Washington y Nueva York., Lonas de 10 metros de altura sobre edificios federales con la imagen de Donald Trump, una rueda de la fortuna frente al Capitolio, charros en un rodeo, vehículos militares y un poco de rocanrol clásico forman parte de la Gran Feria Estatal Estadunidense, otro esfuerzo del mandatario para convertir al aniversario 250 de la declaración de independencia en un espectáculo promocional para él mismo y el movimiento derechista que encabeza.
La feria es sólo una parte de los festejos del aniversario patriótico, los cuales han incluido un evento de oración cristiana (con un par de rabinos) masiva de seis horas, una batalla de artes marciales mixtas dentro del complejo de la Casa Blanca y para el sábado –el 4 de julio, cuando se marca el nacimiento de esta república– Trump ha declarado “la exhibición de fuegos artificiales más grande en la historia del mundo”. Y si no fuera suficiente, una carrera de automóviles estilo Indianápolis 500 por las calles de la capital.
Pero a juzgar por la falta de multitudes y las fallas en infraestructura, cuando La Jornada visitó la feria el fin de semana, el acto se está convirtiendo en una metáfora de una presidencia barata y mal hecha. Ésta y otras festividades oficiales dentro de la celebración Freedom 250, organizadas bajo instrucciones del presidente, ya ocupan todo el parque central de la capital, conocido como The Mall, desde el Capitolio en un extremo hasta el Monumento a Lincoln en el otro. Pero al caminar, pasando tropas de la Guardia Nacional en vehículos militares listos para combate, a céspedes detrás de vallas de seguridad, había espacios casi vacíos y ninguno de los puestos que forman parte de los eventos tenía gente esperando para entrar.
Sí había una fila para subirse a la rueda de la fortuna, pero aparte de eso, en lugar de una celebración del nacimiento del país, la impresión de la magna feria es que era más bien un festejo del poder militar de este país, incluyendo un vehículo de transporte de tropas para que niños suban a puestos de cada rama de las fuerzas armadas (patrocinadas por Lockheed Martin y otros grandes contratistas militares). Cada día sobrevuelan la feria aviones castrenses en formación y para el 4 de julio prometen olas de aeronaves de guerra, incluyendo bombarderos nucleares B52, B2, F15 y F25, entre muchos más.
Del origen del país, nada
También se construyó un zona para rodeos. “Visitantes viajarán a través de la evolución del cowboy estadunidense, de las tradiciones de los vaqueros españoles y arreado de ganado, a espectáculos del salvaje oeste, charros” y diferentes formas de manejar caballos.
Pero desde que empezó, esta feria –como varios otros proyectos de este presidente– ha tenido dificultades: desde helados derretidos, interrupciones de electricidad y más, pero sobre todo el fracaso en atraer las decenas de miles de visitantes que se anticipaban, ya que hasta ahora, el total está en sólo cientos. Más aún, quienes fueron a ver todo esto parecían ser sobre todo turistas de otros países e inmigrantes hablando otros idiomas.
Pero tal vez el propósito central no son los visitantes a su feria. Una de las primeras órdenes ejecutivas de Trump al llegar a la Casa Blanca para su segundo periodo se llamaba Restaurar la verdad y sanidad a la historia estadunidense, y el proyecto Freedom 250 claramente tiene el objetivo de rescribir la historia cultural, política y social de este país.
Estacionado a un lado de la feria está un Camión de la Libertad, de una flotilla que viaja por todo el país este año con el propósito de ofrecer “una visión positiva” de la historia nacional. Esta narrativa oficial no incluye referencias sobre la crueldad de la esclavitud, sólo se enfocó en la abolición de esa práctica; tampoco cuenta la toma de tierras indígenas ni la eliminación de 95 por ciento de los nativos. Y al citar a los “padres fundadores” del país –varios de los cuales eran dueños de esclavos–, resalta su fe cristiana, pero no menciona la separación de Iglesia y Estado que establecieron. En éste y los otros camiones, Trump ofrece mensajes videograbados a los visitantes.
“Financiados por el gobierno… los Camiones de la Libertad ya han hecho más de 80 escalas en por lo menos 28 estados”, reportó The Washington Post. “Para fines de año se espera que casi todo estado sea anfitrión de por lo menos una visita a una escuela, feria estatal, universidad, lugares para acampar, evento comunitario, parque nacional u otro lugar de reunión”.
El magnate, por todos lados
Todos los eventos de Freedom 250 tienen un personaje central: Trump. Una maqueta del Arco de Trump es parte de las muestras en la feria, aunque se espera que el arco actual –como todo con este presidente– será más grande que su inspiración, el Arco del Triunfo en París, y tal vez el más grande del planeta.
Mientras tanto, la mirada seria, a veces ominosa, de Trump está colocada sobre edificios federales: el Departamento del Interior tiene dos grandes lonas de 10 metros de alto, una con la cara de George Washington y la otra de Trump; el Departamento de Justicia tiene otra de esas dimensiones, pero sólo con Trump, y en el Departamento del Trabajo, la de Trump está acompañada por la de Theodore Roosevelt, el presidente que creó esa secretaría.
Además, como se ha reportado, la imagen de Trump está plasmada sobre toda en una serie de cosas que, supuestamente, festejan este aniversario histórico. Entre ellas, el Departamento del Tesoro estará emitiendo un nuevo billete, de 250 dólares, que llevará su firma y, si logra obligar al Congreso a autorizarlo, su imagen también. El Departamento de Estado está emitiendo pasaportes conmemorativos con la imagen del republicano para 40 mil afortunados solicitantes.
Pero a veces la marca Trump provoca problemas. Organizadores de los festejos oficiales en Washington tuvieron que cancelar un concierto porque más de la mitad de los músicos invitados se retiraron del evento al darse cuenta de su carácter partidista y por lo menos 12 gobiernos estatales declinaron participar en la feria por la misma razón.
Trump ignorará todo eso y tiene el plan de ser el orador estrella en un gigantesco escenario construido entre el Monumento a Washington y el de Lincoln, pero por ahora se pronostica lluvia, lo cual podría aguar la gran fiesta nacional del presidente.
El historiador estadunidense David Blight, de la Universidad de Yale, entrevistado por The Guardian sobre sus impresiones de los eventos oficiales, dijo: “no me siento muy festivo para nada. No sé cómo explicar los proyectos de vanidad (de Trump) mejor que cualquier otro. Esto es quien es. No es muy diferente a Mussolini, quien deseaba dejar su marca por toda Roma. Es como un teatro de lo absurdo”.



