEZ •

Todos los días, y como si fuera una pasarela, se presentan ante nosotros diversos eventos que muestran la decadencia de algunos especímenes que se alejan mucho de los seres pensantes e inteligentes que deben pulular en nuestra sociedad; más bien, representan conductas instintivas propias de algunas fieras salvajes que luchan por comer o sobrevivir. Creo que a veces colgamos a las autoridades muchas de nuestras propias culpas sin asumir nuestras decadencias y responsabilidades. Hoy me refiero al tema de un individuo que, aparte de pretender extorsionar y amenazar de muerte a un carnicero en Tecámac, Estado de México, levanta a un perro que estaba afuera del establecimiento y lo avienta sobre un cazo de aceite hirviendo, causándole lesiones internas y externas, lo que le genera, inicialmente, una agonía terrible y, posteriormente, la muerte. Scooby tenía dueño, era la mascota y amigo de un niño que fue testigo de la brutalidad de ese estúpido humano que quiso mostrar su cobarde poderío con un ser indefenso; con un perro que no iba a repeler la agresión, pues no se la esperaba, ya que, en segundos, ya estaba quemándose por dentro y por fuera. Afortunadamente, el infame humano fue detenido y, por poco, es linchado por otros individuos dolidos por lo aquí narrado. El tema da para mucho, pues se toca el punto de la deshumanización, del bienestar animal, de los derechos del niño, de la inseguridad, de la estupidez humana y, peor aún, a pocos días de diferencia, hemos sabido entre otras, de muchas más lamentaciones, como el caso de una mujer rociada de gasolina, al parecer por su pareja, en plena calle y a la luz del día, y otro evento más donde un valiente chofer de ruta golpea a una mujer, que sujeta en sus brazos a un bebé, y así podemos describir numerosas postales que nos retratan, desde la visión de Thomas Hobbes, como un lobo del propio hombre y si se quiere, de cualquier otra forma de vida, como ya se ha visto. Ya anteriormente habíamos señalado que es muy lamentable advertir, en cada espacio de nuestra vida, una serie de eventos que promueven o manifiestan violencia como si se tratara de una conducta sana que hay que reconocer y aplaudir. Nadie está lejos de padecer o contemplar eventos que lastiman a otros seres humanos; hay música violenta que denigra lo mismo a mujeres o personas con alguna discapacidad; qué decir de telenovelas donde se promueven violaciones, embarazos tempranos o el abandono de niñas o niños; por su parte, las películas se esmeran en mostrar un mundo que antes era de ciencia ficción y que ahora se encuentra rebasado por la realidad. Creo que el mundo ya tiene mucha violencia sobre él y es necesario que, como humanidad, tengamos una visión de altas miras si queremos vivir en otras condiciones de progreso, sostenibilidad y de equilibrio económico. Así las cosas, considero que la violencia no es el camino, ya que, como lo ha dicho la UNESCO, las comunidades superaban mejor las crisis cuando sus relaciones descansaban en la cooperación y ayuda mutuas, contrario a basarse en el individualismo y la competición. En este sentido, el hermanamiento nos puede llevar a nuevos escenarios de convivencia armónica en el que ganemos todas y todos, en donde la violencia se erradique como plaga siniestra o cáncer que hace metástasis y que puede afectar tanto a las presentes como a las futuras generaciones. Algunos expertos como Jorge Corsi han señalado que la violencia es una forma de ejercicio de poder mediante el empleo de la fuerza, ya sea física, económica, psicológica o política, que implica la existencia de un arriba y un abajo simbólicos, que adoptan habitualmente formas de roles complementarios (padre-hijo, hombre-mujer, joven-viejo, jefe-subordinado). Por su parte, Lawrence señala que la violencia es todo género de acciones que resulten o sean intentadas para provocar un serio perjuicio para la vida o sus condiciones materiales. En este contexto, el estudio sobre la violencia como fenómeno social, presentado por la UNESCO en 2020, sentencia que la prevención de la violencia constituye uno de los principales aspectos a tener en cuenta para la atención educativa del estudiantado implicado en ella; establece que es una tarea ardua, es un cambio de paradigma para que pueda darse un nuevo modelo en las relaciones interpersonales, que favorezca la riqueza de la diversidad y valore las diferencias generacionales, pasando de un modelo de vida violenta a un modelo de Cultura de Paz, que promueve los principios de derechos humanos que lleva a todas las personas a vivir en felicidad. 

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