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lunes, 15 julio, 2024
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Estado omiso: ciudadanía arrebatada y libertad clausurada

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Por: RAYMUNDO CÁRDENAS VARGAS • Araceli Rodarte •

Si el Estado ha caído en manos de interese privados, entonces no atenderá los problemas públicos. Será omiso. ¿Qué ocurre cuando un Estado ya no protege los intereses de la sociedad? Veamos: cuando, por ejemplo, se desentiende de los derechos de paso de los migrantes, y que por lo mismo son vulnerados por hordas de pandilleros y criminales; o cuando no se atiende el tema de la representación y se entrega el poder político a pequeñas élites que se eternizan en el mando, tapando la posibilidad de que la población se convierta en ciudadanía. O cuando las familias que esperan tener la ocasión real de que sus miembros más pequeños puedan acceder a la educación y así, se apropien de oportunidades para ascender en la escala social; y no sucede ninguna de estas cosas, debemos preguntar: ¿cuál es el efecto común de ser vulnerable al crimen, de no poder acceder al poder político o no tener la oportunidad de educarse? Respuesta: la exclusión.

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El efecto de un Estado omiso por causa de su captura por intereses privados es la generación de una sociedad expulsada en su propio territorio. Esta paradoja de tener una sociedad-expulsada-en-su territorio, es porque ha sido separada de los procesos de pertenencia. La adquisición de derechos es un reconocimiento efectivo de la pertenencia, cuando estos derechos son negados, acontece un proceso parecido a la expulsión, pero sucede que ésta se da sin abandonar el territorio. Este fenómeno ocurre porque el Estado, al reconocer derechos, cohesiona, une a la sociedad y convierte a sus miembros en ciudadanos. En otras palabras: el Estado en manos de intereses privados elimina la calidad de ciudadanos de cada vez más personas. La situación se agrava cuando los poderes públicos caen en manos de malhechores, entonces la población no sólo deja de ser ciudadana, sino que es literalmente convertida rehén. Justo por ello, el proceso de rescate del Estado también significa que, al mismo tiempo, recobremos nuestra ciudadanía y reconquistemos la libertad.

De ese tamaño es el reto que tenemos ante nosotros. Si dejamos pasar la efervescencia social y permitimos que se diluya en la nada antes de convertirla en organización, habremos perdido la oportunidad de recuperar la ciudadanía perdida. Y como muchos procesos sociales: el fruto es el medio. Debemos ser ciudadanos para recobrar la ciudadanía. Por ello, ahora es vital que a los movimientos de los estudiantes se sumen organizaciones gremiales, campesinas, de colonos, ecologistas, etcétera; y además, se generen coordinaciones permanentes con banderas comunes que atiendan las causas del problema que ahora mismo nos arrebata la ciudadanía. Porque la ciudadanía ha sido arrebatada a todos: sólo las élites partidarias y los poderes fácticos conducen al Estado. Y la pérdida de la ciudadanía no es un mero derecho político, sino que ahí se juega la posibilidad de seguridad, salud, educación y bienestar. Nada menos.

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