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■ Algunos desplazados de Teticic regresaron; sólo hallaron devastación y sus animales muertos

Guerrero: criminales asuelan pueblos de Tierra Caliente y Montaña Alta

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Por: La Jornada •

Chilpancingo, Gro., La comunidad de Teticic, en el municipio de Olinalá, región de la Montaña Alta de Guerrero, enfrenta las secuelas del desplazamiento provocado por la violencia; en tanto, habitantes del norte de la zona de Tierra Caliente denuncian la presencia de estructuras criminales que, aseguran, mantienen el control de localidades mediante el miedo, el reclutamiento forzado de jóvenes y la imposición de sistemas paralelos de autoridad.

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En Teticic, 22 de 500 habitantes desplazados regresaron al pueblo a mediados de la semana pasada, y lo único que encontraron fueron sus viviendas saqueadas, vandalizadas e incendiadas, y animales muertos en sus corrales, luego de las incursiones de un grupo delictivo.

La irrupción más reciente se reportó el 20 de mayo pasado, cuando “los criminales no respetaron ni a la Virgen de Guadalupe, la patrona del pueblo, y se robaron toda la limosna”.

Habitantes de Teticic que pidieron anonimato aseguraron sentirse inseguros a pesar de que cerca de la localidad hay un destacamento con 500 elementos del Ejército Mexicano, de la Guardia Nacional (GN)y policías estatales.

Mostraron fotografías y videos de la demarcación, que hoy día está sin habitantes y en cuyas calles hay muchos perros, gallinas, guajolotes y marranos muertos, por no haber recibido alimento desde hace más de un mes.

Narraron que civiles armados llegaron desde los primeros días de mayo pasado a Teticic, donde allanaron viviendas y privaron de la libertad a varios hombres. Poco después se encontraron los cuerpos desmembrados de seis de ellos sobre una camioneta estacionada en un camino de terracería.

Otro lugareño afirmó que la agresión más violenta fue cometida el 20 de mayo, cuando 500 pobladores debieron escapar de Teticic, lo mismo adultos mayores que mujeres y niños; unos se refugiaron en la cabecera municipal de Olinalá, y otros se fueron a los estados de Puebla y Morelos.

El gobierno de Guerrero, por conducto del subsecretario de Desarrollo Político y Social, Francisco Rodríguez Cisneros, negó que hubiera familias desplazadas; no obstante, todavía el 21 de mayo, por temor a la violencia salió huyendo de Teticic otro grupo de vecinos.

Sostuvieron que los criminales les advirtieron que si regresaban y los encontraban, los matarían. “Se siente un ambiente de soledad en esta comunidad, que pasó de ser una población risueña a triste; la mayoría de sus habitantes, desde hace más de un mes, siguen desplazados; se fueron silenciosamente, y están volviendo igual, en silencio”.

El poblado quedó vacío el 21 de mayo, y hasta los elementos del Ejército Mexicano, de la GN y policías estatales se retiraron al ver que en Teticic, “capital del chile”, ya nadie quedaba.

Según testigos, unos 200 integrantes del crimen organizado, a bordo de unas 40 camionetas, llegaron esa noche “arrasando viviendas y las que estaban cerradas, las abrieron violentamente, todo tiraron y destrozaron a machetazos”.

Además, “se llevaron ropa, zapatos, celulares, pantallas, armas largas y cortas; motocicletas y cuatrimotos, saquearon una farmacia particular, y todos los tendajones; (…) el sacerdote también se fue, es el tercero en tres años; el jardín de niños, la primaria y la telesecundaria fueron totalmente saqueados, se llevaron las computadoras y los monitores”.

Adentro de las casas, todo está en el piso. Los pistoleros destruyeron costales de frijol, maíz y chile. Las pocas personas que regresaron lo hicieron sin ayuda gubernamental alguna, y agradecieron haber regresado a su “santa patrona, la Virgen de Guadalupe”.

“Aquí dominan los jefes de plaza”

Una situación similar se vive en la Tierra Caliente de Guerrero: “en el norte de la región, desde Ciudad Altamirano, Coyuca de Catalán, Guayameo y hasta San Lucas, la jerarquía son los jefes de plaza; comandos que se desplazan en camionetas.

“Hay dos o tres altos jefes, allá están arriba (…) los jefes de plaza directos ponen a los halcones (vigilantes del crimen organizado), que son muchachos que utilizan para hacer los cobros de plaza; el jefe le manda sus comandos armados, ahí tienen cuatro con comandantes n cada camioneta y sus gentes con armas cortas y largas”, narró uno de los habitantes.

Una reducida comisión de ciudadanos afectados por esta situación se trasladó a Chilpancingo para pedir la ayuda a las autoridades; por temor, sus integrantes también pidieron omitir sus nombres. Uno de ellos expuso: “En nuestra región, el voto vale más que una tonelada de oro, prueba de ello son las presidencias municipales, que son para el crimen organizado, son de donde chupan ellos, quieren obras y todo; el acuerdo es que toda su delincuencia organizada y ‘también los que puedas obligar, a huevo me mandes el voto para lo federal’, dicen”.

En Coyuca “tienen de esclavos a 500 muchachos”

Señaló que en la Tierra Caliente, “en Coyuca de Catalán, en San Miguel Totolapan y en San Lucas los pueblos se están organizando. En la parte alta de la sierra de San Miguel Totolapan tienen de esclavos a 500 muchachos. ¿Y qué hace el gobierno federal? Nada.

“Ya hay un acuerdo. ¿Sabes cómo? Aparte de que los ayuntamientos se los vamos a dejar (los criminales exigen) ‘también llévate gente, reclútala para que te sirva de mano de obra gratis; ésos te van a ayudar en las ganaderías’. Son esclavos.

“Esto no se acabará hasta que se realice una limpia a fondo, con la intervención del gobierno y de los pueblos, y en la que también intervengan los universitarios, como cuando estaba Rosalío Wences Reza, que fue cuatro veces rector (de la Universidad Autónoma de Guerrero), también los compañeros de izquierda, con Armando Chavarría y Benito Agustín como puntas de lanza.”

Un campesino aseveró que muchos de los criminales se hacen pasar por ganaderos, pero en realidad no lo son, “y controlan parte de San Lucas hacia arriba, en Angao, Selva Seca y hasta Ojo de Agua; la mano de obra no les cuesta, ellos de manera jerárquica tienen comandantes, que son los que cobran la plaza; y esos comandantes de plaza cuando quieren subir a jóvenes es porque se los piden los altos jefes: ‘me falta gente ahí, ve cómo le haces para subirme gente’, les dicen”.

Agregó que en caso de desobediencia, a los renuentes “allá los matan y allá los entierran; allá tienen un lugar que va llegándole a cien cuerpos enterrados en la zona norte San Lucas”.

Refirió que de Angao, rumbo a Ceiba Seca, l“os delincuentes empiezan a tener mucho ganado, tener mucha gente trabajando, pero no es gente empistolada, casi ya no tienen pistoleros; la gente que traen es humilde, con unos cuantos pistoleros pa’ que trabajen forzadamente; ya no tienen aquella capacidad como antes; tienen mucha gente trabajando de que suben arriba, y gratis la mano de obra”.

“Estado fallido junto con Michoacán”

Otro labriego consideró que Michoacán y Guerrero “son estados fallidos; están igualitos”; las dinámicas de violencia e inseguridad que desde hace años afectan a la Tierra Caliente, en los límites de esas entidades, continúan siendo motivo de preocupación entre habitantes y actores sociales de la zona.

Un poblador de San Lucas, Michoacán, describió una estructura de control territorial atribuida a grupos de la delincuencia, señalando prácticas como reclutamiento forzado de jóvenes, cobro de cuotas, explotación de mano de obra e influencia de estos grupos en ámbitos políticos y administrativos locales.

Puntualizó que la operación de estas organizaciones se sostiene mediante una jerarquía “que va desde jefes de plaza y comandos armados hasta mandos superiores, que coordinan actividades en distintas comunidades de la región”.

Mencionó que en diversas localidades persiste un clima de temor que limita la denuncia y favorece el sometimiento de la población.

Es una región marcada por la presencia de grupos armados, disputas por el control territorial y constantes denuncias de abandono institucional.

Consideró que los grupos criminales han consolidado mecanismos de control territorial que afectan la vida cotidiana de las comunidades, donde la gente vive sometida.

Agregó que “estas organizaciones también ejercen influencia sobre actividades económicas de la zona y mantienen sistemas de vigilancia que les permiten conocer los movimientos de lugareños y autoridades.

“La violencia, los desplazamientos y el abandono de pueblos son consecuencia de un fenómeno que se ha fortalecido ante la debilidad institucional; hay lugares donde la gente ya no acude a las autoridades porque consideran que no pueden resolver los problemas.”

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