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jueves, 30 junio, 2022
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■ Infierno en el Pacífico:

Pacifiction, de Albert Serra

■ [en la Competición Oficial por la Palma de Oro]

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Por: Alan Arturo González •

La Gualdra 529 / Cine / Festival de Cannes 2022

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La Polinesia Francesa es conocida entre otras cosas por haber inspirado a algunos de los más importantes pintores, como Paul Gauguin. El pintor francés sacó partido de la luz de las islas para revolucionar el uso del color, retratando a la población nativa, sus costumbres y la exuberante naturaleza.

De la práctica de la política

En Pacifiction (participante en la Competición Oficial de Cannes 2022) Albert Serra filma en Polinesia, pero le dedica poco espacio a la luz y los espacios naturales. Como cuando el alto comisionado De Roller, interpretado por Benoît Magimel, asiste a una competición de surf, entre olas gigantescas que parecen querer destrozar una y otra vez las embarcaciones del público. O como cuando De Roller hace un viaje en su avión privado con su asistenta y Shannah, su nueva aliada transexual, y antes de aterrizar para participar en una de las numerosas tranzas políticas que puntúan el filme, sobrevuelan los arrecifes de la isla -«nuestra isla»- como si organizara una visita de sus propiedades.

El resto de la película transcurre en espacios cerrados o nocturnos, en particular un club llamado El Paraíso, donde acude una fauna variopinta, desde policía marítima hasta los notables y altos cargos de las instituciones locales. También es el lugar privilegiado para las transacciones y conjuras políticas en la sombra. O como afirma De Roller en el monólogo final de la película: «La política es como una discoteca… esta se llama Paraíso pero debería llamarse infierno».

De la irrealidad de la política

Serra filma el club, y por extensión la práctica de la política que ahí tiene lugar, como el lugar de la decadencia, llevando su cine a la máxima ruptura con la ilusión de realidad, y transformando el lugar en un puro espacio cinematográfico, casi fantasmal, de luces y sonidos, por donde deambulan las autoridades como apariciones provenientes de otra dimensión, cortada de la realidad, como en una pesadilla lyncheana o en el Querelle de Fassbinder.

Este trayecto por las cloacas del poder se convierte en un descenso a los infiernos para De Roller, al que Benoît Magimel dota de una poderosa presencia. En ese viaje, pasa de estar en el centro de la baja política, la que multiplica espaldarazos en nombre de los valores de la República, a sentirse apartado de la alta política, la que se decide en los pasillos de las altas esferas, cuando empieza a asomar la posibilidad de que el estado francés vuelva a hacer pruebas nucleares en la zona. 

Hasta que De Roller pueda emprender -quizá- una última etapa hacia una posible redención. Sin embargo, su monólogo incendiario final sobre la política resulta tibio frente a la decadente y extenuante representación de la política imaginada por el director.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la-gualdra-529

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